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AP/Jae C. Hong
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AP/Carolyn Kaster
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Barack Obama quiere dejar muy nítidas sus diferencias con John McCain. En un artículo publicado esta semana en The New York Times,el candidato demócrata prometió que, si llega a presidente, en su primera jornada en el cargo dará al Pentágono una nueva misión: terminar la guerra de Irak y preparar la retirada. Paralelamente, anunció que enviaría más tropas a Afganistán.
Las últimas encuestas detectan una pérdida de impulso de Obama desde que terminaron las primarias. Aún supera a McCain, pero la distancia es mínima. El senador por Illinois soporta críticas por lo que algunos consideran un oportunista giro al centro en temas como las escuchas telefónicas -en el marco de la guerra antiterrorista- y la pena de muerte.
Por eso necesitaba recuperar con fuerza la bandera de la retirada de Irak, un asunto prioritario para las bases demócratas. Hace unos días dio a entender que su plan de retirada en 16 meses estaba condicionado a las recomendaciones de los jefes militares sobre el terreno.
En su artículo, bajo el título de "Mi plan para Irak", Obama afirma que la reciente actitud expresada por el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, partidario de acordar un calendario de retirada norteamericana, supone "enormes oportunidades" para Washington, que debería tomarle la palabra al líder iraquí e iniciar el repliegue.
El candidato reconoce que el refuerzo de la presencia estadounidense, decidido por Bush a principios de 2007, ha dado buenos resultados y la violencia ha bajado mucho, pero eso no quita para que la mejor estrategia sea poner fin a la intervención. Según él, solo ese paso pondrá de verdad la presión sobre los líderes iraquíes para que alcancen un acuerdo integral de convivencia pacífica entre sus comunidades.
"Como he dicho muchas veces, debemos ser tan cuidadosos al salir de Irak como fuimos al entrar", escribe Obama. Su plan consiste en retirar de forma gradual las 15 brigadas de combate en un periodo de 16 meses a partir de su toma de posesión. Eso supondría completar el proceso para el verano de 2010. El aspirante demócrata pretende dejar en Irak una fuerza "residual" que se encargaría de la lucha contra Al Qaeda, de proteger al personal diplomático y civil norteamericano, y de entrenar al ejército iraquí. Obama se ha mostrado deliberadamente vago sobre cuán grande debería ser ese contingente "residual".
Obama y McCain difieren de manera fundamental sobre la presencia norteamericana en Irak. Mientras Obama rechaza de plano la posibilidad de tener bases permanentes, su rival republicano ha hablado en ocasiones de seguir el ejemplo de Japón y Corea del Sur, donde, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y de la guerra de Corea, las tropas estadounidenses llevan en esos países más de seis decenios.
En la visión de Obama, liberar tropas de la operación mesopotámica permitirá reforzar el dispositivo en Afganistán, donde los talibanes realizan ataques cada vez más letales, como el que costó la vida a nueve soldados norteamericanos durante el fin de semana.
El candidato demócrata pretende enviar al menos dos brigadas adicionales al país centroasiático, así como más helicópteros. Obama siempre ha sostenido, al contrario que Bush, que Irak no es el "frente central en la lucha antiterrorista", y en el artículo vuelve a reiterarlo.
Para dar más fuerza a sus argumentos, cita al almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor conjunto, quien reconoció que Estados Unidos no contará con efectivos suficientes para completar la tarea en Afganistán hasta que no se ponga fin al compromiso en Irak.
Mientras Obama clarifica su posición sobre Irak, pocos días antes de que visite ese país, una portada satírica en la revista The New Yorker -medio cercano a las causas liberales- ha creado lucha polémica.
En ella se ve a Obama, con turbante, y a su mujer, Michelle, con un fusil en bandolera, retratados en el despacho oval de la Casa Blanca como si fueran terroristas islámicos que han conquistado la mansión presidencial. En lugar de Lincoln o Washington, de la pared cuelga un retrato de Bin Laden. En el hogar arde bandera estadounidense. Los equipos de Obama y de McCain condenaron la caricatura por ofensiva y de mal gusto. The New Yorker la justificó como sátira de cómo los críticos de la derecha han intentado caracterizar a Obama.
En la lucha por los votos de noviembre, los dos candidatos están cortejando a la comunidad hispana. Obama habló el domingo pasado ante el Consejo Nacional de la Raza -principal organización pro derechos civiles de los latinos- en San Diego, y McCain lo hizo el lunes.
El candidato demócrata quiso convencer a la audiencia de su poder. "No os equivoquéis: la comunidad latina tiene en sus manos esta elección", dijo Obama. "Algunas de las competiciones más reñidas este noviembre van a ese en estados como Florida, Colorado, Nevada y Nuevo México, estados con grandes poblaciones latinas", agregó.
Tanto Obama como McCain son partidarios de una solución generosa para los inmigrantes indocumentados. El candidato republicano fue uno de los promotores de la ley que fracasó en el Congreso el año pasado. Aún no ha abandonado su propósito, pero ahora insiste en que, antes de legalizar a los sin papeles, urge sellar por completo la frontera. |