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La Reina del Sur
 
Miércoles | 16.07.2008
 

Por: Mutis Maldonado

 
Seguramente Michael Corleone no fue el primero, pero aparece en la mente de muchos lectores como el mejor ejemplo de cómo enfocar una historia en el criminal, de cómo darle protagonismo al delincuente que a todas luces debería ocupar el rol de antagonista.

No es una tarea sencilla, y requiere de un hábil escritor lograr que la audiencia ─sin percatarse─ acabe simpatizando con esos personajes. Ese talento narrativo lo encontramos en abundancia en la pluma de Arturo Pérez-Reverte—el creador del Capitán Alatriste—quien hace gala del mismo en su magnífica novela La Reina del Sur.

La historia sigue de cerca a Teresa Mendoza, una joven sinaloense de poca educación y menos ambiciones que con un timbrazo del teléfono es convocada a una cita con un destino para el cual no está preparada.

Su novio, un audaz piloto al servicio de los narcotraficantes para transportar su mercancía a Estados Unidos, ha sido ejecutado por trasgresiones contra sus patronos.

Las reglas del negocio exigen que ella también sea eliminada, pero Teresa había recibido instrucciones claras de qué hacer en aquellas circunstancias, y logra tras varias peripecias escapar de México rumbo a España con la intención de desaparecer y preservar su vida.

Lo que Teresa jamás pudo soñar es que del otro lado del océano le esperaban doce años de aventuras consecutivas, desde transportar hachís en planeadoras a través del estrecho de Gibraltar, sobrevivir los años en la Prisión de El Puerto de Santa María y negociar con el crimen organizado ruso, hasta alzarse a la cima de un imperio contrabandista que la hace merecedora del apodo La Reina del Sur.

Cuando el pasado vuelva a tocar la puerta, se encontrará con una Teresa irreconocible, preparada para hacerle frente y saldar viejas cuentas.

Pero lo interesante de esta novela no es lo que Teresa alcanza sino el trayecto que tiene que recorrer y las personas que van integrándose a su vida con el paso de los años. Desde el bar inconspicuo en el cual se ganaba la vida recién llegada a España hasta la residencia en Sinaloa en donde libra su última batalla, hay un elemento en común que nos hace apoyar a Teresa en todas sus empresas: No es una mujer ambiciosa que planea gobernar el bajo mundo sino una simple joven cuya única meta era sobrevivir los pecados ajenos y no depender más de la suerte de un amante, y que para lograrlo no tuvo más remedio que batirse a duelo con las circunstancias adversas que el destino arroja en su camino.

Es por eso que decide participar del negocio de Santiago Fisterra, el segundo hombre en su vida, y aprende así el arte del contrabando de tabaco en el estrecho de Gibraltar. Es también la semilla de la amistad que forja con Paty O’Farrell en la cárcel.

Evitar una ejecución era todo lo que buscaba cuando planteó su primer negocio a Oleg Yasikov. Y dirigir una operación segura enlaza su futuro al de Teo Aljarafe, quien será esencial para el ascenso y la caída de su reino.

Pérez-Reverte se esmera en la caracterización de todos los personajes que ingresan a la vida de Teresa, tratándolos como valiosas piezas en el rompecabezas que pausadamente va construyendo. La especialización de la acción narrativa está estupendamente lograda, y su prosa expertamente nos va a atrapando sin percatarnos.

Al final, sin embargo, ésta sigue siendo la historia de Teresa, lo que se enfatiza con un escritor innominado—quizás un avatar del propio Pérez-Reverte—que va siguiendo los pasos de la protagonista decidido a escribir su biografía. Y es que los cimientos de la novela son una extensa investigación realizada por el autor que luego tomó veintinueve meses para transformarla en el relato. Con expertas elipsis apreciamos las dimensiones de la leyenda de La Reina del Sur, mientras la contrastamos con la Teresa que huye de México. Y es que la novela nos advierte que no siempre es un fénix lo que se eleva de las cenizas de la tragedia; a veces alza vuelo un ave de rapiña.

Teresa Mendoza y Michael Corleone comparten aquella cualidad redentora del personaje que no deseaba desempeñar el rol que la vida le ha impuesto pero que da la talla cuando la situación lo exige. Y sus historias adquieren resonancia dentro de cada lector ya que a la mayoría nos ocurre que de tanto reaccionar a los imprevistos de repente nos cuestiona un desconocido desde el espejo y nos lamentamos, como en el último capítulo de La Reina del Sur, que la mitad de nuestra copa la dejamos servida.

Referencia Bibliográfica:

Pérez-Reverte, Arturo. La Reina del Sur. México: Punto de Lectura, 2004. 636 p.

 
     
 
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