|
El 11 de enero de 1964, traspasada de dolor y rabia por el sacrificio de los mártires, la insigne poeta panameña Elsie Alvarado de Ricord escribió: “Los héroes no yacen en la tumba, remueven la conciencia de los pueblos”.
Herbert George Nelson Austin (Panamá, 1946), quien sabe de esos dolores y de esas rabias, se ha propuesto remover el polvo que cubre los epitafios de nuestros héroes y de nuestros mártires y, con la frialdad del historiador nato, abre frente a nosotros las fosas en las que descansan aquellos ante quienes debiésemos erguirnos con respeto.
En el año 2003, en el marco de las actividades del Círculo de Lectura Guillermo Andreve, conocimos a Herbert George, y nos impresionó su sencillez, bajo la que se sostiene una inquebrantable voluntad de sacar a la luz sucesos inéditos o poco conocidos de nuestra historia íntima.
En ese entonces leímos su libro sobre Victoriano Lorenzo, con interesantes aportes sobre la figura del guerrillero epónimo, visto en el marco de la Guerra de los Mil Días y de los acontecimientos que marcaban la geopolítica dominante en las vísperas de nuestra separación de Colombia.
Hace poco, en diciembre de 2004, tuvimos la oportunidad de encontrarlo nuevamente, a la salida del programa sabatino “Tertulia Literaria”, que dirige el profesor Ricardo Arturo Ríos en W Radio y, maravilloso prestidigitador, nuestro amigo sacó de su carpeta un libro que enseguida nos deslumbró: Los héroes y mártires del Cerro Tute, el cual adquirimos inmediatamente, como si temiéramos que se fuese a esfumar de pronto.
Creo firmemente en la necesidad de que conozcamos nuestra historia; en verdad, no concibo cómo alguien pueda hacer algo de corazón por esta tierra, si no sabe lo que hay invertido en ella; y todavía más: pienso que siempre nos faltará algo en tanto no sepamos, aunque sea a grandes rasgos, cómo se erigió la nación de la que nos decimos hijos. La historia es demasiado cautivante como para permitir que la degusten solo los historiadores, y aunque Herbert George Nelson Austin sea uno de ellos, profesionalmente hablando, su vena de narrador le permite contarnos pasajes con el mismo encanto de quien nos narra un cuento.
Lástima que la sangre de patriotas derramada tantas veces en el istmo no sea cosa de cuentos, y constituya en cambio una realidad lacerante en la conciencia colectiva. La gesta de Cerro Tute, con todo lo atolondrada que fue (así la describo en el cuento “Aquella huella que en la arena”, de mi libro En nombre del siglo) representa toda la voluntad de lucha liberadora que puede anidar en el corazón de los panameños cuando llega la hora de las reivindicaciones.
¿Cuántos jóvenes de hoy sabrán que en abril de 1959, vestidos solo con su inmarcesible idealismo, y armados apenas con las ganas de justicia popular, un puñado de jóvenes, tan jóvenes algunos que pudiéramos llamarlos niños, subieron a las veragüenses cimas del Cerro Tute y desde allá intentaron inflamar una revolución que acabara con las mil y una injusticias que acorralaban a su pueblo? ¿Cuántos sabrán los nombres de los que pagaron con su sangre aquel empeño temerario y murieron abrazados a un ideal que superaba abrumadoramente sus probabilidades de éxito? ¿Cuántos adultos de hoy sabremos escarbar en esas tumbas para identificar el hálito de coraje y rebeldía que animaba esos cuerpos heroicos?
No lo sé. Pero sí creo saber cuánto bien haría a nuestra fibra de panameños la lectura consciente de la obra Los héroes y mártires del Cerro Tute. O al menos nos removerá la conciencia, y eso ya será bastante.
Referencia: Nelson Austin, Herbert George. ‘Los héroes y mártires del Cerro Tute’. Panamá, CIDPA, 2004. |