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Virginia Woolf y Flush
 
Viernes | 05.09.2008
 

“La vida no es un conjunto de faroles colocados simétricamente; la vida es un halo luminoso”.

V.Woolf

 

Por: Richard Brooks

 

La narrativa de la escritora inglesa Virginia Woolf se fundamenta en la conjunción entre el sentir y el pensar. Ella perfeccionó el monólogo interior con profundas proyecciones psicológicas.

Siempre resaltó las fuerzas anímicas de lo cotidiano. Así fue que manifestó que “las verdades más esotéricas están ocultas en las experiencias más vulgares”.

La literatura para Woolf es un espejo de pesares, sensaciones, simpatías y obsesiones. Para ella, la vida es un proceso constante, dialéctico entre realidades opuestas. Colorea cada palabra con diversos matices sensitivos.

Flush es una novela humorística, preñada de ironías, con tonos poéticos hermosos, metáforas puntuales, describe el entorno cultural y social en armonía conceptual con una punzante crítica de la moral victoriana. La fluidez de un nuevo estilo seduce al lector más inexperto.

Flush es la vida de un perro de rancia estirpe, un “spaniel” de la casta cocker. Es un can que capta la multiplicidad de las emociones humanas, es animoso y reflexivo. De una modesta finca pasa a vivir a una mansión, a la casa de la famosa poetisa

Elizabeth Barrett.

Ahora es un perro aristocrático, vive en la opulencia. Disfruta de los privilegios del alto linaje.

El perro es secuestrado por una banda de rufianes que pide unafortuna por su rescate. Ahora descubre un mundo de contrastes, de la pulcritud pasa a la miseria y el vicio.

Ahora su mundo es el de las diferencias y desigualdades, sufre la pobreza de un barrio marginal; está entre ladrones y prostitutas. Vive en el infierno de Rimbaud, allí todo es alucinante. Es una de sus peores experiencias. La primera poeta de Inglaterra paga por su rescate.

Otro de los emocionantes episodios que sufre Flush es el de los celos. Elizabeth se enamora y él que la ama con devoción no resiste los galanteos de su novio. Siente una profunda aversión por Mister Browning. Lo muerde. Lo castigan. Se desespera, no puede entender la nueva situación que lo incomoda. Comenta la narradora: “las cosas no son simples, sino complejas. El odio no es sólo odio, es también amor”.

Casada Elizabeth viaja a Italia con Flush. Allí todo es libertad, no necesita cadenas que lo sujeten a su ama. Ahora Flush es libre de andar, es el señor de su propia vida, recorre las callejuelas sin el temor de los secuestros londinenses. En la tierra del sol no existen las arrogancias del Kennel Club.

Flush conoce el amor puro, sencillo, sin tribulaciones ni remordimientos, “es el amor que viene y se va como llega la abeja a la flor y al instante la deja”.

El amor lo encandiló con su antorcha, oyó el cuerno de Venus. Siente el éxtasis que conmueve a los humanos. Allí los perros son mestizos, se caracterizan por la variedad de sus colores, la odiosa nobleza de origen desaparece, no existen las exclusividades de Londres, aquí todos los perros se hermanan en un nuevo concepto de la sociedad canina.

En Italia su mundo olfativo se dispara sin coordenadas. Todos los olores tienen alma, el color, la música, la arquitectura, la ley, la política y la ciencia tienen olores diferentes. Conoce como nadie las calles de Florencia, vive en una orgía de placer, “gozando de un paraíso donde las esencias no pierden su pureza”.

Pero también en Italia lo acosan hasta la locura las famosas pulgas rojas y viriles de la patria de Savaranola, de Leonardo y Miguel Ángel. Las tijeras lo liberan de una picazón insoportable, pero ya no es un cocker, es un perro distinto. Y frente a un espejo, Flush llega a la filosofía: Ya no es nada, no es nadie, alcanza de acuerdo con el aforismo griego la felicidad a través del sufrimiento.

Flush sintió en su carne y ser anímico todas las vetas de la pasión humana: conoció todos los grados de los celos, de la ira y la desesperación.

Virginia Woolf remata la composición literaria con un tierno relato de Elizabeth Barrett en homenaje a su adorado Flush: se me acercó, por la almohada, una cabeza tan peluda como la de Fauno.

Dos ojazos oro claro asombraron a los míos, y una oreja, larga y caída, enjugó la espuma de mi melancolía. Reconcí a Flush y me repuse de mi sorpresa y de mi pena, dando gracias al verdadero Pan, quien, valiéndose de criaturas insignificantes, nos permite conocer cumbres de amor.

Referencia Bibliográfica: Woolf, Virginia. Flush/ Traducción de Rafael Vásquez Zamora. -España: Ediciones Destino. Biblioteca Básica Salvat, 1971. 150p. Nota. Tiene un maravilloso prólogo del escritor Sergio Pitol.

 
     
 
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