La Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) debe empezar a ser más seria. Lo que está ocurriendo con algunos conductores –a quienes se les carga ilegalmente infracciones de otros o se les cobra boletas porque el verdadero infractor tiene una placa idéntica– es inaudito.
Eso pone en evidencia el desgreño con que se maneja la institución y eso, obviamente, socava su credibilidad. En consecuencia, los funcionarios hallarán en los ciudadanos una justificada resistencia, pues ellos dudarán de la legitimidad de las infracciones que se les atribuye. ¿Cómo solucionar el problema?
La ATTT sugiere que el afectado haga un reclamo, lo que supone abrir un expediente, comenzar una investigación y, por supuesto, subir y bajar escaleras repetidamente en una lejana oficina para tratar de lograr la exoneración. Saldría más barato pagar la infracción fantasma que tratar con los mismos funcionarios que perpetran el fraude. La solución de la ATTT hará que la trampa tome cuerpo... y que la desconfianza en su institucionalidad siga creciendo como hasta ahora. |