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Panamá, miércoles 31 de diciembre de 2008
 

MENOS ‘SHOW’ POLÍTICO

Hacia una cultura de propuestas

1141211Candelario Santana Vásquez
opinion@prensa.com

Para que un país tercermundista avance a una fase de desarrollo y progreso integral, no basta la importación de modelos económicos ni la compra de nuevas tecnologías; es necesario aprovechar sus potencialidades y riquezas naturales, así como la formación educativa de su recurso humano, que le facilite herramientas básicas para la obtención de una cultura política emergente, que le permita identificar las ventajas y desventajas de las distintas ofertas electorales al momento de escoger a los administradores del Estado, puesto que no se trata de un simple juego de probabilidades “estadísticas”, resultantes de simpatías cosmetizadas por la apariencia y en algunos casos por el embuste desleal, sino de una responsabilidad seria que tenemos los ciudadanos de analizar proyectos de trabajos a corto, mediano y largo plazo, para la solución de nuestras necesidades en materia de empleo, seguridad, educación, salud, vivienda y justicia, sin selectividad ni privilegios y el ataque frontal al flagelo de la corrupción.

Cuando un país como el nuestro se avoca a la reestructuración de su estamento administrativo, deben examinarse los planes de gobierno, los niveles de participación de la comunidad, la capacidad estratégica y de ejecución de los sujetos postulados y la posibilidad real que las medidas propuestas solucionen los problemas que agobian al conglomerado social.

Desde la constitución de la República hasta nuestros días, hemos sido testigos de una historia electoral repetitiva en donde el escenario, los actores y el discurso poco a poco se ha venido agotando, sin resultados satisfactorios para los panameños, que nos sentimos estafados, al percatarnos que las promesas no se cumplen y que simplemente el arribo al poder es interpretado como un medio para hacer fortuna.

La partidocracia como un ejercicio del poder público por parte de los partidos políticos aún practica, salvo contadas excepciones, el clásico tribalismo de caudillos desaparecidos y nuevos, que sostienen sus posiciones basados en un lenguaje de descalificación de sus contendores internos y externos que conducen a la utilización de grandes sumas de dinero en una propaganda casi himmleriana que proyecta la imagen del candidato o candidata como un buenachón impoluto, sin aportarnos una carpeta de proyectos o propuestas puntuales para la solución de nuestros problemas y necesidades. En fin, el discurso se motiva exclusivamente en un escenario de dimes y diretes en el marco de las controversias internas y externas de la clase política.

Los grupos políticos “organizados” y legalmente autorizados para postular candidatos concentran su interés electoral en la gran masa, levantando la bandera del populismo, careciendo de un interlocutor idóneo en la mayoría de los casos y olvidando a la clase media, trabajadora, intelectual y pensante, constituida por los profesionales, técnicos y asalariados de diversa índole, que resultan en la práctica el motor que impulsa la economía y el avance social; denotando con ello una falta de consideración y respeto hacia la gente que produce riqueza y conocimiento.

Las cúpulas y “estrategas” de nuestra partidocracia, igualmente desconocen la existencia de una alta población joven que busca un nuevo empleo y oportunidades de trabajo, así como de educación y que actualmente constituye el mayor caudal de sufragio, evadiendo los debates y cuestionamientos en las universidades y centros de enseñanza técnica.

Es indispensable un replanteamiento de los paradigmas sociales. En el mundo actual ha sido superada la ridícula clasificación social o política de izquierda y derecha, la cual ha cedido ante un enfoque nuevo que agrupa a la humanidad en personas con pensamiento pensamientos positivos y progresistas y otras con mentalidad negativa y retrógrada que se resiste a la existencia de un nuevo orden social más justo y de una sociedad participativa; de allí que urge abandonar el tribalismo partidario y sectario y avanzar a una fase de propuestas y soluciones en el proceso de maduración y desarrollo de nuestra identidad como Nación.

Luego entonces, los electores necesitamos que quienes aspiran a dirigir los destinos de la República en el próximo quinquenio nos presenten propuestas que recojan soluciones y menos show político, para una correcta medición de sus potencialidades y capacidad de trabajo.

© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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