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Lunes | 14.03.2005
 
¡VAMOS A SER PAPÁS!
 
Por: Mgter. Ariadna Espanó de Ponce
 
Fotos/KRT
¡Un bebé! ¡Es una niña! ¡Es un niño! No importa el sexo del bebé, como padres nos quedamos llenos de admiración al ver a nuestro nuevo gran tesoro.

Realmente es un milagro el que se nos haya dado la maravillosa capacidad de traer un bebé al mundo.

Con mucha alegría y orgullo, como en la película animada de Disney El rey de la selva, mostramos a nuestro bebé con camisillas, zapatitos tejidos y sábanas bordadas con lazos.

Tenemos además delicados detalles en el hospital para recibir a las visitas, después de todo han sido nueve largos meses de expectativa. ¿Cómo será, cómo lo llamaremos, a quién se parecerá, estará bien? y todas las otras interrogantes que se asocian con ese mundo de ilusión, que es la espera de un bebé.

Luego del nacimiento, recordamos una y otra vez cómo llegó el bebé, sus llantos, el apoyo recibido en el parto y las frases amables de que “todo estaba bajo control” Aunque a veces no ocurre así.

Nos encontramos con una mezcla de emociones que empiezan a trabajar en nosotros, siendo el amor la que predomina de una manera inexplicable. Suspiramos solo con ver esa carita que pide a gritos nuestro calor. Ya llegó el actor principal y ahora es que empieza “el espectáculo”.

Ya sea si es nuestra primera vez o con los siguientes retoños que tengamos, cada bebé viene con una misión, cada uno es diferente y ello los hace especiales porque viene de los padres. Es un gran regalo que recibimos, lo que involucra mucha responsabilidad y dedicación. Podemos obtener todo lo que físicamente pueda necesitar un bebé, podemos leer acerca de lo que le pueda pasar al bebé y también podemos tomar clases pre-natales para estar listos para la gran llegada.

Todo lo antes mencionado es de gran ayuda, sin embargo, nunca estamos 100% listos, ya que tenemos que esperar al ansiado personaje.

¡Qué bueno sería si cada embarazo viniera con un manual de instrucciones, sobre qué hacer y cómo manejar los momentos de crisis con el bebé!

Como los bebés no llegan con un manual, el recorrido de la pareja en el terreno de una nueva familia se convierte en la esencia de la transición a ser padres.

Al principio consideramos el evento una maravilla, pero a medida que pasa el tiempo los padres empiezan a darse cuenta de la realidad, lo cual no es fácil. Los bebés empiezan a crecer y aparte del desarrollo físico, se desencadenan el desarrollo de nuevas actitudes y conductas. Durante los primeros años, los padres debemos tener en mente la pregunta: ¿Cómo queremos que sean nuestros hijos?, ya que ellos dependen de nuestra guía y modelo para obtener el mejor de los resultados.

La transición a ser padres es uno de los cambios más difíciles en el sistema familiar. Los problemas y las situaciones que causan estrés se van acumulando.

Por ejemplo: la falta de tiempo, las demandas de trabajo y de familiares, y confusión de las expectativas de los roles en casa. Todo esto puede traer como consecuencia la disminución de la satisfacción marital después del nacimiento de un bebé. El éxito o el fracaso de nuestra transición a ser padres dependerá en las características de cada individuo, de la pareja, los antecedentes familiares, la manera de cómo se maneja el estrés, el apoyo y los recursos disponibles.

Reconociendo cuáles son los factores que afectan a la transición y buscando las soluciones, nos daremos cuenta, al pasar de los años, que pudimos sobrevivir a esta crisis. Tenemos que reconocer que no es fácil, pero si hay algo que alivia la frustración de esta transición es la sonrisa de este nuevo bebé y el amor que nos produce el abrazar, besar, acurrucar a esa personita frente a nosotros, y aplaudir todos sus logros y hazañas cada día.

A lo largo del desarrollo del nuevo bebé, confrontaremos otras situaciones difíciles, como lo son el comienzo de los “berrinches”, luego la escuela y mucho después, la adolescencia. Vivamos un día a la vez, aprendiendo y disfrutando cada etapa de su desarrollo... y que continúe el espectáculo.

 
     
 
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