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Lunes
| 21.03.2005
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¿SALIMOS
ESTA NOCHE? LA TRANSICIÓN A SER PADRES
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| Por: Mgter.
Ariadna Espanó de Ponce |
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Fotos/KRT |
¡Una vez iniciada
la tarea de ser padres de familia, el bebé se convierte
en el centro de atención. El bebé tiene que
comer, dormir, ir al doctor, recibir visitas y aprender
a convivir con los hermanitos.
Toda esta dinámica se desenvuelve simultáneamente, por lo cual
vamos a necesitar tiempo para ajustarnos a estas nuevas experiencias. El esposo
llega del trabajo y la madre espera que él tome “las riendas” para
poder descansar. El padre aprende a manejar esta nueva personita, poniendo en
ejecución roles que antes no conocía. Ahora encontramos a padres
que saben cómo bañar al bebé, cambiarle el pañal,
pasearlo, mejor dicho, hacer todo lo que una madre haría excepto amamantar.
Es interesante que a la larga el papá se convierte en el promotor de la
diversión.
Mamá cuida y da cariño, pero nada
como papá, él es quien hace reír y
sabe hacer “relajo”. En las reuniones de padres
y madres de infantes, los temas de conversación
reflejan los intereses de cada uno.
Las madres hablan de las compras, visitas médicas, cuánto duerme
o come el bebé. En cambio, los padres con orgullo comparten las últimas
hazañas de sus bebés, lo que hacen para entretenerlos y explican
con detalle sus historias de “accidentes” al cambiar los pañales.
Como verán ambos padres son importantes en esta labor de desarrollo, la
crianza y el cuidado del bebé es el vínculo que los une y los mantiene.
Hay que atender las necesidades básicas del bebé y,
poco a poco, se va formando una rutina. Una vez que conocemos
las características, gustos y las cosas que no le
agradan, empezamos a encontrar momentos libres para salir
y hacer otras diligencias importantes.
Pueda que se tenga ayuda de las abuelas, las “prácticas”,
las personas que trabajan en la casa, pero sino hay ayuda
el hogar se puede convertir en un “territorio de
desastre”.
Sabemos que es más importante cuidar al bebé,
pero si no toleramos ese “campo de batalla” se
eleva nuestro nivel de estrés, ya que no podemos
cumplir con las exigencias del hogar y del bebé.
Como consecuencia tenemos a una madre que acumula cansancio,
obligaciones, eventos sociales que no puede atender, mala
alimentación, falta de sueño y de ejercicios.
No podemos dejar de mencionar el cuidado de los otros miembros
de la casa, incluyendo a la mascota que también
es afectada por el impacto de la transición.
Encontramos toda una gama de circunstancias, donde el común
denominador es la falta de tiempo. Si la madre trabaja
y está de licencia, la ansiedad de tener un tiempo
limitado se vuelve una frustración. Muchas veces
la licencia de maternidad se convierte en un espacio no
solo para estar con el bebé sino para hacer todo
lo que no se ha podido adelantar en casa.
Pensemos un momento en esta situación crítica
y estresante. Imagínense en el siguiente escenario
a un padre y una madre a las 5:00 p.m.: El padre agotado
y trasnochado llega a casa con la fantasía de encontrar
a su amada esposa, linda y elegante, la cena preparada
con velas y música... a su vez la madre sueña
con la entrada triunfal de su marido, con flores, con comida
de su restaurante preferido acompañado de un rico
postre. La realidad es que el marido encuentra la casa
hecha un desastre y a su mujer agotada, tirada en un sillón,
dándole de comer al bebé sin haberse dado
un baño en todo el día.
Al
darnos cuenta de nuestras expectativas y deseos,
podemos meditar lo que estamos haciendo
y tomar la decisión de organizarnos. Hay que
hacer tiempo de alguna manera para poner en orden
nuestras prioridades. La experiencia se torna más
positiva cuando empezamos con pasos pequeños.
Primero hay que hacer una lista de todo lo que desea
hacer. Luego escoger tres puntos en los cuales se
intentará enfocar cada día. Al ejecutarlos
sentiremos que se han cumplido nuestras expectativas.
Si es importante para el esposo encontrar
a su esposa tan bella como la conoció, entonces
anticipar la llegada y tratar de que la presentación
física sea
de su agrado, dándole el amor que necesita. A su
vez, el marido puede hacer una diferencia al cocinar una
comida especial, traerle un “antojito” que
sabe de antemano que le gustará o dejarle notas
con palabras de cariño y aliento de que está haciendo
una buena labor como madre. “Salimos esta noche” se
dicen los esposos -aunque en la realidad no puedan-, tomen
el tiempo para cenar juntos en el patio o el balcón
con una vela aromática y música suave lo
cual hará la mágica diferencia. Si bien es
cierto que el bebé se convierte en el centro del
universo de los padres, no debemos dejar de atender el
amor del matrimonio. El mutuo apoyo servirá para
que ambos se nutran y puedan funcionar como nuevos padres
de familia y como un mejor matrimonio.
La próxima vez que tenga que regalar un obsequio
por la llegada de un bebé considere lo siguiente:
Mandar comidas ya preparadas a los nuevos padres durante
los fines de semana, “certificados de tiempo” para
ser “niñera” para que los padres puedan
salir al cine (incluyendo los boletos) o para que la madre
pueda dormir y el papá pueda ir a jugar un partido
de baloncesto. Nunca está de más regalar
pañales desechables porque se agotan en la primera
semana y para terminar, podríamos ayudarles a hacer
el supermercado. |
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