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Jueves
| 26.01.2005
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¿LES
FALTA AMBICION A LAS MUJERES?
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Ana Fels
De NTY |
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Las
mujeres, mucho más que los hombres,
suelen reconsiderar y muchas veces abandonar
la decisión de dedicarse a una ambición.
Para lograr sus sueños, ellas necesitan
entender por qué están dispuestas
a renunciar a ellos.
“Antes de llegar me pregunté si
iba a contarle un secreto que guardo
desde los siete años. Ni siquiera
se lo he contado a mi marido”.
La mujer frente a mí, una periodista
que bordea los 40 años, hizo una
pausa y me miró fijamente, tratando
de decidir si debía continuar.
Al ver su mirada de preocupación,
me cuestioné hacia dónde íbamos
con esto. Como psiquiatra estoy acostumbrada
a escuchar las cosas más inverosímiles,
incluso revelaciones personales escabrosas.
Pero esta mujer no era paciente. Era
una amiga de una amiga que gentilmente
había
aceptado que la entrevistara. En realidad
era la primera de una serie de discusiones
exploratorias que había organizado
para comenzar mi investigación sobre
la ambición en las mujeres y ya
me encontraba en terreno desconocido. ¿Cómo
una pregunta aparentemente tan directa
sobre las metas durante la niñez
evocó un secreto guardado por tanto
tiempo?
La periodista me miró vacilante, pero
continuó: “Cuando tenía
unos siete años, tenía un cuaderno
en el colegio donde escribía poemas
y cuentos y los ilustraba... Tenía un
seudónimo que era mágico, como
un pacto secreto conmigo misma. Ni siquiera
se lo conté a mis hermanas. Era YSF: “Yo
seré famosa”, y comenzó a
reír nerviosamente. “Ay Dios,
no puedo creer que se lo conté. Debe
entender: no quería ser reconocida en
las calles. Mi pacto estaba relacionado con
la escritura y ser reconocida por eso. Estoy
segura que tenía que ver con la aprobación
de mi padre y el mundo literario donde él
circulaba”.
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¿Este
era el secreto escondido por tanto tiempo? ¿Nada
de sexo, mentiras o videos, sino un singular
conjuro de niña? Fue mi primera de muchas
lecciones sobre lo escondido y emotivo que
es el tema de la ambición para la mujer.
Pronto me di cuenta que el grupo de mujeres
que entrevisté, todas articuladas y
educadas, podía hablar convincentemente
sobre cualquier tema, desde el sexo al dinero.
Pero cuando surgía el tema de la ambición,
el nivel de intensidad daba un salto gigantesco.
De hecho, las mujeres que entrevisté odiaban
la palabra misma. Para ellas “ambición” implicaba
necesariamente egolatría, egoísmo,
engrandecimiento personal o manipular a otros
en beneficio propio. Ninguna de ellas admitió que
era ambiciosa. En cambio el estribillo constante
era “no soy yo, es el trabajo”, “no
es para mí, es para ayudar a los niños”, “odio
promocionarme a mí misma. Prefiero estar
sola en mi tienda”. Uno podría
tachar este tipo de comentarios como convenciones
sociales o mera apariencia si no fuera por
dos hechos. Primero, los hombres simplemente
no hablan así (muy por el contrario,
los que entrevisté consideran la ambición
una parte necesaria y deseable de sus vidas).
Segundo, estas negativas no eran lanzadas casualmente.
Claramente, estas mujeres estaban atrapadas
en algún tipo de miedo. Pero ¿a
qué? |
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| LAS
DOS CARAS DE LA AMBICION |
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A medida que trataba de
organizar las respuestas a mis preguntas y definir el
aspecto de la ambición que incomodaba tanto a
esas mujeres, me di cuenta que necesitaba retroceder.
Primero debía entender qué significaba
la ambición, para hombres y mujeres.
En psiquiatría, al igual que en la mayoría
de las ciencias, el estudio de un fenómeno
complejo a menudo empieza por remontarse a su forma
más simple y primitiva. Decidí, entonces,
revisar las ambiciones que las mujeres entrevistadas
recordaban de su infancia. En comparación
con las respuestas rebuscadas y ambivalentes sobre
sus ambiciones actuales, sus ambiciones infantiles
eran claras y directas. Tenían un delicioso
sentido de grandiosidad y de posibilidad ilimitada,
sin pedir excusas. Cada una se había imaginado
en un rol importante: una gran novelista estadounidense,
una esquiadora olímpica, una actriz famosa,
presidenta de Estados Unidos, diseñadora de
moda, estrella de rock, diplomática
internacional.
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En
casi todas las ambiciones infantiles existían
dos elementos clarísimos que estaban
unidos. Uno era el dominio de una habilidad
especial: escribir, bailar, actuar, diplomacia.
El otro era el reconocimiento: atención
de una audiencia agradecida. Al analizar estudios
sobre el desarrollo de niños y niñas,
me di cuenta que casi siempre identifican los
dos mismos componentes en la ambición
infantil. Un plan que requiere trabajo y habilidad
para alcanzar un logro real, y la expectativa
de aprobación representada por la fama,
nivel, aclamación, elogios u honor.
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