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MASCOTAS: ADIOS, QUERIDO AMIGO...
 
Martes | 11.01.2005
 
Thalia S. Morales
De Vivir+
 

La pequeña Stefanie pensó que ‘Morita’, su perrita french poodle viviría eternamente, pero llegó el día en que su corazón canino no resistió más y murió después de 16 años de vida. A pesar de tener ocho años de edad, su dueña sintió un vacío y una angustia tremenda al perder a su fiel amiga.

Los padres de Stefanie le explicaron —mientras enterraban a la perrita, envuelta en una de la pijamas favoritas de la niña— que “la muerte es parte del ciclo de la vida”.
Fotos/KRT
 

Es difícil decirle adiós a un ser querido con el que hemos compartido casi toda nuestra vida. Difícil también es explicarle a los niños lo que es la muerte.

“Los padres deben aprovechar el deceso de una mascota para que los niños aprendan a manejar la muerte”, aconseja Elisa Bósquez, psicóloga y coordinadora de capacitación de la Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz. Según ella, los niños tienen su propio concepto de la muerte, cada uno la ve conforme a su edad.


¿Qué hacer y qué no hacer?

Lo primero que hay que advertirles es que la mascota no se va a mover y que ya no regresará. Un error muy frecuente –señala la experta– es cuando los padres dicen frases como “se va para el cielo” o “se va de viaje”, ya que los niños lo asocian con que habrá un regreso.

“Los pensamientos de los niños son concretos, por ende hay que decirle cosas concretas. También es una equivocación el quedarse callado o no dejar que el niño vea el animal muerto, así como llevarse el cuerpo sin vida en un cartucho y botarlo lejos. Nunca le oculte a su hijo la situación”, indicó.

Bósquez recomienda “hacer un rito”, ya sea enterrar a la mascota, colocar flores donde se le ha enterrado, sembrar un árbol en el sitio donde ha sido enterrada, o simplemente encender una vela. “Lo importante es que los niños participen en los ritos de la muerte”.

Otra manera de explicarles a los niños es a través de cuentos ilustrados en donde se hable del tema.

Los padres tampoco deben ir inmediatamente a comprar un animalito nuevo, ya que entonces los niños no asimilarán la muerte de su mascota. “De igual forma que cuando se nos muere una persona, no podemos reemplazarla con otra, lo mismo pasa con las mascotas”, explica Bósquez. Por ejemplo, para un niño de cinco años de edad, la muerte es reversible; para un niño de ocho en adelante no lo es.

La tristeza de los niños no es igual a la de los adultos, añade la psicóloga. “Los niños seguirán con su vida normal, y con el tiempo se darán cuenta de que su amiguito se fue y que éste nunca jugará ni ladrará más y es en este momento que debemos estar alerta y estar preparados para consolarlos”, dijo.
 
     
 
   
     
 
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