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La convivencia con animales de compañía
 
Lunes | 21.03.2006
 

Por Josep Corbella
The New York Times

 
La Prensa/Archivo

Barcelona (España). Los pastores alemanes son los perros que más frecuentemente atacan a niños, según un estudio de la Universidad Médica de Graz (Austria) que ha analizado los 341 casos de menores de edad atendidos a lo largo de diez años en el Departamento de Cirugía Pediátrica de este centro educativo tras ser mordidos por un perro.

Los pastores alemanes cometieron el 34% de las agresiones, pese a que solo representan el 12% del censo de perros en la región de Graz, según resultados presentados en el número de marzo de la revista Pediatrics, la revista de pediatría más importante del mundo.

Con estos porcentajes, los investigadores les atribuyen un índice de peligrosidad de 2,83 (34 dividido por 12). Este índice supera incluso al 2,71 de los doberman.

En el otro extremo se encuentran razas como el cocker spaniel, el labrador retriever y los perros que son cruces de razas, todos ellos con índices de peligrosidad bajos.

Los resultados del estudio se difundieron coincidiendo con la noticia de que un niño de siete años se encuentra ingresado en la unidad de cuidados intensivos del hospital San Cecilio de Granada tras ser atacado por cinco perros en el Municipio de La Malaha.

“Los pastores alemanes tienen fama de perros amistosos y es cierto que tienen una conducta muy protectora”, ha explicado por correo electrónico Johannes Schalamon, primer autor de la investigación.

“Pero hemos observado muchos casos de agresiones en los que los niños se sentían familiarizados con el perro, pero el perro consideraba a los niños extraños”, agregó.

Esto ocurre, por ejemplo, en casos en que un niño juega con el perro de su abuela. El niño no se da cuenta de que, desde el punto de vista del perro, “él es un intruso que viene de otra casa”.

Con los pastores alemanes, precisamente porque tienen fama de ser amistosos y leales, “es fácil olvidar que también pueden ser agresivos”, añade Schalamon.

Con otras razas como el rottweiler, por el contrario, “hemos registrado pocos ataques, seguramente porque la gente es consciente de que pueden ser peligrosos”.

El objetivo del estudio era analizar qué razas de perros muerden más a niños y qué desencadena los ataques para aprender a prevenir estas agresiones.

Para las dieciocho razas que representan más del 1,1% del censo de perros de la región de Graz, se ha calculado un índice de peligrosidad -lo que ha excluido del estudio algunas razas populares en España.

Alrededor de uno de cada mil niños son mordidos cada año por un perro, recuerdan los investigadores en Pediatrics, por lo que se trata de “un problema de salud pública grave y a menudo infravalorado”.

Los resultados muestran que los niños de un año son los que corren un mayor riesgo de ser atacados y que el peligro se reduce después a medida que crecen.

Concretamente, uno de cada siete ataques se produjo a niños de entre uno y dos años, y más del 50% a niños de hasta cinco años.

Por sexos, los ataques afectaron por igual a niños (51%) y a niñas (49%).

“Pienso que los perros son beneficiosos para el desarrollo de los niños”, explica Schalamon, quien tiene tres hijos y un golden retriever.

Pero ante los resultados de la investigación, cree que “las familias deberían aplazar la compra de un perro hasta que los niños tengan seis años”.

En los casos en que una pareja que convive con un perro espera un hijo, “hay que tener cuidado de no dejar al niño solo con el perro”, especialmente cuando tiene poco más de un año y empieza a caminar.

Y si el perro es agresivo, “considerar la posibilidad de deshacerse de él”.

Psiquiatras y psicólogos coinciden con Schalamon en que convivir con un perro es positivo para el desarrollo emocional de los niños, especialmente en casos de trastornos afectivos (como síntomas depresivos) o problemas de relación social (como una timidez exagerada).

El hecho de que tener un perro sea “al mismo tiempo beneficioso y peligroso” puede situar a algunas parejas ante un dilema, reconoce Schalamon.

¿Qué hacer, por ejemplo, si una pareja tiene un niño de ocho años con dificultades de relación social y otro de dos para quien el perro podría ser un peligro? En estos casos, Schalamon no desaconseja tener un perro, pero si “ser consciente de los posibles peligros y optar por una raza poco agresiva”.

De todos modos, añade, la mayoría de los ataques los cometen perros que no viven en la misma casa que los niños. Según los resultados de la Universidad Médica de Graz, lo más habitual es que el niño conozca al perro y se confíe con él. Por el contrario, es poco frecuente que un niño sea atacado por un perro desconocido.

Aunque la mayoría de las lesiones que se producen en estos ataques se curan sin dejar secuelas, un 27% de los niños que acudieron al Departamento de Cirugía Pediátrica de la Universidad Médica de Graz tuvieron que ser ingresados y permanecieron una media de cinco días en el hospital. Un 26% de las víctimas tuvieron que ser operadas, la mayoría de ellas bajo anestesia general.

Un 12% sufrió después complicaciones como infecciones de las heridas o problemas de cicatrización. Un 11% de las familias notificó que los niños habían adquirido fobia a los perros tras los ataques y un 2%, que tenían pesadillas, aunque los investigadores creen que el porcentaje real de niños que sufren algún tipo de estrés emocional prolongado tras ser atacados por un perro “es probablemente mucho más elevado”.

“Unos mejores conocimientos sobre la conducta de los perros por parte de los propietarios de los animales y un mejor adiestramiento de los perros hubieran podido prevenir varios de los ataques registrados”, escriben los investigadores en Pediatrics.

Por ello, defienden que, para reducir el número de ataques, es conveniente “adiestrar mejor a los animales, mejorar los conocimientos que tienen sus propietarios y que los padres presten atención cuando los niños estén cerca de perros”.

 
     
 
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