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¿A quién no le gusta viajar? Los viajes pueden representar una etapa de relajación, pero un martirio para quienes tienen mascotas.
El panorama se empeora aún más cuando detectamos que estas presentan cierto grado de temor o recelo al salir más allá del patio de la casa.
Cuando el miedo llega
Es tanto el nerviosismo que puede producir el hecho de viajar que ‘Petty’, una dálmata de tres años, ve “el movimiento de las personas en la casa, se asusta y posteriormente se retira debajo de una de las camas”, cuenta Claudia Sánchez, su dueña.
“Por más que tratamos de hacer las cosas lo más misteriosamente posible, descubre que tendrá que salir de casa y se espanta”, agrega.
El veterinario Hugo Acosta opina que estas situaciones son más comunes de lo que uno se imagina. “No a todos los perros les gusta viajar y peor aún cuando se trata de largas distancias”, comenta.
Lo importante es conocer que esta dificultad tiene solución.
¿Qué hacer?
Existen distintas maneras para lograr un cómodo viaje tanto para las personas como para el animal.
Acosta señala que pueden colocarse redes y mallas que separen al conductor de los que están atrás. De esta forma el perro tendrá una barrera que en muchos casos sirve para no quitarle distracción al que está manejando, explica. Otra forma puede ser llevarlos en los pies de los pasajeros pero con el apoyo de una cuerda (preferiblemente holgada) para controlar sus movimientos, por la inquietud que puedan sentir.
Incluso, existen jaulas especiales de viajes que se venden en el mercado, de distintos tamaños y formas, las que representan una mayor seguridad tanto para la mascota como para la familia, aunque cuesta más que se acostumbren a ellas, dice.
Precauciones
El especialista César Rodríguez indica que aunque muchos en más de una ocasión “hayamos visto lo lindo que se ven los perros disfrutando del viento desde las ventanas de un auto”, esto es solo recomendable cuando ambos (personas y perros) tienen la confianza necesaria y no han tenido ningún accidente previo. “Esto no se puede hacer si es la primera vez que salimos con el animal”, enfatiza.
Repercusiones
Mareos, vómitos, los conocidos “golpes de calor”, y los traumas de no querer volver a salir de paseo son algunas de las consecuencias del miedo que esto le causa a los caninos.
Acosta hizo hincapié en que la mayoría de estos problemas pueden ser solucionados si desde pequeños los animales son acostumbrados a desplazarse, de cualquier forma, a distancias o lugares cada vez más largos.
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