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El resultado
Como Belyaev había pronosticado, aparecieron otros cambios aparejados con la docilidad, aún cuando no habían sido objeto de una selección. Los apacibles zorros, informó Fitch, también eran “increíblemente simpáticos”. Eran limpios y tranquilos, lo cual los convertía en una excelente mascota para tener en casa, aunque –siendo extremadamente activos– preferían una casa con jardín a un apartamento. Si bien no les gustaban las cadenas, sí las toleraban.
Investigadores estadounidenses han sugerido que los zorros se promuevan como mascotas disponibles, en parte para garantizar su supervivencia en caso que la colonia de Novosibirsk sea borrada del mapa a causa de alguna enfermedad.
“Hubo una época cuando la ciencia soviética atravesaba un estado de desesperación y los zorros de Belyaev estaban en peligro”, contó Ray Coppinger, biólogo canino en la universidad de Hampshire, en Massachusetts, quien trató de obtener algunos de los zorros para contribuir a su preservación. Sin embargo, los animales al parecer salieron de Rusia una sola vez, a Finlandia, en una colonia que ya no sobrevive.
Había mucho más con respecto al experimento de Belyaev que la sola producción de zorros obedientes. También desarrolló una colonia paralela de zorros agresivos, y empezó a domesticar otros animales, como la nutria de río y el visón. Al percatarse que la genética se puede estudiar de mejor forma en animales más pequeños, Belyaev también comenzó un estudio de ratas, empezando por ratas silvestres capturadas en la localidad. Su experimento con estos roedores fue continuado tras su muerte por Irina Plyusnina. Las ratas siberianas grises que fueron capturadas en áreas silvestres, criadas por separado para ser dóciles y feroces, han desarrollado estos comportamientos diferentes por entero en aproximadamente 60 generaciones.
Si bien la mayoría de los zorros domesticados han permanecido en Novosibirsk, Svante Paabo, también perteneciente al Instituto Planck, se las ingenió en fecha reciente para convencer a investigadores rusos que le permitieran llevarse algunos ejemplares de cada variedad de estas ratas, después de haber visitado Novosibirsk en varias ocasiones.
“Todo parecía indicar que, al principio, esto no funcionaría por mucho tiempo, pero al final nosotros logramos crear suficiente confianza”, dijo Paabo. Él y su estudiante, Albert, trabajan estrechamente con Plyusnina. Albert tiene la esperanza de identificar cuáles genes de las ratas fueron seleccionados mediante el proceso de domesticación.
Su estrategia consiste en cruzar a las ratas dóciles con las agresivas y después registrar su progenie para ver qué proporción heredan de cada rasgo característico. Asimismo, espera ser capaz de identificar 200 sitios a lo largo del genoma en el cual difieren las ratas mansas de las feroces. Si uno o más de esos sitios se correlacionan con la docilidad o la ferocidad en la progenie, es probable que yazcan cerca de importantes genes que sustentan uno de los dos rasgos citados.
Los genes, si Albert los encuentra, serían de gran interés debido a que se presume que son los mismos en todas las especies de mamíferos domesticados. Eso incluso pudiera abarcar a los seres humanos.
¿Y los humanos?
Richard Wrangham, primatólogo de Harvard, ha propuesto que las personas son una forma domesticada de los simios, siendo la domesticación autoadministrada a medida que sociedades humanas penalizaron o enviaron al ostracismo a individuos que eran demasiado agresivos.
Paabo, por su parte, dijo que si Albert identificaba los genes responsables de la domesticación en ratas, “nosotros también examinaríamos esos genes en seres humanos y simios para ver si éstos pudieran estar involucrados en la evolución humana”.
La autodomesticación humana, si efectivamente ocurrió, probablemente no tendría exactamente la misma base genética que la docilidad en animales. Sin embargo, Albert dijo que si él fuera capaz de precisar la diferencia genética entre las ratas dóciles y las feroces, compararía después el genoma del chimpancé y el genoma humano para ver si ambos presentaban una diferencia similar.
Una de las posibilidades es que un puñado de genes –quizás, incluso uno solo– está detrás de todos los cambios vistos en la domesticación. Una estructura en el embrión de todos los vertebrados, conocida como la cresta neural, es la fuente de células que constituye buena parte del rostro, el cráneo y células de pigmentación, así como muchas partes del sistema nervioso periférico y el sistema endocrino. Si los genes en las células de la cresta neural fueran demoradas tan sólo un poco para entrar en acción, toda una gama de tejidos podrían verse afectados, incluida la maduración de las glándulas adrenales que subyace a la primera respuesta de miedo en animales jóvenes, según ha escrito Fitch.
¿Acaso un solo gene que afecte la sincronía en el desarrollo de las células de la cresta neural está detrás de la totalidad del fenómeno de la domesticación animal y humana? “Habría un estudiante feliz de doctorado si eso resulta ser cierto”, concluyó Albert. |