A los 24 años se casó con
una chica maravillosa llamada Argentina y al año nació su
primer hijo, Edmundo. Claro, con las nuevas responsabilidades
solicitó y obtuvo rápidamente un ascenso en
su trabajo y al poco tiempo, dada su gran capacidad laboral,
se volvió “el alma” de su empresa y llegaron
otros ascensos. Total, a los cinco años de trabajo
había incrementado tanto los éxitos de su empresa
que le solicitaron que se convirtiera en socio. “¡Oh!,
esto es la gloria”, decía Felipe.
Pero como todas las glorias tienen su contrapeso con algún infierno, Felipe
salía de casa antes del amanecer y volvía después de avanzada
la noche. Argentina le solía decir en tono de broma y en serio que se
sentía como la novia de Batman, pues solo le veía por las noches.
Por supuesto, su hijo estaba dormido cuando Felipe salía de casa y ya
se había vuelto a dormir cuando regresaba.
El humor de Felipe cambió y se hizo un hombre de pensamiento rígido
y de duro trato a sus compañeros y al final hasta a su familia. Esto se
reflejó en su propio cuerpo, que se rebelaba ante el maltrato que se infringía
a sí mismo. Pronto el dolor del cuello y la parte trasera de la cabeza
se volvieron cotidianos y con estos también se volvió peor su mal
humor.
Esta es la historia de Felipe, pero es también
la historia de miles de hombres y mujeres que terminan
perdiendo su salud debido a la mala distribución
de los roles y papeles que componen nuestra vida. Todos
tenemos diferentes roles: hijo, padre, esposo, compañero
de trabajo, etc. Pero el problema comienza cuando la
atención de uno de estos roles acapara todo nuestro
tiempo y esfuerzo. Al no atender a los demás roles
se deterioran como planta sin riego.
Podemos rastrear
el origen del conflicto y llegar a que no construimos
una definición personal de éxito al que
podamos adherirnos en el tiempo de máxima tensión.
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Por tanto, si no sabemos, o mejor
dicho, no hemos esclarecido que la preservación
de nuestro matrimonio, el tiempo compartido con nuestros hijos es parte valiosa
de eso que llamamos éxito personal, no los cuidaremos y aplazaremos
la atención que estas relaciones personales requieren.
Por
supuesto, todos decimos que trabajamos para nuestras
familias, pero en la práctica trabajamos
sin ver a nuestra familia. Muchas personas se convierten
en adictos al trabajo y visualizan el éxito únicamente
como el ascenso en la estructura profesional de
la empresa o negocio.
De vuelta con la historia de Felipe, te cuento que unos pocos años después
le encontraron que tenía alta la presión arterial y que eso había
afectado su corazón. Aun así continuó su frenética
carrera sin hacer ni el más pequeño alto para encontrar un momento
de reposo. Bueno, sí encontró reposo y hasta paz a su alma, pues
hace dos días una arteria de su brillante cerebro se rompió y el
derrame de sangre terminó con su vida.
De sobra está decir que su ex esposa (el matrimonio terminó hace
tres años) estaba en el funeral y aunque se veía triste se podía
observar que ya no lucía tensa y amargada como en los años finales
del matrimonio, donde la soledad la marchitaba. Edmundo, su hijo aun pequeño,
preguntaba cada cierto tiempo: ¿Cuándo volverá mi papá? ¿Volverá en
la noche? Creo que eso fue lo que me hizo llorar en el funeral.
Recomendaciones para evitar ser víctima del éxito.
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1. Tome un tiempo para imaginar con lujo
de detalles lo que es el éxito para usted.
2. Imagine cómo afectará ese éxito a cada una de las personas
que usted ama.
3. Imagine cuánto valdría para usted ese éxito
si esas personas ya no estuvieran a su lado. |
4. Imagine cómo sería
su relación con esas personas si ese éxito
no llegara nunca.
5. Escriba esta visión personal del éxito y guárdela
en
un lugar seguro.
6. En cada fecha importante para usted, su empresa
y su familia, vuelva a leer
esta visión personal y úsela para comparar si el momento actual
que está viviendo corresponde al camino correcto para llegar a realizar
su visión personal del éxito.
7. Haga los correctivos necesarios para preservar
los valores y personas más
queridas por usted.