La realidad en Panamá es que debemos trabajar más
para retomar los valores y así para convivir mejor con
los demás, como decían nuestros abuelos, los valores
y virtudes son el honor de una familia.
Para empezar, los valores
los aprendemos en casa, nacen de la familia donde nos desarrollamos.
Las escuelas se encargan
de reforzar los valores cívicos a través de
actividades y eventos especiales. Como padres y madres de
familia debemos y tenemos que seguir participando de este
proceso de educación integral. Los valores como el
amor, la tolerancia, la cortesía, la libertad, la
justicia y el trabajo pueden ser transmitidos a diario; sin
embargo, los ultrajamos cuando dejamos de ponerlos en práctica,
ya sea por olvido, descuido o cuando consideramos que ya
no son importantes.
El valor del amor. El 14 de febrero se celebra el Día
del Amor. Podemos aprovechar esa inspiración para reforzar
el valor del amor en la familia. Es una oportunidad para dar
cabida al amor y asegurarnos que este mensaje llegue a nuestros
seres queridos. Por ejemplo, cuando una familia se reúne
a comer, el valor del amor se reafirma cuando cada miembro comparte
las anécdotas del día.
En estos tiempos en que
no hay tiempo para nada por la cantidad de cosas que tenemos
en la agenda diaria, es difícil dedicarle atención
individual a nuestros hijos y comunicarnos con ellos. No dejemos
pasar los días sin darles un claro mensaje de amor. En
otras palabras, hagamos algo a diario que lleve ese amor que
les tenemos.
¿CÓMO PODEMOS HACER LA
DIFERENCIA?
Lo ideal sería
que con solo cinco minutos diarios podamos poner en práctica
la siguiente actividad antes de dormir, preguntarle a su hijo
(a):
¿Cuál fue el momento más feliz del
día de hoy?
Su
hijo (a) alegremente le contará su mejor momento.
Luego usted le preguntará que fue lo más
triste que le ocurrió en el día. El niño
(a) recordará la experiencia triste. Mediante
esta comunicación íntima uno puede percatarse
del sufrimiento o estrés que pasó su hijo
(a) y darle el amor y apoyo necesario. Luego usted compartirá sus
momentos de alegría y de tristeza y su hijo (a)
se dará cuenta de la parte humana que muchas veces
ellos desconocen.
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Los sentimientos
existen y no podemos juzgarlos como buenos o malos. La comunicación
ayudará a mejorar la relación con sus hijos y siempre
será de un valor incalculable. El valor del amor es imprescindible,
no podemos vivir sin él y para ser amado hay que saber
amar.
El
valor de la tolerancia. Además de ser sinónimo
de paciencia, la tolerancia se refleja cuando le enseñamos
a nuestros hijos a no reírnos de las incapacidades,
imperfecciones o diferencias de las demás personas.
Debemos reforzar la tolerancia mediante el respeto a
las diferencias individuales.
Como en la historia del Jorobado de Notre Dame, en la cual se
valora el interior de la persona y no su apariencia. ¿Podríamos
apreciar ese valor en los demás? Si comenzamos con nuestros
propios hijos reforzándoles lo siguiente: “Eres
especial y te quiero tal como eres”. Otro ejemplo de tolerancia
que podemos poner en práctica es el respeto hacia las
diferentes culturas y religiones. “Yo acepto la tuya, y
tú la mía”, nunca insultándose el
uno al otro. Podemos utilizar los libros para buscar información
acerca de un país o religión, podemos asistir a
eventos de otras culturas o comer en algún restaurante étnico.
Leer y conocer más acerca de las culturas y religiones
nos hace más sensibles y tolerantes.
El
valor de la cortesía. Debemos insistir en enseñar
los buenos modales: Saludar, dar los buenos días
o buenas tardes, dar gracias, pedir disculpas o perdón,
abrir una puerta a una dama o ayudar a cruzar la calle
al necesitado.
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Es
una falta de cortesía cuando no damos la oportunidad
a los peatones de cruzar la calle en la línea
de seguridad, lo mismo ocurre cuando nos estacionamos
en la línea
blanca de cruce peatonal solo por comodidad. Cuando manejamos
nos damos cuenta de inmediato de la actitud de “juega
vivo” de muchos panameños. |
Si no reflexionamos cuando se cometen
estas infracciones frente a nuestros hijos, el mensaje que directamente
le estamos transmitiendo es “hijo (a) lo que estoy haciendo
es correcto y cuando crezcas, haz lo mismo”. La cortesía
es el reflejo de lo que consideramos que debiéramos recibir
de las demás personas.
El valor de la libertad. Mucho se habla actualmente de dicho
valor, pero no lo cuidamos como debe ser. El mismo depende mucho
de la atención y obediencia a las normas. El escritor
Richard Bach, en su libro Juan Salvador Gaviota, habla acerca
del ideal de soñar con la libertad y vivir cada día
para ser mejor.
El valor de la libertad es confundido muchas
veces con libertinaje dándole libertades excesivas a nuestros
hijos para ver ciertos canales de televisión donde hay
violencia o pornografía, para salir a altas horas de la
noche siendo muy jóvenes o para lucir ropa muy sexualmente
provocativa. Ponemos en peligro el valor de la libertad al darles
demasiados privilegios.
El
valor de la justicia. Desde el punto de vista humano,
la injusticia es cuando privamos a una persona
de un derecho o una condición. Queremos que se haga
justicia en el país y se acabe con la corrupción,
este es un valor que nuestros hijos deben escuchar desde
la infancia. La justicia es en esencia desinteresada y
altruista. Necesitamos de un gobierno que se entregue de
verdad para poder levantar al país económicamente,
moralmente y culturalmente. Todos compartimos derechos
y deberes, solo hay que ponerlos en la práctica. |
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El valor del trabajo. Es importante ya que es lo que nos lleva
a superarnos como personas. Querer nuestro trabajo y hacerlo
cada vez mejor, nos conduce a tener éxito. Hemos escuchado “no
dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Esto
nos enseña que debemos aprender a organizar el tiempo
y las prioridades para lograr el objetivo. Si en cada institución
pública o privada se tiene una actitud positiva y se pone
el trabajo como prioridad, en vez de perder el tiempo tan valioso,
tendríamos un país sumamente productivo.
En conclusión, nuestras vidas están basadas en
un grupo de valores. Éstos son transmitidos a nuestros
hijos dependiendo del interés de los padres y la sociedad.
Si botásemos la basura en su lugar, la ciudad estaría
más limpia. Si los adultos fuésemos más
cuidadosos con nuestro vocabulario, los niños aprenderían
a no decir palabras sucias. Si respetásemos el valor de
la cortesía en una obra cultural o evento religioso apagando
el celular, no se interrumpiría la función. Si
tenemos el valor de exigir y demostrar siempre la verdad, la
honestidad y el respeto, estoy segura que Panamá fuese
un mejor país.