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Miércoles | 26.01.2005
 
REGALO DE VALORES
 
Mgter. Ariadna Españó de Ponce
Consejería Psicológica
 
Reflexionando sobre la calidad de vida que proyectamos a la niñez y a la juventud de hoy, nos encontramos con una crisis de valores humanos. Un artículo anterior se elaboró sobre el valor de la tolerancia, entre los tantos valores y virtudes que debemos atesorar.
Fotos/KRT

La realidad en Panamá es que debemos trabajar más para retomar los valores y así para convivir mejor con los demás, como decían nuestros abuelos, los valores y virtudes son el honor de una familia.

Para empezar, los valores los aprendemos en casa, nacen de la familia donde nos desarrollamos. Las escuelas se encargan de reforzar los valores cívicos a través de actividades y eventos especiales. Como padres y madres de familia debemos y tenemos que seguir participando de este proceso de educación integral. Los valores como el amor, la tolerancia, la cortesía, la libertad, la justicia y el trabajo pueden ser transmitidos a diario; sin embargo, los ultrajamos cuando dejamos de ponerlos en práctica, ya sea por olvido, descuido o cuando consideramos que ya no son importantes.

El valor del amor. El 14 de febrero se celebra el Día del Amor. Podemos aprovechar esa inspiración para reforzar el valor del amor en la familia. Es una oportunidad para dar cabida al amor y asegurarnos que este mensaje llegue a nuestros seres queridos. Por ejemplo, cuando una familia se reúne a comer, el valor del amor se reafirma cuando cada miembro comparte las anécdotas del día.

En estos tiempos en que no hay tiempo para nada por la cantidad de cosas que tenemos en la agenda diaria, es difícil dedicarle atención individual a nuestros hijos y comunicarnos con ellos. No dejemos pasar los días sin darles un claro mensaje de amor. En otras palabras, hagamos algo a diario que lleve ese amor que les tenemos.


¿CÓMO PODEMOS HACER LA DIFERENCIA?


Lo ideal sería que con solo cinco minutos diarios podamos poner en práctica la siguiente actividad antes de dormir, preguntarle a su hijo (a):

¿Cuál fue el momento más feliz del día de hoy?

Su hijo (a) alegremente le contará su mejor momento. Luego usted le preguntará que fue lo más triste que le ocurrió en el día. El niño (a) recordará la experiencia triste. Mediante esta comunicación íntima uno puede percatarse del sufrimiento o estrés que pasó su hijo (a) y darle el amor y apoyo necesario. Luego usted compartirá sus momentos de alegría y de tristeza y su hijo (a) se dará cuenta de la parte humana que muchas veces ellos desconocen.

Los sentimientos existen y no podemos juzgarlos como buenos o malos. La comunicación ayudará a mejorar la relación con sus hijos y siempre será de un valor incalculable. El valor del amor es imprescindible, no podemos vivir sin él y para ser amado hay que saber amar.

El valor de la tolerancia. Además de ser sinónimo de paciencia, la tolerancia se refleja cuando le enseñamos a nuestros hijos a no reírnos de las incapacidades, imperfecciones o diferencias de las demás personas. Debemos reforzar la tolerancia mediante el respeto a las diferencias individuales.

Como en la historia del Jorobado de Notre Dame, en la cual se valora el interior de la persona y no su apariencia. ¿Podríamos apreciar ese valor en los demás? Si comenzamos con nuestros propios hijos reforzándoles lo siguiente: “Eres especial y te quiero tal como eres”. Otro ejemplo de tolerancia que podemos poner en práctica es el respeto hacia las diferentes culturas y religiones. “Yo acepto la tuya, y tú la mía”, nunca insultándose el uno al otro. Podemos utilizar los libros para buscar información acerca de un país o religión, podemos asistir a eventos de otras culturas o comer en algún restaurante étnico. Leer y conocer más acerca de las culturas y religiones nos hace más sensibles y tolerantes.

El valor de la cortesía. Debemos insistir en enseñar los buenos modales: Saludar, dar los buenos días o buenas tardes, dar gracias, pedir disculpas o perdón, abrir una puerta a una dama o ayudar a cruzar la calle al necesitado.

Es una falta de cortesía cuando no damos la oportunidad a los peatones de cruzar la calle en la línea de seguridad, lo mismo ocurre cuando nos estacionamos en la línea blanca de cruce peatonal solo por comodidad. Cuando manejamos nos damos cuenta de inmediato de la actitud de “juega vivo” de muchos panameños.

Si no reflexionamos cuando se cometen estas infracciones frente a nuestros hijos, el mensaje que directamente le estamos transmitiendo es “hijo (a) lo que estoy haciendo es correcto y cuando crezcas, haz lo mismo”. La cortesía es el reflejo de lo que consideramos que debiéramos recibir de las demás personas.

El valor de la libertad. Mucho se habla actualmente de dicho valor, pero no lo cuidamos como debe ser. El mismo depende mucho de la atención y obediencia a las normas. El escritor Richard Bach, en su libro Juan Salvador Gaviota, habla acerca del ideal de soñar con la libertad y vivir cada día para ser mejor.

El valor de la libertad es confundido muchas veces con libertinaje dándole libertades excesivas a nuestros hijos para ver ciertos canales de televisión donde hay violencia o pornografía, para salir a altas horas de la noche siendo muy jóvenes o para lucir ropa muy sexualmente provocativa. Ponemos en peligro el valor de la libertad al darles demasiados privilegios.

El valor de la justicia. Desde el punto de vista humano, la injusticia es cuando privamos a una persona de un derecho o una condición. Queremos que se haga justicia en el país y se acabe con la corrupción, este es un valor que nuestros hijos deben escuchar desde la infancia. La justicia es en esencia desinteresada y altruista. Necesitamos de un gobierno que se entregue de verdad para poder levantar al país económicamente, moralmente y culturalmente. Todos compartimos derechos y deberes, solo hay que ponerlos en la práctica.

El valor del trabajo. Es importante ya que es lo que nos lleva a superarnos como personas. Querer nuestro trabajo y hacerlo cada vez mejor, nos conduce a tener éxito. Hemos escuchado “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Esto nos enseña que debemos aprender a organizar el tiempo y las prioridades para lograr el objetivo. Si en cada institución pública o privada se tiene una actitud positiva y se pone el trabajo como prioridad, en vez de perder el tiempo tan valioso, tendríamos un país sumamente productivo.

En conclusión, nuestras vidas están basadas en un grupo de valores. Éstos son transmitidos a nuestros hijos dependiendo del interés de los padres y la sociedad. Si botásemos la basura en su lugar, la ciudad estaría más limpia. Si los adultos fuésemos más cuidadosos con nuestro vocabulario, los niños aprenderían a no decir palabras sucias. Si respetásemos el valor de la cortesía en una obra cultural o evento religioso apagando el celular, no se interrumpiría la función. Si tenemos el valor de exigir y demostrar siempre la verdad, la honestidad y el respeto, estoy segura que Panamá fuese un mejor país.
 
     
 
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