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Miércoles | 02.02.2005
DIME CON QUIEN ANDAS Y...
 
Por el doctor Edgardo Gaitán
 
El hombre es un animal social. El adulto es el producto de la presión que ejerció cada grupo al que se unió durante su vida. La presión grupal es tan poderosa que su influencia dura toda la vida. Es el mecanismo que favorece la educación como un valor importante para nuestra especie.

Los niños y adolescentes son fácilmente moldeables por las normas del grupo al que se integran. Las normas del grupo pueden estar determinadas de una manera formal como el reglamento de los niños exploradores o puede ser tácito como la omerta de la mafia.
Fotos/KRT

La presión del grupo para moldear al individuo opera a través de los castigos y de las recompensas. Aún en los niños puede verse que las críticas son en ocasiones crueles y mordaces. La jerarquía en el grupo se establece en muchas ocasiones a la fuerza. Existen mecanismos para degradar a algunos miembros; uno muy popular es el uso de motes o sobrenombres. Esto es así y podemos observar que los motes como el gordo, el flaco, el micho, pan de dulce y otros pueden llevarse a cuestas hasta la vida adulta.

En la adolescencia los cambios físicos propios de la edad producen otros motes o sobre nombres. Por ejemplo el acné severo puede haber producido cambios tan importantes en la personalidad debido a que generó el sobrenombre de cara de piña.

Sobra decir que esto dio origen a tal frustración y deseos de ser reconocido como alguien poderoso que todo nuestro pueblo terminó pagando el pato.

Otro de los mecanismos de “formación” del individuo dentro del grupo es el premio. La recompensa de acoplarse a los estándares del grupo es principalmente la aceptación como miembro de pleno derecho. En la infancia es la posibilidad de entrar como socio en “la casita del árbol” o como miembro del equipo para practicar un deporte. La identificación con el grupo se gana en los grupos de adolescentes normales al usar el peinado, la ropa, la música, la manera de hablar o caminar de los otros integrantes del grupo. Pero muchas veces la identificación se produce con la práctica de fumar, consumir licor, drogas o sexo.

La diferencia de cómo se comportará el grupo se establece desde su origen pues en unos grupos se establece una visión del grupo como un “espacio” o una oportunidad para llegar a ser hábil en algo como nadar o divertirse con alguna actividad como coleccionar monedas o postales.

Establecida la visión del grupo, se elabora, sobre ella, el reglamento de conducta. Por ejemplo: “Los lunes jugaremos béisbol en el cuadro de Barrio Belén y el sábado nos reuniremos en la piscina de César. Todos iremos con suéter verde”. También se establecen las exclusiones del grupo como por ejemplo: “en este equipo no se admiten niñas o niños menores de cinco años”.

El problema surge cuando la visión del grupo consiste en la dominación de un territorio, de otros grupos o el dominio de un mercado para colocar algún producto ilegal. Entonces surgen ideas tan peligrosas como las que esgrimen los gobiernos cuando pretenden defender la seguridad nacional, es decir, “todo se vale para lograr el propósito”.

Claro los mecanismos de identificación cambien acorde a esto, se imponen el uso de tatuajes, marcas, argot para hablar, el uso de un arma en particular.

Los grupos también se imponen exámenes de admisión. En el caso de los grupos positivos puede exigirse demostrar habilidad para practicar un deporte o por lo menos la buena voluntad para aprenderlo. En los grupos negativos la iniciación puede ser la comisión de un delito. Se dice que en algunas pandillas de Suramérica se tiene que matar un policía para ser admitido.

Maneras efectivas de manejar la presión de grupo

1. Reconozca el valor de cada persona.

2. Reconozca el valor de las diferencias entre las personas y enseñe a sus hijos que la diversidad es un recurso poderoso de la evolución de todas las especies incluso nuestra especie.

3. Favorezca la integración de sus hijos en grupos positivos que cuenten con una visión grupal ordenada, que propugne por el desarrollo personal y colectivo.

4. No se duerma en sus laureles. Siempre que le sea posible supervise que el grupo esté realmente apegado a la consecución de la visión original y que las reglas del grupo favorecen el crecimiento de una mentalidad más humana en los chicos.

5. Si no encuentra un buen grupo cerca de su residencia; fabrique uno. Es mil veces mejor que sus hijos y vecinos se integren en una modesta “birria” de barrio a que pertenezcan a los big leaguers de la más temible y perversa pandilla.

6. Favorezca que otras personas se integren y enriquezcan el grupo con sus habilidades y experiencias para que, de ser posible, el grupo perdure y pueda acoger a las generaciones futuras. (Pues si ahora te preocupan los hijos en unos años te preocuparan igual los nietos)

No olvides que la presión de grupo también ejerce sus efectos en los adultos y hasta en la tercera edad. Esta fuerza social nos hace abandonar recomendaciones, tratamientos científicamente comprobados y hasta las dietas.

Bien administrada puede impulsarnos a realizar ejercicios y deportes para mejorar el nivel de salud. Los grupos de lectura pueden inspirarnos a conocer las buenas obras de la literatura, y quién sabe hasta a escribir algún ensayo.

Es por eso que se integró la Escuela para Diabéticos, un grupo muy positivo orientado a todas las edades, pues de esa forma muchas personas intercambian sanas experiencias en el campo del cuidado de la salud.

Ahora sabes por qué el refrán dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
 
     
 
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