Nuestros hijos pueden decir: ¡Pero estamos en vacaciones!
Nos convencen de que hay que aprovechar el momento y tomamos
la opción de darles la libertad de disponer de su sueño
y hacer lo que quieran. Llega la hora de entrar al colegio o
la universidad y están más cansados de como estaban
al salir de los bimestrales unos meses antes. El efecto de cascada
se va acumulando y haciendo sus estragos, si no se toma en serio
esta realidad. ¿Qué podemos hacer? Hay que empezar
por reconocer la importancia del sueño para poder implementar
un plan que funcione con nuestros hijos.
El dormir es tan importante como comer en la ejecución
de las funciones vitales de nuestro cuerpo. Sin embargo, comúnmente
ignoramos esto y el mensaje que nuestros hijos reciben es que “dormir
no es importante”. La falta de sueño a la larga
puede traer consecuencias negativas para la salud, como por ejemplo,
estar más propensos a enfermedades debido a las bajas
defensas del cuerpo. Un niño de siete años que
en una noche sólo haya dormido seis horas, su falta de
sueño se reflejará en la conducta. Lo más
probable es que al día siguiente esté de mal humor,
irritado, tenga una pataleta y se comporte de una manera inapropiada.
El joven que sólo haya dormido cuatro horas no podrá funcionar
bien mentalmente debido al cansancio, no tendrá la motivación
ni las fuerzas para trabajar o desempeñarse adecuadamente,
limitando su productividad.
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Estudios
han demostrado la cantidad de horas necesarias según la edad para una adecuada salud
física y emocional en nuestros hijos. Por ejemplo,
un niño de dos años necesita 13 horas, una
niña de cinco necesita 11 horas, un chico de nueve
años necesita 10 horas, una chica de 14 años
necesita nueve horas y un joven de 16 años necesita
8 horas y media por noche (Ferber, 1985). |
Los adultos necesitamos dormir para poder trabajar y somos responsables
de las consecuencias si no obtenemos el sueño necesario;
un niño no tiene esa capacidad de control. Es por ello
que los padres debemos de tener un plan de acción para
mantener a nuestros hijos dentro de los márgenes recomendados
de horas de sueño según su edad.
Aunque estén de vacaciones, podemos hacer un plan junto
con ellos para garantizar que su salud no sea afectada. Hábleles
de la importancia de dormir y propóngales que ya se acerca
el colegio para que empiecen a educar al cuerpo a dormir lo que
es adecuado para ellos. Es aconsejable que el cambio se haga
gradualmente, acortando la hora de acostarse de 15 en 15 minutos
cada día hasta lograr la hora adecuada. Por ejemplo, una
niña de nueve años que se acostaba a la medianoche
deberá acostarse a las 11:45 p. m. el día siguiente,
luego a las 11:30 p. m. el próximo día y así sucesivamente.
Si nuestros hijos aprenden a dormir lo necesario, nos daremos
cuenta que su “estado de alerta” va ser mucho mejor
y que ellos aprovecharán al máximo los planes de
verano (clases especiales o diversión). Además
los buenos patrones de sueño afectan positivamente el
aprendizaje. Desde 1925 el doctor Lewis Terman (padre de la prueba
de inteligencia Stanford-Binet) publicó entre sus estudios,
que los niños más dotados eran los que dormían
más (Weissbluth, 1987). La interpretación de estos
datos es que entre más duerman nuestros hijos mejor será su
rendimiento escolar, incluso en aquellos con dificultades de
aprendizaje.
Todo
dependerá de lo interesados que estemos en
establecer patrones de sueño saludables en nuestros
hijos.
Si hacemos tiempo para otras cosas, debemos hacer del
sueño una prioridad
tan importante como el comer y visitar al médico cuando estamos enfermos. |
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Tomemos el tiempo para explicarles a
nuestros hijos la gran importancia del sueño y los resultados
serán muy favorables para el niño o el joven adolescente. |