ACTUALIDAD
  Reportaje especial
  Tecnología
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
   Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 
 
Miércoles | 16.02.2005
 
EL SUEÑO EN LAS VACACIONES
 
Ariadna Españó de Ponce
Psicóloga
 
¿Sabía usted de la importancia del sueño en los niños y adolescentes?

Las vacaciones de los niños y adolescentes son épocas donde usualmente no se mantiene una rutina de sueño como cuando están en el colegio. En general, los jóvenes se acuestan a altas horas de la noche y mantienen un ritmo de actividad donde no descansan lo suficiente. Los niños tienden a acumular el déficit de horas necesarias de sueño, obteniendo como resultado una resistencia al sueño lo que produce un “efecto de cascada”: Entre menos horas duermen, más difícil es conciliar el sueño.

Lo que finalmente se traduce en un dañino círculo vicioso.
Fotos/KRT

Nuestros hijos pueden decir: ¡Pero estamos en vacaciones! Nos convencen de que hay que aprovechar el momento y tomamos la opción de darles la libertad de disponer de su sueño y hacer lo que quieran. Llega la hora de entrar al colegio o la universidad y están más cansados de como estaban al salir de los bimestrales unos meses antes. El efecto de cascada se va acumulando y haciendo sus estragos, si no se toma en serio esta realidad. ¿Qué podemos hacer? Hay que empezar por reconocer la importancia del sueño para poder implementar un plan que funcione con nuestros hijos.

El dormir es tan importante como comer en la ejecución de las funciones vitales de nuestro cuerpo. Sin embargo, comúnmente ignoramos esto y el mensaje que nuestros hijos reciben es que “dormir no es importante”. La falta de sueño a la larga puede traer consecuencias negativas para la salud, como por ejemplo, estar más propensos a enfermedades debido a las bajas defensas del cuerpo. Un niño de siete años que en una noche sólo haya dormido seis horas, su falta de sueño se reflejará en la conducta. Lo más probable es que al día siguiente esté de mal humor, irritado, tenga una pataleta y se comporte de una manera inapropiada. El joven que sólo haya dormido cuatro horas no podrá funcionar bien mentalmente debido al cansancio, no tendrá la motivación ni las fuerzas para trabajar o desempeñarse adecuadamente, limitando su productividad.

Estudios han demostrado la cantidad de horas necesarias según la edad para una adecuada salud física y emocional en nuestros hijos. Por ejemplo, un niño de dos años necesita 13 horas, una niña de cinco necesita 11 horas, un chico de nueve años necesita 10 horas, una chica de 14 años necesita nueve horas y un joven de 16 años necesita 8 horas y media por noche (Ferber, 1985).

Los adultos necesitamos dormir para poder trabajar y somos responsables de las consecuencias si no obtenemos el sueño necesario; un niño no tiene esa capacidad de control. Es por ello que los padres debemos de tener un plan de acción para mantener a nuestros hijos dentro de los márgenes recomendados de horas de sueño según su edad.

Aunque estén de vacaciones, podemos hacer un plan junto con ellos para garantizar que su salud no sea afectada. Hábleles de la importancia de dormir y propóngales que ya se acerca el colegio para que empiecen a educar al cuerpo a dormir lo que es adecuado para ellos. Es aconsejable que el cambio se haga gradualmente, acortando la hora de acostarse de 15 en 15 minutos cada día hasta lograr la hora adecuada. Por ejemplo, una niña de nueve años que se acostaba a la medianoche deberá acostarse a las 11:45 p. m. el día siguiente, luego a las 11:30 p. m. el próximo día y así sucesivamente.

Si nuestros hijos aprenden a dormir lo necesario, nos daremos cuenta que su “estado de alerta” va ser mucho mejor y que ellos aprovecharán al máximo los planes de verano (clases especiales o diversión). Además los buenos patrones de sueño afectan positivamente el aprendizaje. Desde 1925 el doctor Lewis Terman (padre de la prueba de inteligencia Stanford-Binet) publicó entre sus estudios, que los niños más dotados eran los que dormían más (Weissbluth, 1987). La interpretación de estos datos es que entre más duerman nuestros hijos mejor será su rendimiento escolar, incluso en aquellos con dificultades de aprendizaje.

Todo dependerá de lo interesados que estemos en establecer patrones de sueño saludables en nuestros hijos.

Si hacemos tiempo para otras cosas, debemos hacer del sueño una prioridad tan importante como el comer y visitar al médico cuando estamos enfermos.

Tomemos el tiempo para explicarles a nuestros hijos la gran importancia del sueño y los resultados serán muy favorables para el niño o el joven adolescente.
 
     
 
¡ESCRÍBENOS TUS COMENTARIOS AQUÍ!
   
     
 
 
PUBLICIDAD
 
 
© Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá