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Foto/KRT |
La agresividad es una respuesta adaptativa para afrontar de manera positiva
situaciones peligrosas.
Pero la violencia es una acción u omisión innecesaria y destructiva
de una persona hacia otra.
Los agresores no son personas con características desagradables, ni desequilibrados
mentales; tampoco es exclusivo de una clase social.
Aunque no es posible generalizar sobre las características de los agresores,
diversos estudios han encontrado que existen ciertas situaciones o vivencias
específicas comunes a la mayoría de las personas agresoras.
Estas personas suelen haber sido víctimas de maltrato y han adoptado esta
forma equivocada de relacionarse.
Otros han sido testigo de maltratos dentro de sus hogares; aunque ellos no hayan
sido maltratados, pero han sido mudos testigos de ello.
Las personas violentas, y en particular los hombres violentos, encuentran en
nuestras sociedades el apoyo para actuar como lo hacen.
Muchos desean tener un poder absoluto sobre su pareja controlándola de
tal manera que interfieren hasta en la forma de pensar de la misma y la consideran
como una posesión a la cual tienen derecho. (Espada y Torres, 1996)
Los maltratadores suelen tener una imagen muy negativa de sí mismos, una
baja autoestima; pueden sentirse fracasados como personas.
Por ello actúan de forma violenta y amenazadora. Son celosos de forma
excesiva o patológica y quieren ser los únicos que reciban atención
por parte de sus parejas y están temiendo siempre de ser abandonados.
Estas personas crean relaciones sociales de competencia, lo mismo que en los
deportes, ya que de esta manera pueden demostrar su poder y hegemonía
y están dispuestos a apoyar todo pensamiento o creencia sobre la supuesta
superioridad del hombre sobre la mujer.