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Foto/KRT DIRECT |
A la vez que existen mujeres maltratadas y niños maltratados, existen,
aunque en menor grado, hombres maltratados. Pero la violencia intrafamiliar no
solo se da en hogares heterosexuales; en parejas homosexuales también.
En la mayoría de los casos (95%) es la mujer la que es agredida por el
hombre, razón por la cual casi siempre hablamos del agresor.
Existe una teoría que sostiene que el 27% de las mujeres maltratadas permanece
con su pareja porque sufre las mismas reacciones psicológicas que los
prisioneros de guerra o víctimas de secuestro.
A esto se le conoce como el Síndrome de Estocolmo, en el cual una persona
amenaza de muerte a otra y parece capaz de llegar al extremo de matar.
La víctima no puede escapar y su vida depende de la persona que lo ha
hecho prisionero. Esta persona se muestra cariñosa y violenta al mismo
tiempo, creando una dependencia de la víctima por el agresor.
Para detectar a la víctima de maltrato, un equipo de investigadores del
Centro Médico de Salud de Denver, Colorado, en 1994 diseñó un
cuestionario con tres preguntas para detectar a mujeres maltratadas en el cuarto
de urgencias.
Con estas preguntas se logró detectar el 71.4% de los casos de mujeres
maltratadas, aunque éste no era el único examen a que dichas mujeres
eran sometidas.
Esta prueba se conoce como Test de violencia en la pareja.
1.- Le ha golpeado alguien de alguna forma (bofetada, patada, etc.) en el último
año? Si ha sido así, ¿quién lo hizo?
2.- Se siente a salvo en su relación de pareja actual?
3.- Existe algún ex marido o ex compañero que le haga sentir insegura?
(Estudio publicado en 1997 en el Journal of the American Medical Association)
Lo ideal para detener la violencia doméstica, además de denunciarla,
es buscar un programa especialmente elaborado para agresores. No es solamente
la cárcel o la amenaza de llevarse preso a un individuo, lo que puede
terminar con el maltrato.
Es bien sabido que estas personas al salir de las cárceles, si es
que van, regresan a buscar a sus parejas y las agraden nuevamente.
Es necesario que ingresen en un programa dirigido a hacerle comprender cuándo
y por qué son violentos (David Adams, médico norteamericano
creador del primer programa de tratamiento para agresores en Massachussets).