 |
Foto/KRT DIRECT |
Este tema quizás les parezca extraño. Pero es muy importante.
La mayoría de las veces no reconocemos el sentimiento que hay detrás
de un comportamiento determinado. Muchas veces lo que hacemos es una descripción
de la manifestación física, pero no de lo que sentimos.
Cuando manifestamos una conducta y podemos darle un nombre, reconocemos un sentimiento.
Por ejemplo: no tengo hambre, prefiero quedarme en casa que salir con los amigos,
prefiero estar sola, etc. nos da a entender que esa persona no está de
humor; y decimos entonces que está triste.
Podemos observar un niño tirar los juguetes o patear una puerta; decimos,
está enojado. El reconocimiento de "el sentimiento" ayuda a
la persona a poder indagar por qué se siente de esa manera, qué le
causa esa tristeza o esa alegría o esa frustración.
Al hacerlo podemos entonces darle un matiz diferente incluso al comportamiento.
En la mayoría de los casos vemos que al no saber diferenciar lo que pasa,
tampoco sabemos la causa ni cómo lograr buscar una solución.
Cuando logramos saber cómo nos sentimos, entonces buscamos el por qué y
luego las situaciones van tomando forma y se puede llegar a una solución
de lo que nos lleva a sentirnos de tal o cual manera, o en muchos casos, podemos
buscar ayuda.
Desde pequeños, podemos enseñarle a los niños a darle nombre
a lo que sienten. Así también podrán expresarnos mejor con
palabras y no con conductas no deseadas la situación por la cual están
pasando y nosotros como padres podremos ayudarles de una forma más efectiva.
Al reconocer el sentimiento, nos damos permiso a sentirnos así; entendemos
que como seres humanos es normal que sintamos rabia, tristeza, alegría,
melancolía, frustración, etc. Lo importante es cómo manifestamos
ese sentimiento y saber controlar nuestra conducta para evitar luego mayores
consecuencias o herir los sentimientos de las personas que nos rodean.