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Foto / LA PRENSA/ARCHIVO |
La mayoría de los seres humanos hemos pasado por el proceso de enamoramiento,
el cual ocurre, a veces repetidamente a lo largo de nuestra existencia. Algunos
rememoramos el primer beso, la primera cita y las canciones románticas
que nos acompañaron en esa época.
El proceso de enamoramiento inicia con un sentimiento de simpatía por otra
persona, lo que luego se convierte en atracción.
Durante esta etapa, idealizamos a la persona objeto de nuestra simpatía;
la transformamos dándole cualidades casi divinas. Incluso tendemos a pensar
que es y será la única persona que nos puede hacer felices; es entonces
cuando decimos "nos flecharon". Esta etapa anteriormente descrita es
el inicio de lo que debe pasar a otra etapa en el proceso de evolución
afectiva con el cual se obtiene un amor más maduro que implica el respeto,
la independencia y la fidelidad .
Hay personas que durante este proceso, no logran superar la etapa inicial y se
obsesionan por la persona o por la relación, dando como resultado la adicción.
Dentro de estos parámetros podemos encontrar personas inseguras y dependientes.
Se aferran a la relación o a la persona como si fuera su única salvación
e incluso se llega a distorsionar el sentido de la realidad. Este tipo de adicción
hace sufrir mucho a la persona que lo padece ya que manifiesta miedo al abandono,
al rechazo y a la crítica de la persona amada. Dentro de las características
de estas personas podemos encontrar que son posesivas y muy celosas, con manifestaciones
de baja autoestima. Este puede ser el caso de las personas que se encuentran sumergidas
en una relación de maltrato o violencia intrafamiliar.
Como ejemplos de algunas formas de adicción al amor podemos mencionar:
- Adicción a una persona: la cual puede ser un hijo, el amante o esposo
en la cual la persona siente que no puede vivir sin la otra.
- Adicción a una relación: son las personas que entran y salen de
una relación a otra de forma repetitiva.
- Adicción al romance: sueñan con romance y pasión, con rituales
cargados de fantasías, buscan la conquista para luego aburrirse y buscar
otra (Don Juan).