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Viernes| 29.09.2005
 
LA SEXUALIDAD DEL NIÑO Y NIÑA EN EDAD ESCOLAR
 
Por: Lourdes Berrocal de González
Terapeuta familiar y de pareja
 

Fotos/KRT Direct
Hacia los seis y siete años de edad los niños y niñas comprenden las diferencias anatómicas entre los sexos y de paso tienen cierta modestia en cuanto a exponer sus cuerpos.

La actitud de los padres en cuanto a la desnudez influye directamente en la conciencia de sus hijos. Muchos niños juegan al doctor o a la casita con el ánimo de curiosear, actividad típica de la edad.

De acuerdo con Masters y Johnson (en Sexo y el amor humano) algunos de estos juegos pueden incluir: inspeccionar los genitales de otros niños, tocarlos, besarlos, rozarlos e incluso insertarle objetos a la vagina o al ano.

Esta experimentación sexual incluye actividades con niños del mismo sexo u opuesto. Parte de esta conducta es la de buscar conocimiento (Qué tan diferente soy de los demás? y Qué tan diferentes son las personas del otro sexo?). Por otra parte, este comportamiento tiene el propósito de evaluar lo prohibido y ver qué puede suceder, qué puede encontrar, cómo reaccionará la otra parte y otros comentarios. ¡No hay nada como aprender de lo prohibido vs aprender de material de fácil acceso!

Estos juegos de niños son prácticamente universales, aunque la mayoría de los adultos no lo recuerda.

De acuerdo con el investigador australiano Ernest Borneman estas primeras experiencias sexuales se bloquean, casi como una amnesia selectiva, de tal forma que los padres quedan espantados cuando encuentran a sus hijos involucrados en estas actividades.

Muy probablemente lo experimentaron, pero han bloqueado la experiencia. Aunque sin muchas bases para sustentar esta teoría la sugerencia de Borneman resulta interesante.

Los juegos sexuales en la niñez no son psicológicamente dañinos bajo condiciones "normales" e incluso contribuyen como una experiencia psicológica de gran valor para el desarrollo de los mismos.

Sin embargo, la reacción de los padres sí puede influir de manera negativa. Para el niño o la niña sólo está jugando; mientras que para el padre o la madre que encuentra al niño masturbándose o jugando con otros niños la palabra “sexo” es lo primero que viene a su mente.

Aquel padre o madre que amenaza por el "mal" comportamiento está activando en el niño el miedo; aquel que habla de que lo que hace es sucio puede sembrar la semilla inadecuada de la sexualidad desde muy temprano y además perdurará hasta la adultez.

A lo cual deseo referirme a la doble moral. En casa se castiga la conducta, pero en la escuela a los niños se les felicita si se atrevieron a "jugar" de esa manera con otras niñas: "qué bueno está, empezando temprano" se suele escuchar. Y a medida que se acercan a la pubertad se refuerza aún más.

A medida que continúan creciendo los niños y niñas aprender a seguir las reglas adultas de no "jugar a aquel juego" públicamente, pero el mismo puede continuar.

De allí que la próxima semana el tema sea “Hablando sobre sexualidad con nuestros hijos e hijas”.

 
 
 
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