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Fotos/KRT Direct |
La mayoría de los adultos termina por casarse. La novedad de los primeros
días del matrimonio se disipa en el proceso de aprender a convivir con
otra persona (léanse hábitos y malas mañas) y también
se debilitan algunos sueños de conquistar el mundo, transformándose éstos
en la realidad práctica de cada día y en donde el sexo es menos
excitante y algunas veces poco gratificante.
De lo anterior entendemos porque muchas parejas reportan un declive de la frecuencia
sexual en los primeros años de matrimonio.
La paternidad/maternidad brinda menos privacidad, más demandas e incluso
agotamiento. Es difícil excitarse después de estar corriendo todo
el día detrás de un niño de dos años o después
de trabajar 14 horas en la oficina.
El embarazo en sí influye en la actividad sexual de la pareja, aun cuando
no tiene un efecto uniforme en los sentimientos o el funcionamiento sexual.
Para algunas mujeres el embarazo es un momento de una alta conciencia sexual
y mucho placer sensual, mientras que para otras no hay cambios o por el contrario
declina enormemente su actividad sexual.
Algunas parejas se sienten incómodas por el abultado abdomen de la esposa
o por temor de causarle daño al bebé, lo cual trae como consecuencia
una abstinencia voluntaria.
Otras parejas, por el contrario, se ajustan a los cambios practicando nuevas
posiciones sexuales o recurren a juegos sexuales no coitales para resolver el
problema de una manera más sencilla.
Existe una variación de patrones de comportamiento sexual durante el primer
trimestre del embarazo. Por ejemplo, las mujeres que experimentan náuseas
temprano en la mañana y altos niveles de fatiga reportan perder el interés
en el sexo y una baja frecuencia de actividad sexual, otras experimentan exactamente
lo opuesto.
Durante el segundo trimestre del embarazo, 80% de las mujeres experimenta un
aumento de la sexualidad tanto en su deseo como en su respuesta sexual.
En el último trimestre hay un descenso típico en la frecuencia
de las relaciones. Algunas mujeres se aferran a la creencia de que son menos
atractivas, lo cual los esposos niegan, pero éstos temen por la condición
del bebé y de poder causarle daño.
Algunas recomendaciones para considerar si la sexualidad durante el embarazo
puede causarle daño al bebé:
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Mujeres que han tenido historia de abortos o cuyos embarazos han sido de alto
riesgo deben consultar con sus ginecólogos debido a que las contracciones
del útero resultado del orgasmo pueden ser de cuidado.
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Si ocurre un sangrado vaginal o uterino durante el orgasmo requiere del visto
bueno del médico para continuar manteniendo las relaciones.
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Aire empujado fuertemente hacia dentro de la vagina durante el sexo oral puede
producir embolia si las burbujas de aire penetran la corriente sanguínea.
Si no hay inserción de aire no deben existir problemas.
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Si existen membranas rotas se pueden transmitir infecciones al feto.
Aparte de lo anterior, el sexo durante el embarazo suele ser bastante seguro
para el feto y la madre.
Próxima semana: El primer divorcio
en el adulto joven.