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Fotos: KRT/Direct |
Algunos lectores han manifestado mi inclinación a escribir solamente del hombre como ofensor y de las mujeres como víctimas de la violencia doméstica. Sin embargo, deseo aclarar que el porcentaje estadístico de casos reportados es más de 90% cometidos contra la mujer. Dejaremos que el restante 10% de los casos de violencia contra los hombres sea abordado por otros especialistas sobre el tema. Gracias por su comprensión.
Para finalizar sobre este tema quisiera abordar el tema de los aspectos emocionales relacionados con el hombre ofensor para que podamos entender el por qué de su actuar y se le pueda brindar ayuda también. Mónica Liliana Domen en Violencia masculina en la pareja (2002) señala la baja autoestima del hombre afirmada a través de su conducta violenta.
El agresor se siente a salvo bajo la mirada de los demás dentro de la privacidad de su casa, es decir en el ámbito privado. En los demás espacios resultan ser hombres que no se atreven a decir lo que desean, temen o necesitan. Es así como la violencia que no aparece en estos espacios explota en el doméstico-intrafamiliar.
Los hombres violentos necesitan una mujer que cubra la sensación de sentirse disminuidos y así negar su baja autoestima. Aunado a lo anterior está su inseguridad y dependencia. Por ejemplo, son hombres controladores y en extremo celosos. Requieren controlar a su pareja, ya que temen ser abandonados por ésta y sienten que perderían una parte de sí mismos.
Hablando sobre la celotipia como parte del perfil psicológico del hombre violento deseo agregar que estos hombres acusan a sus parejas de manera inquisidora y de manera obsesiva y vigilan permanentemente los movimientos de éstas. Por temor a como dije ser abandonados, de que sus esposas se vayan del hogar o terminen la relación. Esta conducta puede llevarlos a perseguir a su esposa a todo lugar donde esta se encuentre, interrogar a los hijos, escuchar sus llamadas telefónicas para controlar sus actividades. El hombre agresor se torna tan posesivo que hostiga a su esposa con métodos de presión amenazándola con la muerte o su suicidio si lo abandona, la visita de manera inesperada en la casa o el trabajo, insiste en acordar encuentros y manipular a los hijos.
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El agresor sabe que tiene pocas posibilidades de retener a las mujeres, con lo que, en consecuencia, muestran una auto imagen negativa, sin poder sostenerse con la caracterización estereotipada masculina. Por eso es que las embaraza, para retenerlas y conservarlas por el hijo, y logra así su objetivo de tener una mujer al lado que cambie su imagen y le aporte connotaciones positivas, al menos en la presentación externa, es decir para mantener su doble fachada.
El hombre que arremete muestra una inhabilidad o incapacidad en comunicarse y poder resolver los conflictos de otra manera que no sea violenta. Explican a través de sus racionalizaciones el por qué de su conducta ("ella me provocó…").
Además, es un hombre con miedo a perder a su pareja debido a que es inseguro y dependiente. Piensan que un verdadero hombre no puede permitir que su matrimonio no funcione o que la pareja lo abandone, ya que no puede verse como un ente separado de su cónyuge.
Lamentablemente el ofensor no busca ayuda por temor a compartir sus sentimientos, ya que puede parecerle femenino el hablar de los mismos con otras personas y de que su masculinidad sea cuestionada producto de una sociedad que refuerza y estereotipa la conducta violenta en los hombres.
Próxima semana: Mejorando la comunicación con mi pareja.