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Martes | 04.01.2005
 
DIETA: MITOS Y VERDADES
 
Por la doctora Julissa Rodríguez Dufau
Cirujana vascular periférica

E-mail: julyssar@cableonda.net
 
Vivimos en un mundo social. La opinión de los seres que nos rodean, así tengan o no que ver con nosotros, cuenta de manera importante en lo que pensamos, creemos, queremos y buscamos para nosotros. Al menos es así para una parte importante de la población. La publicidad que se hace sobre la figura perfecta, la mujer y el hombre perfecto, crean una sensación de imperfección a la aparición del más mínimo rollito o cúmulo de grasa en nuestro cuerpo, creándose así un círculo vicioso difícil de dejar.
Fotos/KRT
 

En este círculo vicioso caen muchos: Tengo que perder peso, pero quiero perderlo de la manera más fácil, sin ejercicios, sin dietas, sin esfuerzo alguno. Y aquí entran, entonces, los productos dietéticos y máquinas que ofrecen cuerpos esculturales, iguales a los que nos presentan en las portadas de las revistas.

Tenemos como modelos a alcanzar, mujeres esqueléticas que muchas veces distan de ser personas saludables; sin embargo, las marcas de ropa siguen este prototipo, creando modelos específicamente para mujeres tipo “percha”, y lanzando en los últimos años, como si hubieran hecho un gran descubrimiento, la ropa para mujeres rellenitas o “tallas grandes” (grupo en el que cae una gran cantidad de la población femenina) y no precisamente son tallas gigantes. Le llaman tallas grandes a las tallas 9-10 al 13-14, que usan gran cantidad de mujeres.
 
¿QUE ESTA PASANDO? ¿POR QUE TANTA ABERRACION CON RESPECTO A LA DIETA, EL PESO Y LA SALUD DERIVADA DE LA COMBINACION DE AMBOS FACTORES?
 
Empezaremos por definir la palabra dieta. Dieta (del griego díaita, régimen de vida) se define como el empleo metódico de lo necesario para conservar la vida. También se define como la alimentación ordinaria, líquida y sólida.

Otra definición es el empleo razonado de determinadas sustancias alimenticias en el sujeto sano y en el enfermo. Como vemos, lejos de lo que se tiene acostumbrado, la palabra dieta se refiere a todo lo que ingerimos para alimentarnos, sean estos alimentos considerados sanos o no. Sin embargo, el término ha sido utilizado para denotar la necesidad de pérdida de peso y de la restricción alimentaria para alcanzar este fin.

Si bien es cierto que la obesidad y el sobrepeso (como solía ser en tiempos pasados) no se relaciona con salud, no implica tampoco que la persona con una contextura alejada del prototipo delgado, establecido en las últimas décadas como lo socialmente aceptado, sea sinónimo de enfermedad.

Es importante recordar que cada individuo tiene, por herencia genética, una contextura predeterminada. Por consiguiente, cada sujeto pertenecerá a uno de los tres tipos existentes: Ectomorfos, mesomorfos, endomorfos.

El ectomorfo es aquel sujeto que presenta una contextura fina, frágil, delgada.

El endomorfo es el sujeto que presenta una contextura robusta, siempre luce rellenito, aún se encuentre delgado.

El mesomorfo es el término medio, ni muy frágil (físicamente) ni muy robusto. Basándonos en esto, podemos estar seguros que, por más peso que pierda una persona endomorfa, no podrá lucir fino o frágil como una persona ectomórfica.

Este es uno de los primeros mitos que nos venden: usas mis pastillas y te verás justo como la chica del frasco; o usas mi máquina maravillosa solo 5 minutos por día, y en 15 días obtendrás un escultural cuerpo como los modelos presentados en la propaganda. Gran falacia en la que cae mucha gente.

La dieta, definitivamente, debe ser una palabra que tengamos presente en todo momento. Pero no relacionada con pérdida de peso, estableciendo un régimen de hambre que no soportaría ni el propio Gandhi.

La dieta de todo individuo debe ser balanceada, y es en esta palabra en la que reposa el gran secreto de mantenernos saludables. Una dieta balanceada, en la que se incluyan todos los elementos básicos de la alimentación (carbohidratos, proteínas y grasas) es justamente lo que se necesita para mantenernos saludables.

Lejos de beneficiarnos siguiendo dietas bajas (extremadamente) en calorías que eliminan totalmente las grasas o basadas en la ingesta indiscriminada de proteínas y grasas, con la eliminación de los carbohidratos, estamos creándonos un serio problema de salud.

El organismo de todo individuo tiene lo que se conoce como metabolismo basal, que no es más que la cantidad de energía que requiere el cuerpo en reposo para llevar a cabo las funciones básicas de la vida como respirar, hacer circular la sangre, mantener la temperatura corporal, etc.

El metabolismo basal depende de varios factores: edad, talla, sexo, la actividad física desarrollada y el tipo corporal del individuo. Así, vemos que una persona sedentaria presentará un metabolismo basal menor que una persona físicamente activa o que se ejercite.

Al final, la ingesta de un chocolate en la primera podría significar mayor cantidad de grasa acumulada que en la segunda persona, que requiere más energía para sus funciones vitales en estado basal. Por esto, se considera necesario el ejercicio físico, pues activa y eleva el metabolismo basal, además de mantener nuestro sistema cardiovascular en condiciones óptimas.

Una vez nos concienciemos de las necesidades que tenemos con respecto a la alimentación, debemos establecer un plan de alimentación, permanente, que será la base de una vida sana, saludable.

Craso error el de seguir planes o dietas de diversas clases para perder peso de manera rápida, que a la larga nos harán caer en la famosa dieta del “yoyo”, en la que bajamos peso, pero lo recuperamos con creces una vez dejamos el plan de alimentación con el que conseguimos bajar esas libras. Y a la larga, el desequilibrio metabólico que creamos es funesto para nuestro organismo.

¿Para qué matarnos comiendo una rebanada de pan integral tostado y una taza de café sin crema ni azúcar en el desayuno, dos granos de arroz, con una onza de pollo en el almuerzo, y una manzana con una taza de té en la cena por dos semanas, si en dos meses, cuando veamos la pérdida de peso (que realmente fue por inanición) la ingesta de alimentos con grasa o carbohidratos, como premio por nuestro esfuerzo, serán el detonante para iniciar el descenso de lo logrado? Lo más sano y recomendable sería establecer un plan de alimentación, que a la larga será costumbre, en la que se incluyan todos los grupos básicos de manera balanceada que, asociado con ejercicios, sean la base de una vida sana permanente.

Puede seguir toda clase de dietas para perder peso, someterse a las cirugías que quieras, tomar las pastillas que sean; en fin, utilizar el método que más le llame la atención como posible para perder peso de manera rápida. Sin embargo, ninguno de estos métodos funcionará o le ofrecerá resultados permanentes si no se acompaña por una adecuación de la ingesta de alimentos y el establecimiento de un plan de ejercicios.

Realice una liposucción hoy y luzca un bello cuerpo por un par de meses, que es todo lo que le durará la magia si no lo acompaña de ejercicios y dieta sana para mantenerlo. Mátese de hambre por dos o tres meses y baje lo que engordó en estas fiestas de Navidad; pero si no establece una alimentación variada y permanente, que cubra las necesidades de todos los grupos básicos, en seis meses pesará igual o más de lo que pesó el 3 de enero, luego de las fiestas de fin de año. Como ya dije, es cuestión de acostumbrarse. Acostumbrarse a comer de todo, pero en las cantidades adecuadas y sin excesos.

Los alimentos que ingerimos son la fuente de energía de nuestro organismo.

El organismo toma de los alimentos la “gasolina” para funcionar. El resto o lo que no se utilizó, se guarda o acumula en forma de grasa. Claro está, mientras más comamos, mayor cantidad de grasa acumulada podríamos tener. He aquí otra razón por la cual debemos elegir correctamente los alimentos que ingerimos.

Quiere decir esto que no podemos comer pizza, pastas, y tantas cosas ricas que, por lo general, contienen gran cantidad de grasa y carbohidratos? No.

Podemos comer de todo, pero de manera balanceada. Debemos balancear los ingredientes de la pizza con el resto de los alimentos que comamos.
 
DE TODO LO MENCIONADO, PODRIAMOS HACER UNA LISTA DE VERDADES Y MITOS SOBRE LA DIETA:

La dieta, lejos de relacionarse con pérdida de peso, se refiere a todas y cada una de las cosas que se deben incluir en nuestro diario comer para vivir.

La pérdida de peso permanente no se consigue siguiendo ninguno de los cientos de regímenes establecidos por la moda para ello. Una dieta balanceada, creada para cada individuo dependiendo de su contextura y necesidades, y el ajuste de la misma en caso de necesitar bajar el peso, es lo indicado y adecuado.

Un régimen de hambre y pastillas no es la solución para obtener un cuerpo delgado, de revista. Podrá ayudarnos, en un momento dado, a alcanzar nuestra meta, con altas probabilidades de recuperar todo lo que en algún momento hayamos perdido.

La delgadez extrema no es sinónimo de salud. Sino piense, ¿por qué se presentan infartos en personas delgadas?

No basta solamente comer ensaladas y frutas para bajar de peso. El ejercicio físico es muy importante, pues es el factor que activará el metabolismo (incluyendo el basal) del individuo, además de ayudarnos a mantener un sistema cardiovascular en óptimas condiciones.


Debemos aprender a querernos tal cual somos. Hay cosas más importantes que el aspecto físico (y no con esto quiero decir que el aspecto físico no importa) como la inteligencia, la creatividad, el talento y la simpatía. Aprenda a aceptarse tal cual es, aprenda a aceptar a los demás sin fijarse meramente en el aspecto externo del individuo y despréndase de los mitos que se han ido creando a lo largo de la historia.

Y lo más importante es recordar que debemos comer para vivir y no vivir para comer.
 
     
 
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