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Martes
| 08.03.2005
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¡PRÉSTAME
TU DIETA!
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| Por
el doctor Edgardo
Gaitán |
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“¡Mujer, estás
flaca!, ¡préstame tu dieta!”,
fue lo que le dijo Julia a su amiga Cristina. Julia
es una chica encantadora de solo 23 años,
pero con 24 libras arriba del peso que le gustaría
tener. Y eso es lo que muchas amistades le dicen
a Cristina cuando la encuentran. Ella tenía
35 libras de más hace unos meses atrás.
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Fotos/KRT
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Ahora Cristina luce radiante,
vital, llena de energía
y deseos de realizar todas las cosas que se estuvo perdiendo
por años. ¡Claro! Cuando tienes el peso correcto
todo tu organismo funciona mejor, la presión sanguínea,
el nivel de azúcar y grasas en la sangre mejoran. El corazón
y los pulmones realizan su trabajo con plenitud. Todo eso mejora
la función cerebral y por tanto el estado de ánimo.
De la misma forma las rodillas y los pies no duelen para caminar
ni para bailar. De manera que ahora todos quieren tener la apariencia
de Cristina y el “secreto” que hizo eso posible.
Pero es importante que reconozcas que una dieta o, más
científicamente dicho, “un plan de alimentación”,
es una herramienta altamente personalizada, ajustada, calculada
a las metas, necesidades, características físicas
y de personalidad, a las posibilidades biológicas y económicas
de la persona, incluso debe tener en cuenta las discapacidades
y enfermedades que puede tener la persona.
Sin embargo, muchas “solicitudes de préstamos de
dieta” se escudan en excusas como falta de dinero o tiempo
para asistir con los expertos en control de peso.
Esto solo esconde muchas veces “falta de conocimiento” en
el tema del control de peso o “falta de interés
en su propio bienestar” y se recurre a lo más fácil
para después tener la excusa ante el fracaso diciendo “¡pero
ya hice dieta!”.
Usar
una herramienta tan finamente sintonizada con una
persona
en otra diferente, trae consecuencias desagradables
y hasta funestas en muchas ocasiones. Por si no
lo sabes, una dieta incorrecta le produce a las
personas
cosas tan diversas como anemia por falta de hierro,
debilidad, palidez enfermiza, arrugas faciales,
pellejos colgantes en las áreas que logren perder grasa,
calambres y entumecimiento por desequilibrios de
las sales corporales, piel reseca, gastritis, deficiencias
vitamínicas, mal carácter. |
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En los hombres a menudo produce disfunción sexual o por
lo menos tienen menos deseos y número de relaciones sexuales.
En las mujeres vemos frecuentemente irregularidades menstruales,
pérdida del cabello y hasta caída de los senos
y nalgas.
RECOMENDACIONES
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1-
Analiza tu situación, escribe el resultado
para no olvidarlo. Examina tus posibilidades
y habilidades para seguir las recomendaciones
de
un profesional.
2- Si en realidad no tienes mucho tiempo, anota
todo tu consumo, durante por lo menos dos semanas:
el tipo de comida, la cantidad, la hora del
consumo y la
cantidad de actividad física que realizaste cada día.
3- Anota también la puntuación de la escala de ansiedad de SYSSA
que sentías a la hora de cada comida.
4- Discute tus deseos con un profesional y formula “metas” que se
puedan alcanzar con los recursos económicos, físicos y emocionales
que estés dispuesto a utilizar para lograrlas.
Bueno, por último, te diré que este proceso debe realizarse durante
toda tu vida para que realmente conserves un buen peso (se admiten leves oscilaciones
del peso). ¡Ese es el secreto de Cristina! |
Si abandonas
este sistema estarás expuesta a lo que
le pasó a Marina, una amiga de Cristina que bajó cerca
de 25 libras antes de su boda y subió 28 para el final
del crucero de luna de miel. Claro, al regreso, el novio,
desencantado, quería ponerle una demanda por producto
engañoso en la CLICAC.
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ESCALA DE ANSIEDAD ALIMENTARIA SYSSA |
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PUNTOS |
PSICOLÓGICOS
|
FÍSICOS |
1 |
Tranquila, reposada.
En paz contigo misma. |
No síntomas físicos.
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2 |
Tranquilo, pero algo no especificado
Te
perturba levemente tu concentración. |
No síntomas físicos. |
3 |
Dificultad para concentrarse, inquietud.
Pensamiento repetitivo en comida.
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Síntomas físicos leves,
como temblor de manos, taquicardia, cansancio o fatiga. |
4 |
No puedes evitar pensar en comidas.
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Síntomas como en el nivel anterior más
dolor de cabeza, ardor gástrico, sudoración,
mareos o vértigo. |
5 |
Solamente piensas en comida. Ej.: dulces.
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Mayor severidad de los síntomas. |
6 |
Como compulsivamente, especialmente de noche.
|
Con o sin síntomas físicos acompañantes. |
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