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Martes | 27.09.2005
 
LA CINTA QUE LLEGÓ TARDE
 
Dr. Edgardo Gaitán
Diabetes Effective Care Group
ESCUELA PARA DIABÉTICOS
Consultorios América
 

Fotos/KRT
La cinta llega tarde para Verenice. Al posarse sobre su cama, aquella cinta trajo rápidamente a su memoria la totalidad de su existencia. Vio toda su vida como retazos, imágenes de vívidos colores iluminados fugazmente como si fueran pintados por la luz de un flash fotográfico.

Recordó con calidez su niñez, el tiempo en que jugaba, siempre al alcance de la mirada protectora de su madre. Toda su infancia la pasó en ese pueblo interiorano, tan parecido a uno chiricano. Cada verano correteaba junto a sus hermanos para después trepar a un frondoso árbol de nance.

Como un flash, su mente se llenó del recuerdo de su fiesta de quince años y el baile que compartió con su padre, padrinos, hermanos y amigos.

Un segundo después su memoria la llevó de regreso al día de su boda, y recordó cómo cosechó admiración con su elegante vestido de novia y cómo Antonio –su novio y ahora marido– estaba tan galante.

No pudo evitar decirse a sí misma lo afortunada que fue al conocerlo, y más al atraparlo.

También recordó con gran cariño el nacimiento de cada uno de sus tres hijos, el primero, Jaime, llegó cuando Verenice tenía 30 años.

Claro, tomó muchos años abrirse camino al éxito profesional. A pesar de su título universitario de profesora y dos maestrías, tomó tiempo conquistar un lugar entre la elite profesional de la metrópoli, de manera que la maternidad se pospuso por varios años.

Recordó también a Julia y a Germán, sus dos hijos menores. Recordó lo feliz que se sintió cuando terminaron la escuela primaria. Ahora están casi al final de la secundaria.

Recordó también cómo un día de un invierno, hace varios años, le anunciaron la repentina muerte de su padre, Ernesto, y ocho meses después la de Teresa, su madre, que murió por la profunda depresión que le dejó la partida de quien fue su esposo durante 55 años.

Todo eso fue lo que inundó su mente cuando le llegó la cinta rosada; la recibió de manos de la reina del país, pues ésta realizó una visita de cortesía a los pacientes de aquel hospital para personas aquejadas de cáncer.

La visión de la cinta le golpeó casi de manera tan severa como le ocurrió cuando la doctora, su médica de cabecera, le relató que los exámenes radiográficos revelaban que tenía cáncer en el seno derecho.

Pensar que por años tiró a la basura los volantes con información para prevenir enfermedades y hasta las invitaciones de su compañía aseguradora para que se hiciera la mamografía sin costo alguno.

En ese momento no podía creer lo que estaba escuchando, sus piernas temblaron y si no cayó totalmente inerte fue por la mano fuerte de su esposo Antonio que, como en muchas ocasiones difíciles, la sostuvo y le dio la certeza de que el mundo seguía guardando amor para ella.

A continuación se preguntó: –¿Será cierto?, ¿por qué a mí?–. Recordó cuando en las clases de psicología le enseñaron que las personas con diagnósticos graves pasan por fases de negación y de enojo antes de llegar a las etapas de aceptación, de afrontar el problema y la búsqueda de soluciones. Su fuerte carácter le ayudó a atravesar por todas esas fases rápidamente.

La doctora García (Elena es su nombre) le contó que el cáncer de mama no produce síntomas en las etapas iniciales y que se depende de realizar mamografías cada año para detectarlo tempranamente, es decir cuando es curable.

También le dijo que entre los factores de riesgo para desarrollarlo están el hecho de tener parientes cercanas que hayan tenido cáncer de mama, haber tenido a los hijos cuando se tiene más edad, y que el riesgo se incrementa con la edad de la mujer.

Recuerda que reunió a toda la familia, sus suegros y sus hermanos, también a sus hijos, y como siempre acompañada de su marido, Antonio, y les explicó que aceptaría el tratamiento que le recomendaron en el Oncológico el día antes.

Se sometería a la triple terapia de cirugía, radioterapia y quimioterapia. Que haría todo para salvarse y terminar de criar a sus hijos. Recordó también que el día antes de iniciar su hospitalización se dedicó a escribir una carta a cada uno de sus hijos para decirles cuánto los amaba. También le escribió a Antonio, su amor de toda la vida.

Nunca había sentido la necesidad de hacer un testamento, pero ese día lo hizo; la verdad es que fue la primera persona en aprovechar ese servicio legal gratuito que prestan unos abogados al Hospital Oncológico.

Estos profesionales del derecho lo hacían de muy buena fe, pues los licenciados son dos hermanos cuyo padre fue paciente del mismo hospital hace algunos años.

Al ver la cinta de color rosa en la cama, rememoró todo eso y mucho más. Pero sobre todo volvió a vivir los seis años de felicidad y plenitud emocional que logró estar en compañía de sus seres queridos gracias al tratamiento que se le brindó en el Oncológico, pero ni eso evitó que brotaran las lágrimas al recordar el momento en que le confirmaron que los nódulos en los pulmones, el hígado y las vértebras eran metástasis o sea tumores cancerosos hijos del primero, que le había descubierto hacía poco más de seis años.

Por eso es que estaba de nuevo en una cama del hospital; se lamentaba de que la cinta color rosa llegara tarde a su vida. Nunca vio una antes, ni siquiera en la universidad.

Las jóvenes se consideraban tan fuertes, tan invulnerables, ¡tan jóvenes!, que no se preocupaban de un símbolo con tan poca apariencia enérgica. ¡Eso es para las viejas! –solían decir. ¡Tarde me llegó esta cinta! –se lamentaba.

Pero en sus últimos seis años pasó todo el tiempo que no dedicó a amar a sus hijos y a su marido, a entregar estos pequeños fragmentos de cinta rosa a todas la personas que se cruzaron en su camino.

Lo hizo en la iglesia, en la escuela de sus hijos, en la plaza de la lotería, y hasta en la terminal de transporte. También en el estadio de fútbol y de béisbol, y hasta en las entradas de los cines y centros comerciales.

Su familia siempre la acompañó, pues en aquella solemne reunión familiar al inicio de su enfermedad, les dijo que su compromiso era pelear con su tumor y también con los tumores que atacarían a otras personas, incluso a los hombres, pues 1% de los tumores de la glándula mamaria se presenta en hombres. Además, ahora sabe que 95% de los tumores cancerosos de las mamas pueden ser curados siempre y cuando se detecten en etapas tempranas.

De esa manera se aseguró de que muchas cintas color rosa nunca llegaran tarde a la vida de otras familias. Verenice comprendió que a esta enfermedad solo se le puede ganar con el esfuerzo de toda la comunidad, que todos deben ser educados para preservar la salud y darle frutos, y honrar a la patria.

Los nombres en esta historia han sido cambiados para proteger a los involucrados, el resto de la historia es fruto de la imaginación y las vivencias de 20 años de hacer medicina, pero te esperamos para compartir estas enseñanzas en la escuela para diabéticos.

Llama hoy al 229-5455 y al 229-5461.


DATOS DE INTERÉS

• Solo una de cada cinco mujeres se realiza la mamografía cada año.

• Una de cada 11 mujeres podrá desarrollar cáncer de seno.

• El 1% de todos los cánceres del seno se produce en hombres.

• El 95% de los cánceres de mama se puede curar, si se detecta en etapas tempranas.

• No hay síntomas del cáncer de seno en etapas tempranas. Solo el autoexamen de los senos y la mamografía pueden detectarlo en etapas iniciales.


EL AUTO EXAMEN DE LOS SENOS

1. Debe realizarse una vez al mes, unos días después del periodo menstrual.

2. La primera fase del examen consiste en mirarse al espejo desnuda y observar los senos mientras mantiene los brazos colgando a los lados del cuerpo.

Después observe los senos mientras mantiene los brazos hacia arriba. Y por último, obsérvelos mientras mantiene las manos en la cintura haciendo presión hacia el tronco.

3. Debe tratar de descubrir abultamientos, retracciones o áreas de asimetría en los senos. Recuerde que es normal tener un seno ligeramente más grande que el otro.

4. Por último, haga la palpación de los senos mientras se ducha o mejor aún recostada en su cama con una almohada pequeña bajo el torso del lado del seno a explorar.

Use la mano opuesta para explorar cada seno. Busque áreas de endurecimiento o pequeñas bolitas o bultitos. Recorra la totalidad de los senos, sin olvidar ninguna sección.

5. Palpe cuidadosamente la región axilar y también por arriba y abajo del hueso clavicular. Busque nódulos o bolitas.

6. Oprima el pezón suavemente, ponga atención a la salida de líquido, seroso, sanguinolento o pus.

7. Ante cualquier hallazgo, comuníquese con su médico con prontitud.

8. Adelántese y pregunte a su médico cuándo debe hacerse su primera mamografía.


MITOS DE LA MAMOGRAFÍA

1. Solo es un examen para viejas.

Falso. El examen se puede realizar aun a mujeres jóvenes si encuentran anomalías. Por regla general se recomienda que se realice por primera vez a los 35 años de edad.

2. Duele mucho y te aplastan el seno.

Falso. Se realiza presión sobre el seno para que sea más fácil localizar las posibles lesiones y para que se pueda usar una dosis menor de rayos x. El dolor es subjetivo e individual por lo que a veces algunas pacientes tienen incomodidad y otras ningún dolor.

3. Es peligroso y radiactivo.
Falso. La mamografía no necesita inyecciones ni medicación previa, no usa medios de contraste que pudiesen dar alergias. Con los aparatos modernos se usa muy poca dosis de rayos x.

4. Es muy costoso y difícil de conseguir.
Falso. En el mes de octubre hay descuentos en el precio en todas las clínicas privadas; en algunas te hacen hasta 50% de descuento. Y si la prisa no es mayor pues tu examen es totalmente rutinario, saca una cita y te lo haces en el Seguro Social, o en ANCEC.

 
     
 
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