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Fotos/KRT
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Aun los durmientes son trabajadores y colaboradores de lo que pasa
en el universo.” Heráclito (filósofo griego, 535-475 A. C.)
Los problemas del sueño hacen mínima la calidad de vida, como puede
atestiguar cualquiera después de perder una o dos noches de sueño.
Aunque las preocupaciones o estrés son la causa más común
de pérdidas transitorias de la calidad del sueño, algunas enfermedades
pueden también participar en este trastorno. Sin embargo, con frecuencia
los medicamentos pueden tener responsabilidad en el daño a nuestros momentos
de mayor tranquilidad.
Aún los medicamentos que te hayan sido recetados por un especialista pueden
producir mal sueño, ni qué decir de aquellos que se venden sin
receta y aquellos de esos que se denominan “naturales”.
Algunos ejemplos son los anticonvulsivantes, los antidepresivos, los antialérgicos,
los ansiolíticos, el licor, el café, el té, la nicotina
del tabaco y otras.
No siempre el efecto es el insomnio. A veces puede haber somnolencia, pesadillas,
despertares múltiples o apnea del sueño, o combinaciones de estos,
lo que deteriora el sueño y por tanto la calidad de vida.
Los ejemplos de lo que los fármacos pueden hacer son incontables, así que
solo trataré los más frecuentes:
1. Estimulantes: xantinas (café, refrescos de cola, té, chocolate),
anfetaminas y cocaína, producen una sensación de estar más
despierto que nunca, sin cansancio ni sueño y se reduce la cantidad de
horas de sueño necesarias. La teofilina puede producir insomnio pero a
los asmáticos y enfisematosos les facilita dormir pues le alivia los problemas
pulmonares.
La cocaína te quita el sueño pero a la larga te destruye la capacidad
intelectual y te “vuelve de piedra”. Las anfetaminas quitan el sueño
pero pueden inducir mejores patrones de sueño en los niños que
son hiperactivos.
2. Licores: habitualmente se acostumbra decir que “un trago te ayuda a
dormir”, pero al pasar las horas, este es un sueño fragmentado por
múltiples “casi despertares” y sueño no reparador.
Los bebedores crónicos presentan insomnio en los periodos de abstinencia.
3. Antihipertensivos: propanolol y en menor grado el atenolol pueden provocar
pesadillas, fragmentación del sueño, terror o alucinaciones nocturnas
especialmente en los ancianos. Otros antiguos como la reserpina incluso provocaban
depresión.
4. Antipsicóticos y anticonvulsivantes: estas sustancias pueden provocar
somnolencia excesiva aunque mejoren los síntomas para lo cual se indicaron.
5. Nicotina: una de las drogas más consumidas del mundo, pero pocos conocen
que existe una relación directa entre la cantidad de cigarrillos consumidos
y dificultad para iniciar el dormir, así como con mala calidad del sueño,
o sea, un sueño no reparador. Cuando se abandona el cigarrillo se produce
mayor somnolencia diurna, lo que induce a recaer en el fumar.
6. Antidepresivos: especialmente los llamados tricíclicos mejoran la continuidad
del sueño además de incrementar sus horas. Pueden producir somnolencia
excesiva en ancianos. Los llamados inhibidores de la monoaminooxidasa prolongan
el tiempo de sueño pero empeoran la apnea del sueño, lo que los
hace peligrosos en los obesos.
7. Antihistamínicos: son antialérgicos y están en algunos
remedios de venta libre para los malestares del resfriado común; producen
somnolencia, retardo de los reflejos y a veces lentitud de pensamiento. Esto
en ocasiones queda oculto al combinarlos con algunos descongestionantes que provocan
hiperexcitación.
8. Opiáceos: Inducen retraso psicomotriz, analgesia y somnolencia. A pesar
de ser objeto de abuso, deben prescribirse para lograr disminuir el dolor y permitir
un mejor sueño a pacientes con dolor crónico o intenso (cánceres,
amputaciones, etc.)
9. Sedantes-hipnóticos: barbitúricos, benzodiazepinas, pueden inducir
el sueño rápidamente. Su efecto es algo parecido al alcohol. Pueden
generar tolerancia, adicción y sobredosis involuntarias.
Si con el consejo de su médico y a pesar de modificar los medicamentos
o sus dosis no encuentra alivio a su problemas de sueño, es tiempo de
pensar en acudir a un “Laboratorio del sueño”, donde se estudiará sus
patrones de sueño y características.
Por último, quisiera compartir una frase del filósofo danés
Søren Kierkegaard (1813-55).
“Yo divido mi vida de esta manera: la mitad del tiempo duermo; la otra
mitad sueño.”.
A lo que solo puedo agregar “Duerme bien; para que ya despierto, hagas
realidad tus mejores sueños.”