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Fotos/KRT
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Las fumadoras tienen mayor dependencia psicológica del tabaco que los
hombres, pese a que ellos fuman más cigarrillos al día. Así lo
afirman los expertos, a partir de los primeros datos de un estudio de médicos
de familia para mejorar las estrategias de ayuda a sus pacientes que dejan el
hábito. El estudio Istaps (intervención sistemática sobre
tabaquismo en atención primaria de salud) incluye a 2 mil 911 pacientes
mayores de 15 años, reclutados por 250 médicos y enfermeras de
82 centros de atención primaria de 11 autonomías (583 pacientes
son catalanes) para un ensayo. La edad media de los fumadores estudiados es de
43 años y son la mitad de cada sexo. Los varones empezaron a fumar antes,
a los 15.9 años; ellas, a los 17.4. Y ellos fuman una media de 21.9 cigarrillos
al día; y ellas, 18.9.
Pero pese a fumar los hombres más años y más al día, “constatamos
que las mujeres tienen mayor dependencia psicológica, expresan más
necesidad, que se evidencia, por ejemplo, en que fuman más para contrarrestar
estados de ánimo negativo, y les cuesta más dejarlo”, explica
Carmen Cabezas, médica epidemióloga que coordina el estudio en
Catalunya.
Así, el estudio ha analizado las motivaciones para fumar — conociéndolas
se puede incidir en aspectos que faciliten dejarlo— y se observaron diferencias
por sexo, más que por edad o clase social. El 90.3% de las fumadoras dice
que tiene muchas ganas de fumar cuando está nerviosa o estresada (frente
al 76.7% de los hombres); el 88.4% cuando tiene una crisis emocional (78.9% de
los hombres), el 87.1% cuando las cosas no van como quieren (76.3% en hombres),
el 83.5% cuando está enfadada con alguien, y el 79.3% cuando está muy
deprimida (68.4% y 62% en hombres).
También fuman más ellas en otras situaciones: el 85% porque siente
que se muere por un cigarrillo (75.1% de hombres), el 84% cuando toma café o
se relaja (78.8% de hombres) o el 69.1% cuando fuma su pareja (57.5% ellos).
En este último punto, hay que pensar que el 60.5% de las mujeres que fuman
tiene una pareja fumadora, frente al 40.9% de hombres que fuman, lo que dificulta
dejarlo. No hay diferencias significativas por sexo cuando fuman en fiestas o
de copas, ni cuando se levantan por la mañana o ven a otra persona fumando.
A más mujeres también les falta confianza para dejarlo: el 75.3%
dice que necesitará ayuda, frente al 65.5% de hombres.
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Cabezas, directora de investigación de atención primaria de la
Fundación “Jordi Gol i Gurina” — una entidad privada
sin ánimo de lucro que realiza investigación vinculada al Instituto “Catalá de
la Salut (ICS)”— destaca otro aspecto revelado en el estudio: que
casi uno de cada cuatro fumadores (23.8%) cree que su riesgo de padecer cáncer
es similar o incluso menor al de cualquier otra persona de su sexo y edad. Quienes
creen que su riesgo es menor (1.3%) es el grupo con menor nivel educativo, pero
incluye igual a hombres que mujeres y de todas las edades. Las personas con mayor
dependencia de la nicotina son las que expresan mayor percepción del riesgo
de cáncer y quienes se muestran más motivadas cuando quieren dejarlo.
Los motivos que se alegan para dejar de fumar no varían mucho según
el sexo. Razones de salud son la justificación más común
para dejar el tabaco, seguida a distancia del coste económico, querer
dar ejemplo o razones estéticas (deterioro de la piel, mal olor).
El estudio Istaps busca hacer más eficaz la ayuda a las personas que acuden
al médico de cabecera para dejar de fumar, pero sin medicar esta actuación
excepto en aquellos casos en que la gran dependencia exija terapias sustitutivas
o medicación. Así, prueba intervenciones personalizadas (entrevistas
personales, buceando en las motivaciones, para lo que los médicos reciben
una preparación específica), de manera que den autonomía
al paciente, pero se le pueda persuadir para que deje el tabaco sin esperar a
tener problemas de salud. El ensayo, iniciado en el 2004, aún está en
curso y no se dispone todavía de los resultados del nuevo tipo de ayuda.