ACTUALIDAD
  Reportaje especial
  Tecnología
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
   Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 
 
Martes | 04.04.2006
 
La ira desencadenada
(Primera de tres partes)
 
Por Dr. Edgardo Gaitán
Diabetes Effective Care Group.
Escuela para diabéticos
 
Foto: KRT Direct
La ira es la manifestación emocionalmente violenta de la angustia, el miedo o la ansiedad. En otras ocasiones puede ser manifestación de la pérdida del control de una situación que queremos manejar o dirigir hacia otro desenlace.

En la mitología griega existían tres deidades a quienes se les llamaba “Erinias” o “Furias”.

Eran justas pero implacables y despiadadas. Las “hijas de la noche” eran Megera (vengadora de los celos); Tisífone (vengadora de los crímenes) y Alecto (siempre iracunda). Perseguían a los que obraban más sin poner atención a ningún atenuante.

Tenían tan terrible apariencia, en sus cabezas. En lugar de cabellos tenían serpientes, perseguían a los malhechores y se metían en su cabeza hasta volverlos locos.

Con frecuencia escuchamos en los medios de comunicación de incidentes donde la ira causó que literalmente “la sangre llegara al río”.

Eso nos movió al estudio y la investigación de este fenómeno que tanto ha cambiado a la sociedad humana.

La ira tiene dos corrientes de manifestación: la interna y la externa. 

Las manifestaciones internas a menudo son desconocidas para el observador no entrenado, pero, suelen incluir pensamientos negativos, destructivos, agresivos, pensamientos defensivos exagerados y que en conjunto presentan un patrón reiterativo, es decir, que se repiten una y otra vez.

Como todas las emociones tienen una representación corporal se suele mostrar como tensión facial, tensión muscular, expresiones orales, dolor de cabeza o del área mandibular, dolor de espalda.

Las manifestaciones externas se presentan como el uso de palabras altisonantes o vulgares o interjecciones que denotan la alteración del estado anímico.

Los ademanes pueden tener la misma equivalencia en el lenguaje corporal.

Pueden producirse actos que se hacen repetitivos y nos programan a reaccionar con hábitos y conductas agresivas que llegan a los niveles de agresión psicológica, verbal y física.

La mayoría de las ocasiones se presenta una mezcla de estas dos vertientes de manifestación de la ira y la persona furiosa exterioriza sus pensamientos de manera verbal y conductas agresivas.

Las consecuencias son nefastas para el iracundo y su entorno. Se trastornan las relaciones conyugales, las relaciones y la estructura familiar. Este daño termina por inundar el ambiente laboral y el desempeño profesional del iracundo y lo degrada socialmente pues cuando el fruto de su ira se conoce puede ser rechazado socialmente.

Pero el cambio más importante se da mucho antes de estos daños a su entorno.

Nos referimos a que la persona con un patrón de respuesta proclive a la ira, destruye la relación con su “propio yo” y se convierte en la primera víctima de su propia ira interior. 

Su valoración de los sucesos diarios, aun aquellos que ocurren solo en su mente se altera y por tanto asume como primera opción de respuesta la ira, cerrando la posibilidad a los mecanismos de reacción constructivos y a la negociación.

Es por eso que vemos, después de hecho el daño, surgir las manifestaciones del arrepentimiento y las promesas de no volver a recaer en la ira desencadenada.

Vanas promesas pues en cuanto ocurre otro estímulo se vuelve a iniciar el ciclo de valoración errada del estímulo y la aparición automática de la conducta iracunda con los subsecuentes hechos negativos y violentos.

Es decir, estamos en presencia de una persona prisionera de sus propios automatismos.

Existen maneras de vencer estos estereotipos conductuales y a eso nos referimos en la segunda parte de este escrito.

En cuanto a qué hacer cuando nos enfrentamos a otra persona poseída por la ira lo discutiremos en la tercera y última parte.
 
     
 
 
¡ESCRÍBENOS TUS COMENTARIOS AQUÍ!
   
 
PUBLICIDAD
 
© Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222
Apartado 0819-05620 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá