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Martes | 02.05.2006
 
Enfermedades exantemáticas
(Primera de dos entregas)
 
 
Por Julissa Rodríguez
 
La Prensa/Archivo

Las enfermedades exantemáticas son un grupo de patologías producidas por agentes virales que se presentan principalmente durante edades tempranas de la vida, es decir, entre los primeros 10 a 15 años de vida.

Hay muchos mitos sobre su desarrollo y aparición; sin embargo, la mejor manera de enfrentarlas es con el conocimiento necesario para tratar sus síntomas y evitar su propagación. En esta ocasión, realizaremos una breve revisión de las enfermedades exantemáticas más comunes.

Varicela

Es una de las enfermedades exantemáticas más conocidas y frecuentes. Producida por el virus de la varicela xoster (VVZ), se presenta, en la mayoría de los casos, en niños menores de 15 años, con la máxima incidencia en niños entre 2 y 8 años.

KRT/Direct

La varicela se presenta sólo una vez en la vida; sin embargo, en personas que hayan sufrido la infección exantemática, pudiera darse una reactivación viral de tipo zonal, que generalmente aparece en pacientes mayores de 65 años y/o inmunosuprimidos.

Los adultos pueden desarrollarla, si no la sufrieron de pequeños. Es una enfermedad que aparece como epidemia de manera cíclica (cada 3 a 4 años), entre los meses de enero y mayo.

El período de incubación es de unas dos semanas. Los principales síntomas son fiebre súbita y alta, debilidad generalizada y cansancio, seguida por la aparición de vesículas de líquido claro, que inician en cara y torso y luego en el resto del cuerpo, por un período de 4 a 6 días, y finalmente progresan hacia la desecación para terminar el proceso al caerse como costras.

El período de mayor contagio es dos días antes de la aparición de las vesículas hasta 7 días después (o hasta que todas las vesículas hayan pasado a costra). Se ha encontrado elevadas cantidades del virus en las vesículas, lo que sustenta lo anteriormente dicho. También se transmite a través del aire y las secreciones del enfermo. Una vez se padece de varicela, el individuo queda inmunizado de por vida; sin embargo, el virus queda latente en la persona que padece varicela y, ante un episodio de inmunosupresión, puede reactivarse y aparecer como herpes zoster zonal.

Entre las complicaciones, la más frecuente es la infección bacteriana de las vesículas, sobre todo con Staphilococus aureus y S. epidermidis. Se puede ver también complicaciones como hepatitis, que por lo general pasa desapercibida, neumonía, infecciones del sistema nervioso (encefalitis, meningitis). Estas últimas complicaciones se presentan en pacientes inmunosuprimidos.

Tratamiento

El tratamiento, al igual que en el resto de las enfermedades virales, es básicamente sintomático, es decir, va dirigido a contrarrestar las molestias o síntomas asociados como la fiebre, debilidad, prurito o picazón. Se recomienda el uso de acetaminofén o paracetamol para la fiebre.

El uso de aspirina está contraindicado en niños, por las altas probabilidades de desarrollar el Síndrome de Reye. En algunos casos se puede considerar el uso de antivirales como aciclovir, lo cual no curará o evitará la enfermedad, pero sí puede influenciar para que los síntomas no sean tan severos. Se recomienda el uso en niños mayores de 13 años y adultos que desarrollan varicela o que han estado expuestos, por la mayor probabilidad de complicaciones. Los antibióticos quedan excluidos como tratamiento, a menos que haya una sobre infección de las vesículas, y éste será ordenado por el médico.

Igualmente existe la inmunoglobulina antivaricela postexposición, en individuos expuestos o en contactos de riesgo entre las 72 y 96 horas, en mujeres embarazadas expuestas al riesgo de contagio, en recién nacidos prematuros de menos de 28 semanas con madres seronegativas y en recién nacidos prematuros con madres con infección activa. En bebés nacidos de madres con infección activa, se deberá iniciar tratamiento endovenoso con Aciclovir, aun si no salen con evidente infección.

La vacuna contra la varicela es altamente efectiva, pero hay que tener en cuenta que no evitará el desarrollo de la enfermedad en un 15 a 20% de los casos; sólo atenuará su severidad.

Para evitar su contagio, se debe evitar la salida de los niños y personas con infección activa hasta que todas las vesículas se hayan convertido en costras.

 
     
 
 
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