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No
hay duda que vivimos en un mundo acelerado. Comida
rápida, power naps, reuniones, atender el celular,
el e-mail, el chat, sobretiempos, tráfico imposible,
almuerzos rápidos, siempre haciendo y pensando
en algo. Todo este “acelere” quizá sea
la razón de la creciente popularidad del yoga
en occidente. Las personas buscan momentos de hacer
una pausa en sus vidas y reacomodar sus emociones y
pensamientos. |
Fotos/KRT |
¿Pero en realidad cambiamos con la práctica
del yoga? ¿Nos afecta de forma positiva o al revés? ¿Nuestro
estilo acelerado afecta la práctica
del yoga?
Hoy día son muy populares los estilos de yoga dinámicos
como el power yoga, el bikram, ashtanga, y otros.
Estos estilos de yoga implican movimiento constante, mayor
esfuerzo físico y mucho sudor. Sin embargo, un error
común es que las personas practican con una actitud
deportiva, competitiva, acelerada. Buscan “sacar del
sistema”, de forma algo forzada, el estrés acumulado,
como si de correr o aeróbicos se tratase. Algo así como “arrancar
el estrés fuera de uno”. Entiéndase que
no me refiero a la velocidad misma en que se hace una práctica,
sino a la forma en sí.
Cuando practicamos hatha yoga, buscamos “liberar” emociones,
estrés mental y físico. Cuando estamos en períodos
de preocupaciones y estrés, es que buscamos esa liberación;
más aún, debemos realizar una práctica
más enfocada en la mente, en búsqueda de paz.
Aunque una práctica vigorosa y algo descontrolada podrá parecernos
que nos relaja el cuerpo (quizás más bien por
agotamiento), no llegará muy dentro de nosotros. Es
en esos períodos donde más conviene una práctica
pausada, controlada, de respiraciones profundas. Puede resultar
igual de intensa físicamente y obtendremos mejores resultados
en nuestra búsqueda de estabilidad emocional.
Conviene evitar luchar contra el cuerpo para lograr y mantener
una postura. Es más bien rendirse ante ella, permitir
que la sensación de la misma sea la única sensación,
aceptarla.
Con
la práctica, este estado mental
de tranquilidad que uno logra en prácticas pausadas,
se puede mantener en prácticas más dinámicas
y agotadoras físicamente. Eso sí, siempre
de forma controlada, manteniendo las posturas y movimientos
adecuados, sin “rebotes”, ni agregando movimientos
que en realidad no son parte de la secuencia.
Ahimsa es la “no violencia”. Debe formar parte en la práctica
del hatha yoga y esto incluye la no violencia con uno mismo. El enfoque mental
que tenemos al practicar yoga debe permear en nuestro físico, y viceversa.
De esta forma, los beneficios también permearán en ambas direcciones. |
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