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Lunes | 21.02.2005
 
LA ACTITUD CORRECTA
 
Gabriel Henríquez
http://www.geocities.com/yogapanama/Benares

No hay duda que vivimos en un mundo acelerado. Comida rápida, power naps, reuniones, atender el celular, el e-mail, el chat, sobretiempos, tráfico imposible, almuerzos rápidos, siempre haciendo y pensando en algo. Todo este “acelere” quizá sea la razón de la creciente popularidad del yoga en occidente. Las personas buscan momentos de hacer una pausa en sus vidas y reacomodar sus emociones y pensamientos.
Fotos/KRT

¿Pero en realidad cambiamos con la práctica del yoga? ¿Nos afecta de forma positiva o al revés? ¿Nuestro estilo acelerado afecta la práctica del yoga?

Hoy día son muy populares los estilos de yoga dinámicos como el power yoga, el bikram, ashtanga, y otros.

Estos estilos de yoga implican movimiento constante, mayor esfuerzo físico y mucho sudor. Sin embargo, un error común es que las personas practican con una actitud deportiva, competitiva, acelerada. Buscan “sacar del sistema”, de forma algo forzada, el estrés acumulado, como si de correr o aeróbicos se tratase. Algo así como “arrancar el estrés fuera de uno”. Entiéndase que no me refiero a la velocidad misma en que se hace una práctica, sino a la forma en sí.

Cuando practicamos hatha yoga, buscamos “liberar” emociones, estrés mental y físico. Cuando estamos en períodos de preocupaciones y estrés, es que buscamos esa liberación; más aún, debemos realizar una práctica más enfocada en la mente, en búsqueda de paz.

Aunque una práctica vigorosa y algo descontrolada podrá parecernos que nos relaja el cuerpo (quizás más bien por agotamiento), no llegará muy dentro de nosotros. Es en esos períodos donde más conviene una práctica pausada, controlada, de respiraciones profundas. Puede resultar igual de intensa físicamente y obtendremos mejores resultados en nuestra búsqueda de estabilidad emocional.

Conviene evitar luchar contra el cuerpo para lograr y mantener una postura. Es más bien rendirse ante ella, permitir que la sensación de la misma sea la única sensación, aceptarla.

Con la práctica, este estado mental de tranquilidad que uno logra en prácticas pausadas, se puede mantener en prácticas más dinámicas y agotadoras físicamente. Eso sí, siempre de forma controlada, manteniendo las posturas y movimientos adecuados, sin “rebotes”, ni agregando movimientos que en realidad no son parte de la secuencia.

Ahimsa es la “no violencia”. Debe formar parte en la práctica del hatha yoga y esto incluye la no violencia con uno mismo. El enfoque mental que tenemos al practicar yoga debe permear en nuestro físico, y viceversa. De esta forma, los beneficios también permearán en ambas direcciones.
 
 
     
 
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