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Jueves | 27.01.2005
 
ALDO, EL JOVEN REY
 
Fátima Araya de Castillo
Bibliotecóloga
 
 
Hay muchas maneras de promover los valores cívicos y morales en nuestro estilo de vida, sin que medien recursos netamente didácticos o académicos. Sobre todo cuando privilegiamos con sentido común una conducta ética en armonía con nuestra cultura e idiosincrasia.

Por ello, en la acción pedagógica debemos tener muy claro el concepto sobre los valores. “Los valores son las cualidades valiosas de las cosas y estas no son otra cosa que las perfecciones objetivas. Bien y valor son una misma cosa. Los valores son cualidades de orden especial, que descansan en sí mismas, que se justifican por sí mismas, simplemente por su contenido. Un valor no se memoriza; se interioriza, se asume y se concreta en actos”: Zeledón y Chavarría, 2004.

Novelas como Aldo, el joven rey de Laura Nieto Bruña nos presenta con su amena y fácil lectura una visión precisa de los valores a inculcar en los niños tales como la verdad, la caridad, el servicio, la fuerza que da la unión, el amor, respeto por la vida, la sencillez y la esperanza. Algunos de esos principios que hacen de la formación de un niño, el país encantado que queremos lograr para Panamá.

Los niños de hoy, con tanta campaña en pro de la lectura, aún buscan ese libro ideal que traduzca sus inquietudes y sacie plenamente su interés ante tanto bombardeo tecnológico. Pero cuando esta lectura llena los requisitos clásicos del relato literario y tiene además un mensaje que llene esa mente infantil nos encontramos ante una narración como la que hoy presentamos y que confronta toda una suerte de aventuras y misterios bien elaborados y cuyo hilo conductor nos revela constantes moralejas comprensibles a la mente infantil.

Y es que Aldo, el joven rey motiva a los lectores con muchas realidades: la muerte, la pobreza, el sometimiento, la ambición, la miseria humana, el odio y la venganza a través de sus personajes; no obstante, indica el camino rectificador para asumir los embates de la vida de la forma correcta o incorrecta. Además, la obra armoniza en su contexto lo antiguo de los mitos y leyendas con lo actual de los viajes espaciales y ciudades modernísimas ¿Qué mejores temas para adentrar los niños en la heurística?

En mi opinión como bibliotecaria, esta historia comenta principios, elementos y caracteres en su expresión literaria que responden a las exigencias de la psique infantil, que se ajustan a su evolución mental, y en especial de determinados poderes del intelecto.

Muchas veces los niños no gustan de la literatura considerada especialmente para ellos, las encuentran mojigatas o faltas de interés, máxime si Hollywood difama y tergiversa los verdaderos fines para los que se escribieron y aún más, muchos educadores y psicólogos se encargan de difundir que tal literatura tiene un “trasfondo que pareciera solo para adultos o que también presentan antivalores” (Bethelhein, 1998). Tal vez así sea, pero no quiere decir que pierdan su magia y su alcance recreativo en este vertiginoso siglo XXI.

La riqueza imaginativa de Laura, es el mayor argumento para recomendar la lectura de su libro; las situaciones que presenta reúnen una gama de experiencias que confluyen en un gran drama a través del manejo de personajes fantásticos con presencia humana. La autora puso todo su arte, rectitud espiritual, candidez, su mucho leer y experiencia para ofrecernos una obra dirigida a los niños de hoy: escrita en un léxico actual, que pretende identificarse con sus características psíquicas y que responde a sus exigencias intelectuales y espirituales y, que a la vez, les dice cómo funcionan en la cotidianidad los valores éticos de una manera sencilla.

La literatura infantil debe instruir, educar y divertir. Las lecturas provechosas son las que distraen y dan placer.

Según los especialistas, la tercera infancia es la etapa entre los siete y los doce años, cuando predomina el pensamiento analítico de los niños; es decir, cuando ellos empiezan a trabajar sobre las ideas y a comprender su valor hacia una conclusión racional. “Aquí dominan las nociones abstractas de tiempo, espacio, números, semejanza y diferencia y de causalidad. También es el periodo de los grandes procesos intelectuales y en que el niño va penetrando en el sentido de las realidades por lo que, necesita más alimento intelectual” (Holt, 1982). Qué mejor etapa para introducirlo en las novelas, género que maneja Laura con mucha maestría. En el texto trata cuestiones personales, que son como un espejo para su alma, pues les muestra el camino correcto a través de las contradicciones, asimismo destaca su actitud romántica.

El protagonista de Aldo, el joven rey, orienta con sus experiencias la formación del niño, como su capacidad para vencer las adversidades. En la novela abundan situaciones de la vida misma, con una chispa de fantasía, mientras gozan también con el ejercicio artístico de pintar los hermosos dibujos con los que Laura ilustró su obra.

Recomendamos la lectura de Aldo, el joven rey, los atrapará con su dinámico argumento, además, posee un buen ritmo, una prosa sencilla y es perfecta para dramatizar en ejercicios teatrales que buscan reforzar los valores, privilegio propio de los seres superiores que creó Dios un día, con la esperanza de un mundo mejor aquí o en las estrellas.
¡Ya lo verán!...

Nota: Fátima Araya de Castillo es una de las coordinadoras a nivel nacional del Círculo de Lectura Guillermo Andreve. Promotora cultural, orienta más de 10 círculos de lectura en Chiriquí.
 
     
 
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