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Jueves | 10.02.2005
 
EN LA GUERRA Y EL AMOR
 
Por: Allen Smithee
 

La Segunda Guerra Mundial fue el lienzo sobre el cual se pintaron algunas de las mayores atrocidades de las cuales el hombre es capaz. Una de ellas, sin lugar a dudas, fue el ataque de Japón a Pearl Harbor. La puerta del Pacífico, novela del español Alberto Vázquez-Figueroa, tiene ese acontecimiento nefasto como vértice narrativo, a pesar de que jamás llegamos a presenciarlo en las páginas del libro.

Para quienes no vivieron aquella época, la forma más eficaz de asimilar la intensidad de esos días no es a través de las frías líneas de un texto de historia sino por medio de los relatos humanos de cada uno de los protagonistas de aquel conflicto global.

Con sus antecedentes de periodista, Vázquez-Figueroa sin duda ha experimentado ese fenómeno de primera mano, y se vale del mismo para introducirnos al mundo de 1941 a través de dos narradores que vivieron esos meses históricos hundidos en sus propios dramas personales. Los dos protagonistas nos relatan desde su vejez, como sobrevivientes de aquella guerra, los eventos que cambiaron el curso de su vida. Sus personalidades son diametralmente opuestas, y por ende también lo son sus perspectivas y prioridades.

Uno de ellos es un ambicioso militar alemán que concibe un plan brillante que da título a la obra. Nacido de madre dominicana, su apariencia latina no fue obstáculo para que él se inclinara del todo hacia los intereses, costumbres y hábitos de su padre. No obstante, ese mismo físico lo hace el líder ideal para infiltrar en el Caribe a un equipo de compatriotas con ascendencia latina similar a la suya, a fin de poner en marcha una misión que en meses le dará a Alemania la ventaja para ganar la guerra: Destruir La puerta del Pacífico -nombre clave con el cual identifican al Canal de Panamá- el mismo día en que los japoneses ataquen Pearl Harbor, para así dejar a los estadounidenses inválidos antes de dar su primer paso al campo de batalla. Pero dentro de su equipo está Laura, una alemana con sangre chilena, quien está encargada de fingir ser su esposa, pero cuyas acciones serán mucho más trascendentales que eso.

Del otro lado nos encontramos a una dominicana, cuya sangre latina la hace fogosa e impetuosa; lo inverso a la vida severamente estructurada del alemán. Enamorada locamente del esposo de una pariente del dictador Trujillo, a los dos amantes no les queda otro remedio que consumar sus aventuras fuera del país. Y en un viaje en barco él reconoce al alemán de su vida anterior. Ese mismo día el amante de nuestra narradora desaparece, y esto la arrastra al mundo del espionaje y a una aventura descabellada que la conduce directo a los brazos de Laura, una intensa lesbiana, con la cual comparte un apasionado romance que cambiará el rumbo de la guerra.

Pero todo será irrelevante si su contacto inglés, Ray Spencer, no logra descubrir a tiempo el plan para cerrar La puerta del Pacífico.

Hay muchos elementos interesantes en esta nueva producción de Vázquez-Figueroa, quien obviamente encuentra nuestro Canal muy interesante, ya que hace casi 20 años también trató de atacarlo en ¡Panamá, Panamá! Comprende la cultura y la idiosincrasia de sus dos protagonistas muy bien, y lo plasma en cada uno de sus actos. El militar alemán tiene una meta por la cual trabajará sin descanso, y por la cual está dispuesto a sacrificar todo lo que sea necesario.

Tiene unos ideales, un objetivo, y nada lo desviará. La joven dominicana, por otro lado, se vuelve aprendiz de espía para vengar a su amante, pero todas sus prioridades y compromisos se invierten tan pronto sus sentimientos se envuelven con los de Laura. Más aún, el hecho de que los narradores nos hablan desde el Siglo XXI, le permite al autor mostrarnos cómo cambió el mundo en el último siglo y cómo también aquellos que tanta fe tuvieron en el Führer acabaron por introducirse en el mundo que intentaron eliminar. Alberto Vásquez-Figueroa no desperdicia ni una escena, y La puerta del Pacífico nos conduce a galope a través no solo de una interesantísima aventura sino que nos demuestra lo fácil que habría sido invertir el resultado de la guerra, y lo agradecidos que debemos estar por la sociedad en la que hoy en día vivimos.

 
     
 
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