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Jueves |
17.03.2005 |
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| UNA MUERTE ANUNCIADA |
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| Por: Fernando
López Peralta |
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Madrugó el día
de su muerte, Santiago Nasar jamás consideró nada
fatídico en sus sueños; tampoco su madre a pesar
de la buena fama que tenía como intérprete de sueños
contados en ayunas. Ni siquiera la cercanía de Dios, en
la figura del obispo, le cambió el destino cruelmente
determinado sin que él hubiera podido tomar conciencia
de su suerte.
La declaración de una mujer, supuestamente, agraviada en su honra, desata
la furia de Pedro y Pablo, los gemelos Vicario, encargados de vengar la afrenta,
la cual realizan con absoluto éxito. Con los trágicos hechos que
nos obsequia el célebre narrador, terminamos creyendo que la deuda fue
cobrada en vano, de manera injusta y no al deudor indicado.
Gabriel García Márquez,
reconocido por su prosa amena y cautivante, presenta en Crónica
de una muerte anunciada un paisaje completo, en el cual no se
escapa un solo detalle de lo acontecido aquella mañana
en el pueblo. Lo que hacían sus habitantes; la esperada
visita del obispo, el gran secreto que poco a poco se fue creando
entre todos los lugareños a excepción del principal
protagonista: Santiago Nasar, la víctima ignorante. La
descripción del ambiente es rica, los personajes se dejan
sentir; sus confesiones son un elemento muy importante para alcanzar
conclusiones con la libertad que todo lector posee para ir un
paso más allá del desenlace planteado. El lenguaje
es sencillo y popular.
Leer esta obra es realizar una interesante travesía sin
considerar el tiempo, si es presente o un recuerdo lejano. Atrapa,
interesa y provoca, es difícil dejar a un lado el texto
sin resolver lo sucedido, pero con el encanto que la creación
literaria le concede a los buenos escritores como Gabriel García
Márquez.
El autor se las arregla para que al final, sin imprevistos, suceda
lo inevitable. Todos tomaron su decisión y actuaron. La
vida siguió su curso, al igual que el buque en donde se
transportaba el obispo; existió el perdón, se escribieron
muchas cartas y se continuó una relación que en
un principio se habría podido asegurar no tenía
posibilidades de triunfo. ¡Que irónica es la vida!
Una víctima inocente, dos verdugos orgullosos y una “dama” que
jamás se confiesa. Los vecinos, una madre y el obispo,
por qué será que no se puede dejar de mencionar.
Muchos personajes, una boda, sugerencias de yodo para mostrar
una prueba presumible a la vista de todos. Cuántos detalles,
pero ninguno es suficiente, la crónica no basta.
-¡Hijos de puta!- gritó.
El cuchillo le atravesó la palma de la mano derecha, y
luego se le hundió hasta el fondo del costado. Todos oyeron
sus gritos de dolor.
-¡Ay mi madre!...
... Pablo Vicario le dio un tajo horizontal en el vientre, y
los intestinos completos afloraron con una explosión.
Pedro Vicario iba a hacer lo mismo, pero el pulso se le torció a
horror y le dio un tajo extraviado en el muslo. Santiago Nasar
permaneció todavía un instante apoyado contra la
puerta, hasta que vio sus propias vísceras al sol, limpias
y azules, y cae de rodillas.
... Plácida Lineros se asomó a la ventana de la
plaza y vio a los gemelos Vicario que corrían hacia la
iglesia... pensó que había pasado el peligro. Luego
salió al balcón del dormitorio, y vio a Santiago
Nasar frente a la puerta, boca abajo en el polvo, tratando de
levantarse de su propia sangre. Se incorporó de medio
lado, y se echó a andar en un estado de alucinación...
... Buscando con paso firme el rumbo de su casa.
-¡Santiago, hijo! -le gritó- ¡qué te
pasa!
Santiago Nasar la reconoció.
-Que me mataron, niña Wene- dijo...
Es una narración con fuerza y ritmo que emociona. Es mejor
que ver una producción cinematográfica de acción,
no hay elenco que consiga representar los hechos y sentimientos
con la intensidad que García Márquez nos los regala
en su extraordinaria narración. Ya no hay nada por hacer,
los hechos se consumaron y Santiago Nasar ha sido muerto. El
autor nos ha convertido en cómplices y signatarios de
una comprometedora declaración sin respeto al tiempo exacto
e invariable que marca el reloj con su tic, tac, tic... Ahora
somos responsables de una muerte anunciada.
Nota: Fernando López Peralta es parte de la membresía
del Círculo de Lectura Guillermo Andreve.
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