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Jueves |
24.03.2005 |
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| OBJETIVO:PANAMÁ |
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| Por: Fernando
López Peralta |
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Resultó para mí una
grata sorpresa descubrir que una novela titulada ¡Panamá, Panamá! estuviese
tan bien escrita por un autor absolutamente ajeno a nuestra tierra.
El español Alberto Vásquez-Figueroa es un nuevo
hallazgo para mí, pero en realidad ya tiene bajo su pluma
más de 40 libros, de los cuales nueve han sido llevados
al cine.
Desde la década del 60 recorrió el
mundo dedicado al periodismo hasta que un accidente de submarinismo
lo llevó a retirarse de ese oficio y sumergirse en la
literatura.
Escrita en 1976, en un mundo
pre Tratado Torrijos-Carter, ¡Panamá, Panamá! comienza
en la isla de las Galápagos, en donde Aristófanes
Panatas —una especie de Hugh Hefner griego con intelecto
de genio— se reúne con su amigo Gino Montalde —un
actor italiano apodado “El hombre más bello del
mundo”— para mostrarle la base que durante la Segunda
Guerra Mundial los estadounidenses establecieron para proteger
el Canal de Panamá de cualquier atentado de los kamikazes.
Es ahí en donde le revela un plan maquiavélicamente
sencillo: Fraguar un atentado en contra de la vía interoceánica,
a fin de obtener la fortuna de rescate que el mundo pagaría
con tal de que el comercio internacional no resultase perjudicado
con semejante ataque.
De ahí, la novela avanza a un ritmo absorbente, llevándonos
junto a Gino y Artistófanes a través de los preparativos
para su gran golpe, que implica reclutar, bajo los seudónimos
de Espada y Lanza, a un comando de los mejores mercenarios disponibles,
a quienes guiarán hasta el éxito más rotundo
imaginable. Ninguno de ellos sospecha, no obstante, que el peligroso
terrorista boliviano Huascar se ha enterado de sus movimientos
y está muy atento a los acontecimientos que se aproximan.
Mientras tanto, en Panamá el “chombo” Jackson —conductor
de taxi cuyo padre jamaicano llegó a Panamá a trabajar
en el Corte Culebra— tiene que enfrentarse a la noticia
de que su hija Paloma se ha unido románticamente al yankee
Ronald Clark.
Éste es un trago especialmente amargo para Jackson, cuyo hijo
murió de un balazo en la cara propinado por un soldado
estadounidense cuando intentaba sembrar una bandera panameña
en la Zona del Canal. Pero el verdadero ángulo de interés
es la identidad del nuevo esposo de Paloma, quien es en realidad
un despiadado agente de la CIA para el cual ninguna acción
está fuera de sus posibilidades y quien se enfrentará sin
miramientos al ataque del misterioso grupo dirigido por Espada
y Lanza.
Es evidente, con solo leer esta novela, que mientras Alberto
Vásquez-Figueroa viajaba alrededor del mundo como periodista,
el escritor dentro de él recababa material. Resulta apropiado
que un libro titulado como nuestra nación contenga una
gama de personajes de diversas nacionalidades e idiosincrasias,
magníficamente retratadas por el autor, quien imprime
en sus protagonistas fascinantes y sorprendentes motivaciones.
Vásquez-Figueroa amalgama temas tan diversos como la actitud
estadounidense hacia el Canal y las atrocidades de la dictadura
de Pinochet, y recorre escenarios tan variados como la selva
del Darién y Machu-Picchu.
Al final, sin embargo, todo nos lleva al tenso desenlace que
se suscita entre las compuertas del Canal, y que mantendrá tanto
a los países de ese mundo ficticio como a los lectores
en suspenso hasta la última oración del libro.
Solo nos queda desear que ¡Panamá, Panamá!
nunca caiga en las manos de Al Qaeda…
Referencia bibliográfica: Vásquez-Figueroa,
Alberto. ¡Panamá, Panamá! España:
Plaza & Janés, 1977. 285 p. |
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