Don Quijote, en su andar caballeresco, se encuentra con una extraña
carreta que sale intempestivamente a través del camino, cargada de los
más diversos personajes y figuras. Parece la barca de Carón con
su barquero del infierno llevando a sus sufridos dolientes a la hoguera eterna.
Es conducida por un feo demonio. Vienen con él un ángel, un emperador,
un Cupido, un caballero con un sombrero lleno de plumas de diversos colores, también
otros con diferentes trajes y máscaras. Es una imagen dantesca que le produce
miedo al corazón de Sancho.
Don Quijote los enfrenta e indaga por sus afanes. El carretero le responde: somos
actores de la compañía de Angulo, el Malo (famoso actor y director
de las artes dramáticas del Siglo XVI). Acabamos de representar un auto
sacramental (pieza en un acto de tema sagrado) en un pueblo a pocos pasos de aquí
y vamos a otro también muy cerca, por ello lucimos los vestidos apropiados.
Don Quijote entusiasmado comenta que desde muchacho fue siempre aficionado a la
carátula. Por ello muchos aseguran que el caballero de la triste figura
se comporta como un actor y finge ser un caballero andante, escenifica con delirio
sus disparatadas aventuras.
De pronto irrumpe en escena un mamarracho vestido de bojiganga, se adorna con
muchos cascabeles y lleva un palo que en su punta trae tres vejigas de vaca hinchadas.
Este personaje preside la carreta de los farsantes a la entrada de las aldeas.
Con su bullicio alborota a Rocinante que sale a galope con Don Quijote, Sancho
se apresura a socorrerlo pues ambos caen. El mamarracho se lleva el asno de Sancho
y luego lo abandona. Don Quijote decide amonestar a los de la carreta de las comedias,
se acerca a ellos en tono amenazante, ellos se preparan con una sopa de arroyo
(de piedras) para responder su temeridad. Sancho con prudencia aconseja a su amo
que lo mejor es evitar esa pelea pues en ese grupo no hay ningún caballero
andante. Don Quijote recapacita y con humildad le dice a su escudero: Sancho bueno,
Sancho discreto, Sancho cristiano y Sancho sincero dejemos esos fantasmas y busquemos
mejores aventuras.
> Una vez más se impone la sabiduría popular por boca de Sancho
y en esta ocasión el valiente caballero de la locura escucha los consejos
de su rústico escudero. Cervantes, al crear con habilidad a sus dos personajes
con todos los antagonismos que representan, lo que hace es manifestarnos que somos
muchos en uno, esa dualidad existencial nos hace oscilar en distintos planos paralelos,
pero en realidad somos bifrontes mirando con caras diferentes una realidad múltiple.
He allí la grandeza de un genio de la literatura de todos los tiempos.
UNA QUIJOTADA DIGNA DE CERVANTES.
La prestigiosa editorial barcelonesa Carroggio (fundada en 1911) especializada
en libros de arte y enciclopedias y con más de 2000 títulos, en
celebración del IV Centenario del Don Quijote de Cervantes ha lanzado una
edición especial de lujo en miniatura, de 999 ejemplares numerados e ilustrada
por el panameño Ciro Oduber (1921-2000).
Durante cuatro siglos se han realizado más de 2500 ediciones del Don
Quijote en 50 idiomas distintos. La publicación de Carroggio es la más
pequeña en su tipo (dos volúmenes de 6 cm x 8 cm), su impresión
es en papel Biblia de 60 gr. Con una introducción del cervantista Pedro
M. Cátedra, especialista en literatura española, en las universidades
de Salamanca, la Sorbona y Colonia.
El artista panameño Ciro Oduber Oduber, destacado dibujante e ilustrador,
ejerció durante 30 años como profesor de pintura en diversas universidades
iberoamericanas. Oduber se formó en Argentina y Barcelona. Su pintura muy
ligada al cubismo por sus formas geometrizadas y por la descomposición
de la luz en grandes prismas, suaviza en su evolución la deformación
de la imagen con una tendencia impresionista. Oduber ilustra la edición
de Carroggio con más de 100 dibujos originales. Para el Panamá artístico
es un orgullo que un panameño se le distinga en esta publicación
a nivel mundial. La obra se puede adquirir en nuestro país. Es un incunable
por lo tanto una inversión a futuro.