Fragilidad en el Ejecutivo

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En medio de las celebraciones por el cincuentenario de la República, presididas por el primer mandatario José Antonio Remón Cantera, en noviembre de 1953, la sociedad panameña no dejó de observar con preocupación que, apenas tres presidentes elegidos constitucionalmente en el medio siglo transcurrido, habían logrado completar sus mandatos (Belisario Porras, Rodolfo Chiari y Harmodio Arias).

Inestabilidad y fragilidad caracterizaron a este Órgano del Estado a lo largo del siglo XX, al extremo que en los 32 años transcurridos entre 1932 y 1960, solo dos presidentes lograron concluir su mandato (Harmodio Arias y Ernesto de la Guardia jr.).

La modernidad material que abrazó al istmo de Panamá una vez convertido en república fue esquiva en el terreno político, en el que persistieron las prácticas pre modernas de inseguridad institucional que caracterizaron al Estado Federal entre 1855 y 1885.

Hubo períodos verdaderamente bochornosos como el cuatrienio que se inauguró con el escandaloso fraude electoral de 1948, cuando entre este año y 1952 cinco presidentes asumieron el cargo de la mano de la Policía Nacional (Domingo Díaz, Daniel Chanis, Roberto Chiari, Arnulfo Arias y Alcibíades Arosemena). En la semana comprendida entre el 19 y el 25 de noviembre de 1949, desfilaron por el Palacio de las Garzas Daniel Chanis, Roberto Chiari y Arnulfo Arias, por capricho del Comandante José Antonio Remón Cantera.

Seis años más tarde, en enero de 1955, se produjo el único magnicidio que registra nuestra historia en el siglo XX, cuando el excomandante policial convertido en presidente de la República José Antonio Remón Cantera fue asesinado en el hipódromo Juan Franco.

Pese al trauma que significó este trágico hecho para la sociedad panameña, máxime cuando el primer vicepresidente fue juzgado por la Asamblea Nacional y hallado culpable, el crimen permaneció sin resolverse, porque según los peritos contratados en el extranjero, el mismo gobierno se dedicó a obstruir la investigación.

Finalmente, el golpe de Estado militar del 11 de octubre de 1968 llegó precedido por el agotamiento del modelo oligárquico de gobierno que había imperado desde los inicios republicanos y por una etapa de gran corrupción durante la cual el Presidente Marco A. Robles fue juzgado por la Asamblea Nacional y acusado de coacción electoral. Pese a ello logró mantenerse en el poder gracias al apoyo de la Guardia Nacional y de la Corte Suprema de Justicia.

Entre este último año y la invasión de tropas estadounidenses en diciembre de 1989, transcurrió el sombrío período de dominio militar que contó con la complicidad de civiles que se prestaron para ocupar la presidencia cuando la cúpula castrense así lo requería y abandonarla cuando se lo ordenaban.

De manera que una vez más, asistimos a un período de extrema inestabilidad en el que el máximo cargo del ordenamiento republicano perdió los atributos y la dignidad que deben caracterizarlo para convertirse en un instrumento del cuerpo armado.

Nueve presidentes, en 21 años sellaron uno de los períodos más oscuros para la institucionalidad panameña. Solamente en el lustro transcurrido entre 1984 y 1989 seis presidentes ocuparon el solio presidencial por capricho de los militares. Incluso, mediante el artículo 277 de la Constitución de 1972 la figura presidencial quedó minimizada cuando se le otorgaron poderes omnímodos al jefe de gobierno general Omar Torrijos.

La restauración democrática a finales de 1989 llegó acompañada de dudas y del viejo fantasma de la solicitud de intervención militar extranjera, máxime cuando el nuevo presidente Guillermo Endara asumió el cargo en una base estadounidense en la Zona del Canal.

Presidentes solicitando la supervisión de las elecciones (1912); intentando extender su mandato presidencial (1918); demandando la intervención de tropas extranjeras (1925); derogando y reemplazando Constituciones (1951); subyugando y sometiendo a los poderes del Estado (1952-1954); traficando con influencias; nombrando a familiares y amigos en cargos públicos y exaltando el nepotismo, propiciando su enriquecimiento y el de sus allegados, utilizando su alta investidura para realizar jugosos negocios privados, rindiendo pleitesía a los militares represores, han desfilado por el Ejecutivo panameño durante el último siglo.

FUENTES

Editor: Ricardo López AriasTextos:Celestino Araúz y Patricia Pizzurno

Fotografías:Colección RLA/AVSU

Comentarios:vivir+@prensa.com

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