Jabones que perjudican

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Que la etiqueta de un jabón diga que ese producto es “antibacterial”, “antiséptico” o “antimicrobiano” no quiere decir que ofrece mayores beneficios para quien lo use.

Así lo afirmó la Administración de Alimentos y Medicamentos de estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que citó que el aseo con productos de este tipo –que contienen triclosán y triclocarbán– “podría plantear riesgos para la salud, tales como un aumento de la resistencia a las bacterias o efectos hormonales”.

Por ello, la FDA exige que los fabricantes de los productos demuestren que son seguros; si no, tendrán que eliminar los ingredientes antibacterianos activos.

Varios estudios de laboratorio sugieren que el uso prolongado de jabones antibacterianos puede crear resistencia concomitante de algunas bacterias patógenas a ciertos antibióticos, afirma el dermatólogo Juan Erasmo González.

“Las bacterias tienen la capacidad de mutar genéticamente para no ser eliminadas por los antibióticos, puede ser cambiando una proteína en su ADN o creando una enzima que inactiva el antibiótico”.

El doctor González cataloga la propuesta de la FDA como “importante” para regular el uso “indiscriminado de sustancias antibacterianas en jabones, enjuagues bucales, pastas de diente, desodorantes, juguetes, toallas, y ropa y zapatos, entre otros”.

Para el pediatra e infectólogo Xavier Sáez-Llorens, jefe de Infectología del Hospital del Niño, la postura de la FDA le parece necesaria y sensata. “Existen numerosos productos que se venden libremente, basados en potenciales beneficios para la salud y que son en realidad publicidad engañosa, sin aval científico que respalde esas bondades. En la era actual, la medicina debe estar basada en evidencia incontrovertible para acercarse a una verdadera ciencia”.

El doctor Silvio Vega, especialista en microbiología y presidente del capítulo de Panamá de la Alianza para el Uso Prudente de los Antibióticos, opina que la medida es apropiada, ya que el uso de sustancias activas como el triclosán en los jabones antibacterianos “se ha difundido tremendamente y se están usando indiscriminadamente en muchas otras sustancias”.

Según el especialista, hay muchos productos que salen al mercado promulgando ser eficaces contra los microbios, cuando en realidad no es así. “Las bacterias están en todos lados, forman parte de nuestro cuerpo como flora bacteriana normal y en algunos casos ejercen funciones protectoras contra las bacterias patógenas. El problema es que estas sustancias no distinguen entre patógenos y no patógenos, y afectan a todas las bacterias, permitiendo que sobrevivan las que van adquiriendo resistencia. Cuando se expulsan al medio, son difíciles de degradar e inducen serias alteraciones a la microflora y fauna ambiental”.

El microbiólogo señala que el cuerpo humano tiene suficientes mecanismos de defensa, internos y externos, que en condiciones normales nos defienden de la mayoría de los patógenos. “Sería conveniente recomendar, que estos jabones se usen con prudencia y no en forma rutinaria, limitando su aplicación donde los beneficios para la salud sean demostrables”.

TRICLOSÁN Y TRICLOCARBÁN

¿De qué manera los jabones antibacteriales (con triclosán o triclocarbán) podrían alterar la función normal de la flora bacteriana, fortaleciendo la resistencia bacteriana, y alterar las hormonas?

La flora bacteriana de la piel es usualmente benigna, ya que establece simbiosis con nuestras células para beneficiarse mutuamente; por tanto, alterar la ecología microbiana puede conllevar a consecuencias indeseables, advierte el doctor Sáez-Llorens. “La exposición frecuente a cualquier fármaco antimicrobiano puede desencadenar al desarrollo de resistencia a través de producción de substancias que causan impermeabilidad, inactivación, rompimiento de enlaces químicos, etc.”.

En palabras del doctor González, cuando se agrede la microflora bacteriana se afecta la respuesta del sistema inmune. “Para la maduración normal del sistema inmunológico debe haber un equilibrio que lo brinda nuestra flora bacteriana. Las alteraciones inmunológicas pueden causar un aumento de enfermedades alérgicas, especialmente en niños”.

El dermatólogo añade que estudios en animales utilizando altas dosis de triclosán y triclocarbán han demostrado un aumento en los niveles de estrógenos y testosterona, en parte por interacciones con los receptores de estas hormonas.

Sáez-Llorens afirma que varios estudios en animales de experimentación han revelado que en dosis elevadas, el triclosán puede interferir con la contractilidad miocárdica y perturbar el sistema endocrino, particularmente la acción de hormonas sexuales (estrógeno) y tiroideas. “Como esta substancia se absorbe por la piel y entra en el organismo, su uso frecuente en jabones y otras preparaciones cosméticas, podría también causar afectaciones similares en humanos”.

González agrega que se requieren estudios para determinar si estas sustancias “podrían ser un riesgo para padecer enfermedades de mama y próstata en humanos, ya que pequeñas cantidades pueden ser absorbidas a través de la piel y mucosas”.

EL ADECUADO

De acuerdo al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los jabones antibacteriales no son necesarios, pero el lavado de manos con un jabón ordinario y agua tibia es una de las medidas más efectivas de prevenir infecciones, recalca González.

“Los jabones antibacterianos deben estar en contacto con la piel unos dos minutos para ejercer su función. El lavado de manos dura menos de 30 segundos”, indica el dermatólogo.

Según informes de la FDA, no hay evidencias de que un jabón con antibacterial sea significativamente mejor a un jabón de uso común. Por supuesto que no elimina virus, que son los agentes productores de infecciones más frecuentes en el ambiente, aclara Vega.

Normalmente una persona sana no necesita usar un jabón antibacterial, señala Vega. “Los jabones medicados utilizan dosis más altas de los compuestos antibacterianos”. En algunos pacientes con inmunodeficiencia, en pacientes hospitalizados, en hospitales que tengan brotes de bacterias nosocomiales que se transmitan a través de las manos son recomendados, indica.

En este sentido, González agrega que los jabones antibacterianos pueden ser utilizados por períodos cortos, en situaciones que lo ameritan, según el criterio de un médico.

La buena limpieza con agua y jabón común implica la permanencia de la espuma jabonosa en la piel durante 15 a 20 segundos, posterior a lo cual se requiere de un bondadoso enjuague con agua, afirma Vega.

El microbiólogo añade que en medio de tanta oferta es difícil encontrar el jabón ideal. “Es una combinación de eficacia y gusto; suave, espumoso, con poco aceite y fragancia delicada (no mucha) y que sea aceptado por su piel sin dejarla reseca”.

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