Medio milenio de historia (II)

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El resultado de los fenómenos migratorios es que Panamá se convierte, en gran parte en un período histórico de casi cinco siglos, en territorio de inmigrantes.

Eso es evidente para las poblaciones de origen europeo y africano y lo es por igual para una porción fundamental de las actuales poblaciones de origen precolombino. Gran parte de los antepasados de los gunas y los chocoes del Darién de hoy parecen haber llegado al istmo panameño después de la conquista desde el territorio colombiano del Atrato-Chocó.

Parte de la población mestiza de ascendencia indígena de la actual región transístmica y de las provincias centrales que miran el golfo de Parita tiene también un origen externo del Caribe o de Centroamérica.

La historiadora Carol F. Jopling afirma que “a juzgar por los registros, parece probable que los indígenas que residen en la mitad occidental de la moderna Panamá sean descendientes no solo de aborígenes panameños, sino también de estos inmigrantes”.

Solamente en el oeste panameño, hacia las montañas de Veraguas, Chiriquí y Bocas del Toro, pareciera que la inmigración de indígenas después de la conquista no tuviese la importancia que en el resto del país, aunque se registran sensibles movimientos migratorios del Talamanca costarricense hacia el territorio panameño a lo largo de la época colonial. En estas migraciones del occidente del país tendrán responsabilidad especial los llamados indios mosquitos, o miskitos, de la costa caribe centroamericana.

A todo lo largo del siglo XVIII, estos guerreros parecieran diezmar las poblaciones indígenas de la vertiente caribe de la cordillera central en Bocas del Toro para producir un espacio más bien vacío, que llenarán, más adelante, otros inmigrantes guaymíes y teribes del Talamanca y de Chiriquí, a quienes se añaden colonizadores negros de San Andrés y Providencia en las hermosas islas de la Laguna de Chiriquí.

La fuerza de los movimientos migratorios en el período histórico es tan importante que a mediados del siglo XIX los indígenas gunas -que llegan al territorio panameño más bien en los siglos XVII y XVIII-, localizados en tierra firme, comienzan a colonizar las islas de coral del archipiélago en donde se encuentran hoy en su mayoría, y que aún a mediados del siglo XX sigan moviéndose chocoes, llamados también emberás, hacia la cuenca del río Chagres.

El arribo en el siglo XVI del expedicionario y del conquistador, del misionero y del colonizador trasatlántico a nuestra tierra constituyó un hito de primera importancia en la historia universal.

En adelante, ningún ser humano escapará, por mínima que fuese, a la acción de los otros sobre él directamente o sobre su entorno. Surge, definitivamente, en esa época lejana, la posibilidad de la historia universal que irá haciéndose y registrándose de manera cada vez más compleja hasta nuestros días.

Al hombre común, al panameño de a pie y de ahora lo que debería interesar es el significado simbólico del acontecimiento, su intensa carga emblemática y mítica. Las celebraciones milenarias se han convertido, en otros lugares, en ocasiones de exaltar las gestas históricas más relevantes y fortalecer el sentimiento de identidad, al tiempo que el de pertenencia a un grupo humano más amplio que rebasa la estrechez de las fronteras nacionales. Recordemos también que en 1992 celebramos con gran pompa, en el amplio ámbito continental, los 500 años del descubrimiento de América, fenómeno histórico de la mayor trascendencia universal. La Iglesia católica los convirtió, a su vez, en su medio milenio de evangelización.

Después de la conmemoración del primer viaje trasatlántico de Cristóbal Colón, cada país de la región, por derecho propio, tiene su aniversario más venerable.

De tal forma, Brasil, el gigante sudamericano multicultural, conmemoró en 2002, sus 500 años del descubrimiento, con un gran movimiento de reafirmación nacional y de unidad, de solidaridad social y de pertenencia orgullosa a la civilización latina y occidental.

FUENTES

Editozzzzr: Ricardo López AriasTextos: Omar Jaén Suárez

Infografía: datos de Omar Jaén

Comentarios: vivir+@prensa.com

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