Militarización de la Policía Nacional (1941-51)

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La militarización y creciente intromisión de la Policía Nacional en la política tuvieron consecuencias nefastas para nuestro desarrollo. Surgieron de la opción de algunos sectores dominantes por la fuerza para promover sus intereses, y del apoyo estadounidense al cuerpo armado. Se vieron estimulados, además, por el liderazgo de un comandante militar empeñado en aumentar su poder.

Dicha militarización convirtió a la policía en el factor decisivo de la política nacional. Por ejemplo, el golpe de Estado del 9 de octubre de 1941 fue posible, gracias al respaldo que la fuerza pública dio a los golpistas. Los adversarios del presidente Arnulfo Arias aprovecharon un viaje secreto del mandatario al extranjero para pedir a la Corte Suprema de Justicia que declarara vacante la Presidencia de la República. Seguidamente, la Policía Nacional encarceló al primer designado vicepresidente José Pezet, lo que imposibilitó su juramentación como presidente.

En su lugar, el segundo designado, Ernesto Jaén Guardia, asumió la primera magistratura, pero renunció dos horas más tarde. Al tercer designado y embajador de Panamá en el Perú, Aníbal Ríos, se le impidió regresar al país. Finalmente, el gabinete encargó del poder Ejecutivo al ministro de Gobierno y Justicia, Ricardo Adolfo de La Guardia.

¿Qué sectores coincidieron para producir el golpe? Por un lado, grupos locales influyentes–entre ellos, la propia policía–deseosos de salvaguardar sus espacios en riesgo bajo la administración del líder panameñista. Por otro, el Gobierno estadounidense, cuyo interés por obtener bases militares fuera de la Zona del Canal y proveer de armas a los buques de bandera panameña lo enfrentó a Arnulfo Arias.

La ruptura del orden constitucional en 1941 impulsó el liderazgo militar de José A. Remón. Nombrado segundo comandante de la Policía Nacional tras la caída del Dr. Arias, a partir de su ascenso a primer comandante en 1947, acumuló una medida significativa de poder que le permitió orquestar la designación y el derrocamiento de varios presidentes y su propia elección, por medios poco transparentes, a la Presidencia de la República en 1952.

Con Remón, la Policía Nacional afianzó su autonomía y adquirió rasgos militares. Ejerció con violencia su capacidad represiva, particularmente durante las jornadas nacionalistas de 1947. En los comicios de 1948, el oficialismo y la Policía Nacional se confabularon para negarle el triunfo a Arnulfo Arias.

En 1949, el presidente Daniel Chanis ordenó la destitución de Remón por graves acusaciones de corrupción. Antes que acatar la orden, Remón obligó al Dr. Chanis a renunciar. Asumió entonces la Presidencia el segundo vicepresidente, Roberto F. Chiari, mientras el Dr. Chanis comparecía ante la Asamblea Nacional, en cuyo recinto declaró que su renuncia no fue voluntaria sino obligada. En este contexto, caldeado por protestas populares contra el emergente militarismo, la Corte Suprema de Justicia dictaminó que correspondía al Dr. Chanis continuar ejerciendo la Presidencia de la República.

Para preservar su control de la Policía Nacional, amenazado por la movilización ciudadana y el fallo de la Corte Suprema, Remón dispuso un recuento de los votos emitidos el año anterior, el cual “corrigió” los resultados iniciales y proclamó la victoria de Arnulfo Arias. Así volvió el Dr. Arias a la Presidencia el 25 de noviembre de 1949, y Remón aseguró su permanencia al frente de la policía.

Dieciocho meses más tarde, en mayo de 1951, la Policía Nacional, provista del fallo de la Asamblea Nacional que suspendía provisionalmente al presidente Arias, arrestó al caudillo panameñista luego de un prolongado y sangriento tiroteo. El primer vicepresidente Alcibiades Arosemena ascendió a la Presidencia de la República y, desde su alto cargo, puso el Gobierno a disposición de Remón. Los recursos estatales fluyeron, entonces, hacia la candidatura presidencial del comandante, quien fue proclamado triunfador en los comicios de 1952. Fortalecida por el monopolio de la violencia y el ejercicio de funciones arbitrales, entre 1941 y 1951, la policía se compactó alrededor de su comandante y se entrometió crecientemente en la política y la economía del país. La represión y la venalidad caracterizaron este nuevo episodio de militarismo en Panamá, y colocaron a la Policía Nacional a la par de otros cuerpos armados del continente, dedicados a erradicar toda disidencia y saquear el erario.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Textos: Carlos Guevara Mann

Fotografías: Colección RLA/AVSU

Comentarios: vivir+@prensa.com

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