Omar Torrijos:la cuestión canalera

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Septiembre, 1977. Omar Torrijos y Jimmy Carter firman los tratados del Canal de Panamá. Septiembre, 1977. Omar Torrijos y Jimmy Carter firman los tratados del Canal de Panamá.
Septiembre, 1977. Omar Torrijos y Jimmy Carter firman los tratados del Canal de Panamá.

Como cualquier otro acontecimiento, la abrogación final y definitiva del tratado Hay-Bunau Varilla del 18 de noviembre de 1903 fue el resultado de múltiples causas. En la década del 70 todavía se recibía la influencia de los movimientos sociales internacionales. La lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y los esfuerzos por la descolonización en la esfera del subdesarrollo calaron hondo en la conciencia colectiva. Nuevos sentimientos de justicia rescataron para el primer plano el tema del Canal, y las voces de distintos continentes se interesaron en lo que ocurría en la pequeña Panamá, sobre todo después del 9 de enero de 1964.

El ambiente mundial que le ofrecía oportunidades a Panamá había estado ausente durante la primera mitad del siglo XX. Aunque los dirigentes nacionales no dejaron de insistir con firmeza o con timidez, -ya esa es otra cosa- en la adopción de nuevas reglas para manejar la relación bilateral en torno al Canal, a la zona canalera y a las instalaciones militares, la voz se perdía en la magnitud de los problemas de la región y no había posibilidades reales de encontrar salidas adecuadas, que no fueran las revisiones parciales de las condiciones vigentes en los tiempos de la independencia. Es cierto que, desde la vigencia de la vieja concertación, se instaló una profunda contradicción entre Panamá y Estados Unidos por la utilización de la posición geográfica. No obstante, saldadas las cuentas y limpia la mesa desde el 7 de septiembre de 1977, las relaciones entre el grande y el pequeño adquirieron otro carácter y Panamá completó su ciclo soberano sin necesidad de sacrificios adicionales.

El logro fue posible por el rumbo de los episodios internacionales, el impulso de distintas generaciones y la contribución de individualidades a las que les correspondió el rol principal. Jimmy Carter, por Estados Unidos, y Omar Torrijos, en nombre de Panamá, pusieron toda la carne en el asador y pudieron culminar la tarea.

En el caso de Panamá, uno de los factores más significativos fue la proximidad de Torrijos con el esfuerzo de la negociación. La cuestión canalera quedó, por derecho propio, colocada en la cúspide de la prioridad nacional. Solamente eso -la superación del conflicto nación-colonia- justificaba el ejercicio del poder, a tal punto que el potencial fracaso de la negociación abría sombríos interrogantes sobre el futuro de la propia vía de tránsito interoceánico. Dicho de otro modo, o había resultados significativos a favor de las reivindicaciones históricas de Panamá, o posiblemente quedaba abierta la vía de la catástrofe, expresada en la operación militar “Potable”, cuyos detalles han quedado en las sombras del misterio.

Con Torrijos en plan de coordinador principal y liberado de los temores reverenciales que en ocasiones paralizaban la voluntad y la acción de grandes líderes nacionales, se decidió impulsar una visión multilateral y no bilateral, acompañada de un método de trabajo que trataba de distinta manera cada ámbito de la negociación. La desaparición de las bases militares se sujetó a un programa progresivo que empezó con el desmantelamiento de la Escuela de las Américas y terminó el 31 de diciembre de 1999. La administración panameña del canal propiamente dicho debió esperar veintitrés años, pero la zona del canal, que era el núcleo del problema, se hundió desde el primer minuto en el que empezaron a regir los acuerdos.

De allí en adelante, Panamá dio un salto cualitativo: la ruta de tránsito al fin quedó bajo su control indisputado, los puertos entraron a su patrimonio y su dirección, las diez millas de los lados del Canal se integraron a su jurisdicción, el uso comercial del cruce entre los mares se pudo tomar en cuenta para los propósitos del crecimiento y del desarrollo y el país pasó a otra etapa de su evolución histórica, ahora con la totalidad de sus facultades soberanas. Es cierto que en Panamá se fueron sucediendo las luchas de una generación a otra, pero fue después de Torrijos cuando se alcanzó la plenitud de la personalidad del Estado. A lo interno, desde luego, no hubo unanimidad, posiblemente a raíz de las encrucijadas diabólicas contenidas en el pacto de neutralidad, pero ya pasados los años, el balance es positivo. El Canal es el centro neurálgico de un conglomerado que sirve de palanca a la economía y entrega recursos directos al país. Panamá pasó la prueba.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Textos: Adolfo Ahumada

Fotografías: Colección RLA/AVSU

Comentarios: vivir+@prensa.com

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