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¿Y la tapa?

En la Avenida Balboa, una de las vías con más tráfico en la ciudad capital, esta alcantarilla está sin tapa. El cono de seguridad -que probablemente indicaba el peligro- está adentro del hueco. Hay muchas alcantarillas sin tapa en calles y aceras, que son una amenaza para peatones y autos, porque muchas veces no se ven y causan serios daños materiales y accidentes graves.

Aunque la reposición de estas tapas se intenta hacer continuamente, según el Idaan, se las roban frecuentemente. La mayoría de las que están en la calle pertenece al Idaan, pero algunas son del Ministerio de Obras Públicas y otras, de Cable & Wireless.

Serias diferencias

“Debo reconocer serias diferencias con el Presidente la última semana por el manejo del terreno de Paitilla”; y “Le pedí al Presidente que escogiera entre mi persona y los empresarios que promovieron la inscripción del terreno, hoy decidió”. Estas dos frases publicadas en Twitter por el vicepresidente Juan Carlos Varela el día de su destitución son muy serias y no pueden quedar allí. Dan a entender algunas cosas; por ejemplo, que hubo empresarios detrás de la adquisición del terreno, que pudo haber irregularidades de parte de los funcionarios involucrados o que la decisión que se pretendía tomar en el Consejo de Gabinete no era la correcta.

Además, estas frases de alguna manera compaginan con las declaraciones sospechosas de algunos funcionarios sobre el tema. El director de la Anati, por ejemplo, en entrevista televisiva del 23 de agosto, defendió con vehemencia la titulación a favor del florista. Textualmente señaló que “a pesar de que a usted u otras personas no les guste el título, porque está en Paitilla y este señor vende flores, todo el mundo reconoce que ha estado luchando por esa tierra por muchísimos años”.

Sin embargo, solo hay que entrar en la página de internet del Órgano Judicial y encontrar en dos fallos de la Corte Suprema del 22 de enero y 28 de agosto de 2007, que al señor lo habían desalojado por intruso en 2005. Solamente había que hacer una inspección ocular y darse cuenta de que el terreno no estaba cercado ni sembrado, no había cría de ningún semoviente; en síntesis, se encontraba completamente baldío y sin trabajar.

Tampoco debió ser difícil colegir que el recibo de agua presentado por el florista tenía como domicilio la “Vía Italia” (lugar donde estaba ubicado su quiosco), o sea, si acaso en la acera de una servidumbre y no en un terreno de 11 mil metros que ni siquiera colinda con esa vía; que en los planos del Miviot se califica el terreno como “parque vecinal” o bien, tener la suspicacia de hacer un sencillo estudio de suelo para confirmar que se trata de un relleno, a todas luces no susceptible de apropiación privada.

Y para acabar de rematar, afirmó que la sociedad que lo adquirió fue traspasada a unos “inversionistas” (contradiciendo a otros funcionarios de alto nivel ese mismo día y al propio florista) en adición a que la decisión de construir un parque era para “complacer a la opinión pública”.

Ante todos estos desatinos, ahora no le queda más remedio que decir que “les metieron un gol” y que la responsabilidad no es de él sino del ministro Alberto Vallarino. Esta escandalosa transferencia a un particular no es comparable con unos supuestos 43 rellenos, dizque “no autorizados” en Punta Paitilla. Al leer la noticia notamos que 29 de esos rellenos están dados legalmente en concesión (no traspasados), pagándose los alquileres respectivos. Y hemos averiguado que algunos de esos 13 no contratados (si no todos), sencillamente no han sido resueltos por la entidad correspondiente, suponemos que por razones burocráticas.

Tampoco es comparable la adquisición gratuita del florista con la compra de un terreno patrimonial del Estado de 200 y tantos metros por parte de la Sra. de Weeden, quien pagó 60 mil dólares y cumpliendo con la ley.

En síntesis, en vez de distraernos con cortinas de humo que abrazan a justos por pecadores, debemos compeler al vicepresidente Varela para que describa a la ciudadanía esas serias diferencias que tuvo a raíz del terreno e incluso, poner las denuncias respectivas en el Ministerio Público de darse el caso.

Julio E. Linares Franco
abogado


Las mujeres sí son una amenaza

Lo mismo que los hombres, las mujeres son una amenaza para la sociedad. Me refiero a la expresión contraria, falsa por su generalización, de Candice Herrera Carrizo, la “joven, panameña y política”, abogada y miembro del PRD, como se identifica ella misma, en su artículo “Las mujeres no son una amenaza”, (La Prensa, Opinión, 3/9/11). Supongo que la amenaza denunciada tiene que ver con la desastrosa situación social del país, que ella apercibe y en la cual nada tiene que ver la mujer. Pues, es falso. Todos tenemos que ver, siempre, en mayor o menor grado, con la realidad que vive el país.

Ciertamente, que las acciones y omisiones de los ciudadanos, incluidas las mujeres, constituyen una amenaza para la sociedad cuando aquellas se apartan de los valores y principios que sustentan el bien común, razón de ser del Gobierno y que ella misma demanda a todos como respuesta. Las mujeres, entonces, sí son una amenaza cuando no cumplen su verdadero y completo papel en la familia y en la sociedad: papel al cual Herrera Carrizo no se refiere en su artículo, muy desviado hacia lo político partidista y barnizado con un leve tinte feminista.

Por otra parte, es muy acertada su opinión cuando describe las cualidades y virtudes que ella, con un encanto muy femenino, atribuye a la mujer como “cualidades inherentes” propias del sexo (y que ningún hombre les discutiría): “Verdadera entrega social, tolerancia, responsabilidad, protección de nuestro entorno, administradoras naturales, conciliadoras, capaces y progresistas” (lo echó a perder con esta última).

El error es que ni todas las mujeres actúan así, ni tales virtudes son extrañas al hombre. Las generalizaciones, que se inician con el título del artículo, debilitan su argumentación a favor de los supuestos derechos que reclama para la mujer y la supuesta desigualdad que denuncia. Las mujeres en nuestra sociedad tienen todos los derechos reconocidos en una sociedad civilizada. El que nuestra joven abogada sea miembro de un importante partido político es prueba de que allí se valora y respeta a la mujer. Igual en otros partidos, uno de los cuales ha dado una presidenta a la república.

En ningún partido se les restringe la participación ni el acceso a puestos de poder. Exigir paridad, como piden las feministas de moda, es una amenaza a los partidos y una bobería que, además, hace daño a la mujer; pues sí se le impediría ocupar más puestos que los hombres, lo cual sería, además, antidemocrático.

En la política, tanto la mujer como el hombre se valoran por su capacidad, preparación, sus obras y su entrega. Y su participación es, quizás, tanto más meritoria cuanto que se desenvuelve en un terreno caracterizado por la carencia de valores éticos, desde siempre, como nos enseña la historia de la humanidad. Pero iguales problemas y dificultades han de vencer los hombres poseedores de las virtudes y cualidades humanas necesarias y las que nuestra escritora, al parecer, atribuye exclusivamente a las mujeres.

Quizás el hombre tiene más dura la cara para soportar ese ambiente negativo, algo que resulta más doloroso para la mujer, lo que explica el que muchas prefieran mantenerse alejadas de la política.

El papel principal de la mujer no es tanto el de participar temprana ni directamente en la política ni a tiempo completo, sino el de forjar y formar buenos hombres y mujeres, buenos ciudadanos, desde la cuna y a todo lo largo de sus respectivos recorridos en la vida, incluida la política. Solo la mujer puede realizar esa tarea. Solo ella puede ofrecer a la sociedad la solución a los problemas más vitales y fundamentales, como madre o como esposa y compañera del hombre, con las virtudes y valores éticos entre los que están los que apunta la joven abogada.

La falta de valores morales señalados por la autora viene de años atrás y, lamentablemente, parece intensificarse en nuestros días como consecuencia de su propia dinámica interna, acelerada por fuerzas negativas “progresistas”, importadas, que en lugar de fortalecer el papel de la mujer en la sociedad como corazón y alma de la familia, la desvían hacia campos en los que se confunde con los hombres en una homogenización cultural que resulta lesiva a la naturaleza de la mujer: una naturaleza cuyos atributos la hacen única, irreemplazable, insustituible en la sociedad, como centro de la familia natural, un centro del cual se le trata de sacar con perversos cantos feministas de sirena.

Este es el verdadero enemigo de la mujer y su peor amenaza. Cuando la mujer se deja llevar por esos cantos de sirena y esas corrientes negativas del feminismo, entonces pierde ella ese encanto natural que le es propio y se convierte, sin querer o sin saberlo, en una amenaza.

Miguel A. Espino Perigault
Profesor


El sombrero de tres picos

El título, que se refiere a una novela del español don Pedro de Alarcón, solo lo utilizamos para captar la atención de los lectores, con base en lo que ocurre actualmente en nuestro ambiente político. El caso es que nuestro Excelentísimo Señor Presidente, en uso de sus facultades legales y constitucionales, ha destituido de la manera más chabacana e indecorosa a su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Carlos Varela. El argumento esgrimido sobrepasa el alcance del título; el señor canciller en vez de usar un sombrero de tres picos, usaba uno de cuatro. A la par de Vicepresidente del país era Presidente del Partido Panameñista, Ministro de Relaciones Exteriores y candidato presidenciable por su partido. Esta situación, a juicio del mandatario, disminuía el esfuerzo a un 100 % del Canciller.

A pesar de no agitarme en política, cada día me sorprendo más y aprendo enormemente sobre la condición hepática que deben poseer los políticos para ser tan embusteros y ruines.

Al reemplazar al Excanciller se nombra a un miembro del Partido Cambio Democrático, que de hecho y de derecho, luce desde hace más de dos años un sombrero de tres picos: ministro, vicepresidente de CD y aspirante presidencial mencionado por el Presidente, recientemente.

Debo suponer por lo anterior que si el Canciller solo hubiese usado un sombrero de tres picos todavía estaría en la corte del soberano. Como ejercicio mental, sin llegar a utilizar la palabra que expresara el mandatario por televisión en prime time, el cargo de vicepresidente es como dice el Ministro de Seguridad “una llanta de repuesto” y, en consecuencia, no debe consumir gran esfuerzo hasta que sea necesario. Esto demuestra a todas luces que el mandatario no desea ninguna competencia en contra del candidato del CD, que bien podría ser él por los vientos que soplan, aunque lo haya negado hasta el cansancio. ¿Cuántas veces el mandatario ha hecho una promesa que al poco tiempo la recoge y reniega como si nada?

No soy político ni aspiro a ello; sin embargo, dentro del grupo político hay tanta gente seria y honesta que debe manifestarse ante lo que hoy ocurre en nuestro país, como ya lo hemos advertido en tantos artículos anteriores. Me parece muy plausible la actitud valiente y frontal que ha adoptado el excontralor Alvin Weeden al respecto.

El caso del terreno de Punta Paitilla es, a mi juicio, un pequeño detalle dentro del mar de corruptela como se administra hoy día la cosa pública, donde no solo se asignan de a dedo las licitaciones, sino que las mismas tienen unos costos abultados y escandalosos. Se consideran proyectos faraónicos y otros, sin la menor sustentación de factibilidad, para poder hacer los grandes negociados con las firmas constructoras. Recordemos que ya en Brasil ha tenido que renunciar en el nuevo gobierno una gran cantidad de ministros acusados de corruptos, donde se destaca el que ocupó la cartera de Obras Públicas por su relación y componendas con grandes empresas constructoras de su país.

Es verdad que en los gobiernos anteriores hubo corrupción y robo, al punto de que un vicepresidente del país dijese sin rubor que “todos los gobiernos roban”. La única diferencia de hoy es el nivel de descaro como se hacen los grandes negociados. Se está comparando el país con un gran potrero, donde el 61% de los kilómetros cuadrados y del número de reses y peones, que seríamos todos, pertenecen a los gobernantes de turno.

Marcos A. Mora
Economista


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