Página del lector_20110916

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EL MAL DE LA CIUDAD

En calle 54, Marbella, muy cerca de calle 50, en el corregimiento de Bella Vista, hay una alcantarilla desbordada de la que salen aguas negras con malos olores, que ensucian e inundan el lugar. Según los trabajadores de una construcción cercana y los vecinos del barrio, la alcantarilla se tapó desde el domingo pasado, cuando cayeron fuertes lluvias en la ciudad de Panamá.

Los aspirantes a la Corte

“Con 112 aspirantes a la Corte Suprema de Justicia, entre los que figuran funcionarios del actual gobierno, notables, exlegisladores, fiscales y exmagistrados del Tribunal Electoral, cerró ayer el periodo de postulación”, informa el diario La Prensa (13/09/11). Solo existen 10 vacantes (5 para magistrados titulares y 5 para magistrados suplentes). La designación de los futuros magistrados está en manos del Ejecutivo (Presidente de la República), toda vez que carecemos de un proceso de selección (concurso) en el cual los candidatos tienen ocasión de exhibir sus méritos en cuanto a conocimientos de las leyes se refiere, y mucho menos de hacer preceder a tal concurso un examen de la personalidad de los aspirantes, hecho por técnicos especializados en psicología diferencial.

A nuestro entender, la primera condición para poder aspirar a ser juez es ser “justo” o ecuánime en los juicios y esa cualidad se encuentra apenas ¡en una minoría de los candidatos a magistrados! Ser justo no se consigue solo con el conocimiento, más o menos profundo, de las leyes y códigos vigentes, sino que depende de muy especiales condiciones de carácter. No se puede ser justo estando “desajustado”, es decir, no teniendo un buen equilibrio entre las tendencias integrantes de la personalidad o entre sus diversos planos de actividad.

Las personas emotivas, apasionadas, impacientes, ansiosas carecen de la serenidad necesaria para enjuiciar con objetividad. Pero, también es cierto que no es posible examinar todos los factores que intervienen en cualquier situación, si se posee una mentalidad fría, calculista, coartada, desprovista de calor humano y de “comprensión simpática”. Menos se puede ser justo con los demás si no se es consigo mismo; vale decir, si se alimenta un auto-odio o, por el contrario, un narcisismo exagerado. Es probable que la mayoría de los aspirantes a la judicatura no tiene auténtica vocación de juez y se aprestan al codiciado cargo de magistrado por motivaciones equívocas: por afán de seguridad y provecho económico, como trampolín para una ulterior carrera política o para eludir sus propios problemas de conciencia. Pero no basta ser justo sino que además se necesita ser incorruptible; es decir, inmune a promesas, amenazas y demás incentivos y presiones que siempre actúan, en forma abierta o solapada, sobre el juez para llevarlo a torcer o desviar en la sentencia su íntimo convencimiento acerca del caso.

Sabemos que va a ser difícil escoger a los magistrados por concurso, y menos someterlos a un examen psicológico, pero mientras esa dificultad no sea vencida debería por lo menos evitarse que los nombramientos de jueces y magistrados dependan apenas de los requisitos mínimos exigidos por la ley vigente. Mejor sería, en todo caso, que la promoción al puesto de magistrado fuese (como se hace en el profesorado) el premio y la culminación de una larga obra dedicada a la administración de justicia en puestos secundarios o auxiliares. Sería entonces la hoja de servicios, es decir, la experiencia vital profesional condensada, la que señalaría los méritos comprobados del aspirante y no apenas su memoria, su momentánea suerte o su capacidad dialéctica.

“Un veredicto injusto es de efectos mucho más nocivos para la vida social que un proceso pendiente de sentencia. Un juez venal atrabiliario o incompetente es mil veces peor que un delincuente no sentenciado”. Por esto, si hay una actividad profesional que exige garantías en la selección de sus cultores es precisamente la magistratura. Quien a ella es candidato ha de poseer cualidades y prendas de carácter más valiosas todavía que sus aptitudes intelectuales.

PAULINO ROMERO C.Profesor


Sobre el idioma guna

Días atrás me enteré a través del suplemento de folclore del diario La Prensa de la vigencia de la Ley 88 de noviembre de 2010, la que aprueba el idioma guna de 15 letras y que no incluye la letra “k”; mea culpa tal desconocimiento que como ciudadano panameño es de forzoso acatamiento. Sin embargo, ello me hizo reflexionar sobre el nivel de pertinencia de la Asamblea Nacional para legislar sobre normas gramaticales, las que han sido tratadas convencionalmente por estudiosos como lingüistas, etnógrafos y antropólogos sociales. Me extraña sobre manera que esta ley haya “pasado” sin mayores contratiempos, sin medir la trascendencia de tal acción.

Me resulta difícil asimilar –por ejemplo, que la eminente antropóloga waga Reina Torres de Araúz nunca hubiese notado y reflejado en sus obras cumbres La mujer kuna y Panamá indígena que la letra k no existe. Resulta muy extraño que tampoco lo notó el grupo anai del sáhila Horacio Méndez en el libro Literatura indígena kuna, ni tampoco Remi Henríquez en su libro Hable kuna. En los años 70 la diéresis sobre la “a” fue aplicada a la gramática de la lengua ngäbe, naso y emberá sin necesidad de una norma estatal que justificase la inexistencia de la “ä” (con diéresis) en el idioma castellano.

Sobre este hecho en cuestión, me inclino a pensar que aquí prevaleció el hecho sociológico de regionalismo, explico: basado en mis experiencias de campo, he notado una clara diferencia geográfica en la pronunciación de palabras con la letra “k” y “g”; así en el área de Ailigandí hacia el centro del territorio confluye este fenómeno lingüístico.

Véase por ejemplo, el caso de la palabra “tía” en español: en la región occidental de Guna Yala es ammor, mientras que en Cartí es amma; esa misma palabra en Armila es obcena. En efecto, hacia Cartí –extremo oriental– existe el modismo que involucra la “k”; por eso, pienso que fue este grupo de cultos anais los que lograron la aprobación de esta ley, en detrimento de modismos de otras partes del territorio guna.

La vigencia de esta ley obliga a las entidades estatales a cambiar todos los términos referidos a la comarca, como los lugares poblados citados por Estadística y Censo, todos los libros del Ministerio de Educación y, lo más trágico: por ordenanza legislativa cambiar la forma de hablar la lengua guna en toda la comarca donde no se usa el acento de la “g”. El pueblo guna –y solo ellos deberán definir mediante consultorías locales en toda la comarca– y Colombia guna, la conveniencia de adoptar esta norma jurídica a través de sus sáhilas; anticipo que será un fracaso el intento, porque el pueblo guna de seguro seguirá hablando en la forma tradicional enseñada por sus abuelos en cada uno de sus pueblitos.

Me es impensable que por culpa de esta ley estoy obligado a enseñar que un gran líder guna fue Nele Gantule, que los gunas tocan flautas gamu o que pescan galu o jurel. Ello es como querer modificar mediante ley el “meto” chiricano, el “diaulo” de Azuero o el “bulí” darienita.

Señores periodistas, los regionalismos existen como parte del saber del pueblo, ellos no requieren de una legislación que restringa la libre expresión de los pueblos sin distingo de etnias, formación educativa o casta social, ello refleja la riqueza lingüística de nuestro Panamá. Así es el folclor.

Francisco Delgado BotelloProfesor del Centro Regional Universitario de Veraguas Universidad de Panamá


Colón y su desarrollo turístico

Deseo felicitarlos por el escrito en el diario La Prensa del domingo 11 de septiembre de 2011, “Colón fija su desarrollo en la actividad turística”, [de la periodista corresonsponsal Amada Racero, en la página 8 A de la sección Nacionales].

Soy suscriptor de La Prensa desde su fundación y aprovecho esta oportunidad, por primera vez, para informarles que nuestra empresa Cía. Frutera del Atlántico, S.A., desde el año 1985, está ubicada en el distrito de Santa Isabel, en los corregimientos de Cuango, Playa Chiquita y Palmira, y nos dedicamos a la reforestación y a la ganadería de carne de excelente calidad.

Nuestra propiedad tiene 547 hectáreas de bosque nativo, 146 hectáreas de teca, 730 hectáreas de potrero con pasto mejorado para el ganado, y una hectárea entre el campamento y hortaliza para el consumo de 20 empleados permanentes.

En un área estamos detrás del corregimiento de Playa Chiquita (no colindamos con la hermosa playa) a 10 minutos de esta, con vista al mar Caribe, especial para desarrollar un hotel y villas, y hemos buscado socios para hacer un desarrollo de agroturismo, pero tenemos el siguiente inconveniente: no contamos con puentes sobre el río Cuango y el río Culebra, lo que facilitaría la comunicación vía terrestre para los corregimientos de Cuango, Playa Chiquita, Palmira y Santa Isabel.

A nuestra empresa, cuando compramos en el año 1985, solamente se llegaba en carro hasta Nombre de Dios. En el gobierno del presidente Endara se hizo la carretera para los corregimientos de Viento Frío, Palenque, Miramar, y hasta Cuango.

En 1985, cuando compramos las fincas para un proyecto de siembra de 400 hectáreas de cacao, con fondos propios, construimos el camino del corregimiento Playa Chiquita hasta el río Culebra, con una longitud de 7 kilómetros, y en 1993 con fondos propios construimos el camino del corregimiento de Cuango hasta el río Cuango, beneficiando a los corregimientos de Playa Chiquita, Palmira y Santa Isabel.

Consideramos que nuestra empresa ha beneficiado los corregimientos mencionados; ahora le toca al Ministerio de Obras Públicas continuar con los estudios que están realizando para el diseño de por lo menos el puente sobre el río Cuango que tiene un ancho aproximado de 150 metros –que es el puente más costoso– y así poder lograr un desarrollo de turismo para beneficio de la costa arriba de Colón.

Cuando en 1985 llegamos a la costa arriba de Colón, teníamos que tomar lancha desde Nombre de Dios hasta Playa Chiquita, lo que era muy arriesgado y para nosotros fue muy costoso este proyecto del Cacao. Actualmente, tenemos que cruzar el río Cuango de un lado al otro, dependiendo del nivel del agua, a caballo, en vehículo 4x4, en tractor agrícola o en piragua con motor fuera de borda.

Esta situación no entusiasma a ningún inversionista a invertir para un desarrollo de turismo, que es la industria sin chimenea que crea fuentes de trabajo permanentes a beneficio de la paz social en nuestro país.

Ricardo R. Molina V. Vicepresidente y Gerente generalCía. Frutera Del Atlántico, S. A.


Cápsulas del idioma

Hoy nos ocuparemos de la diéresis, el signo ortográfico (¨) que se pone sobre la u de las sílabas gue, gui para mostrar que esa letra tiene un sonido que debe pronunciarse, como en vergüenza, argüir, veragüense, y para distinguir estos casos de aquellos en los que la u es simplemente el segundo elemento del dígrafo gu con el que se representa en español el fonema /g/ delante de /e/, /i/, en el que la u es solo un signo gráfico que no significa fonema alguno: guerra, juguete, guitarra. El uso de este signo resulta a veces algo complicado porque, o no se usa o se coloca cuando no se debe (ejemplo santiagüeño). No debe trasladarse la diéresis de una palabra que la requiera al resto de las voces de la misma familia, si estas no cumplen los requisitos para llevarla; se escribe ambigüedad, pero ambiguo; argüir, pero arguyó. Además, deben escribirse con diéresis los derivados que la requieran, aunque la base no la lleve: lengüeta (de lengua), agüita (de agua).

•No confundamos la escritura de las siguientes palabras:

Hay: forma impersonal del verbo haber. Hay sorpresas en el gobierno.

Ahí: adverbio de lugar. Ahí está el problema.

¡Ay!: exclamación. Ahí hay un niño que dice ¡ay!

lflamarique@prensa.com


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