Página del lector_20120217

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Descuido

En Marbella, la falta de poda de los árboles ha puesto en peligro el cableado eléctrico y de las comunicaciones del sector. Las ramas, cada vez más pesadas, descansan sobre las líneas y esto podría provocar su rotura, lo que afectaría al sector e, incluso, pondría en riesgo a los transeúntes.

Los derechos humanos son irrenunciables

Jerónimo Rodríguez Tugrí trabajaba en Boquete, de él dependían dos menores de edad y la esposa, además de la madre y hermano, a los que él apoyaba regularmente con el producto de su trabajo. Desde muy joven tuvo que ganarse la vida de forma digna, honrada y sacrificada, en este país donde algunos afirman que los “indios no trabajan”.

Jerónimo Rodríguez Tugrí soñaba con seguir sus estudios, asistió a escuelas nocturnas después de sus labores y se preparaba a continuar sus estudios.

Se identificaba totalmente con su pueblo Ngäbe y Buglé, participaba de las actividades culturales y políticas, y Buobbiti, la comunidad que le vio nacer, es la capital de la comarca, eso le llenaba de optimismo y orgullo.

La señora Elena y el señor Vicencio, al igual que sus hermanos y hermanas, aún no entienden cómo un reclamo de derecho, de respeto y consulta termine en asesinato para un joven. Ellos desde la altura de Peñas Blancas recordarán el domingo 5 de febrero como un día trágico, producto de la brutalidad y la codicia.

Nuestro respeto para Jerónimo, su martirio se suma a los de Elías Clara, Saturnino Aguirre, cada uno en su momento, asesinado por la misma causa y reclamos, ellos con su vida afirmaron la lucha de todo un pueblo que durante miles de años ha cuidado, ha caminado, hablado, danzado y construido en esta tierra.

Jerónimo, además de su trabajo, participó como bugo day, será el ejemplo para la juventud de hoy, que contra todo tipo de adversidad sigue el camino para fortalecer nuestra comarca, tierra que durante miles de años ha guardado nuestra historia, nuestra memoria y que no está a la venta de los mercaderes de la muerte.

Las opiniones de solidaridad han aumentado significativamente, lo cual es un avance importante; las opiniones en contra, fundadas en el racismo, la ignorancia y la codicia, demuestran que hay “panameños”, que desde hace rato solo piensan en saquear los recursos nacionales, para su beneficio particular, y nos convertimos en un obstáculo para ese negociado.

El bienestar para los indígenas se viene oyendo desde cinco siglos, el resultado es que hoy nos venden como el más pobre entre los pobres, y así llega la caridad.

El sacrificio de Jerónimo fue para que no se den más negociados sin el consentimiento del pueblo Ngäbe Buglé, y se negocie la deuda histórica con los pueblos indígenas de Panamá.

José Mendoza A.

Ciudadano de la etnia ngäbe


Frente al envejecimiento de la población panameña

El 3 de febrero, el Dr. Josué Morales expuso en un artículo el problema que se cierne sobre el sector salud por el envejecimiento nacional, pero a nadie parece preocuparle ni las proyecciones ni las ideas de los especialistas en el campo de la geriatría y gerontología, por más que se fundamenten en lo científico, en los hechos o en las experiencias internacionales sobre políticas para la vejez. Los geriatras lanzamos advertencias de lo que se avecina, si el fenómeno del envejecimiento no se atiende a tiempo se transformará en un complejo problema para la salud pública y la nación.

Se han hecho avances en el tema en los últimos 15 años, pero la mayoría de las veces han sido incompletos, inconsultos y, lo peor, erráticos, circunstanciales o transitorios, sujetos a los intereses o decisiones político-partidistas de turno.

A pesar de la demografía, la visión de los administradores de la Salud Pública sigue focalizada en el programa materno infantil, aunque probablemente el número de adultos mayores alcanzará al número de menores de cinco años en 2025. Solo la CSS tiene un programa de la Tercera Edad, servicios hospitalarios y domiciliarios de geriatría, que podrían mejorarse si los procesos que tienen que ver con la atención del adulto mayor estuvieran dirigidos por geriatras o, al menos, se consultase la opinión de nuestros expertos. Necesitamos un Hospital Nacional de Geriatría con, por lo menos, 150 camas.

Mientras cada año se abren cerca de 14 plazas para residencias de pediatría, para geriatría, solo dos y en un único centro de formación docente. El hospital Santo Tomás no tiene servicio de geriatría, por lo que el número de especialistas formados no alcanza para que las provincias más envejecidas del país cuenten con geriatras que, a su vez, preparen a la atención primaria de salud para actuar de forma preventiva, asistencialista, rehabilitadora y paliativa cónsona con las necesidades de los mayores de 60 años.

Como concluye el articulista, debemos transformar este crecimiento demográfico en una oportunidad para un envejecimiento exitoso en Panamá, un envejecimiento con calidad de vida, un envejecimiento digno. Corresponde a las autoridades asesorarse, planificar y ejecutar para que esto sea posible.

Luis Manuel Cornejo Alemán

Médico geriatra


Un llamado a la reflexión

“Honorable” indica ser un hombre o mujer notable, respetuoso a su persona, a la sociedad y a la patria. En el caso de los “honorables diputados”, significa ser elegido por la voluntad popular, sin la presión ni la influencia del poder político ni económico. Es una distinción, porque encierra la voluntad y la confianza de los electores para el bien de la patria.

Sin embargo, observamos, con gran pesar, la conducta de algunos honorables que contradicen esa confianza ciudadana y política con sus acciones deshonestas y de conveniencia, que miran el presente sin tener en cuenta el futuro de la patria.

Es lamentable que existan funcionarios que, por ostentar un cargo de elección popular, vociferen: “Yo soy el honorable tal”, en los actos públicos, en las fiestas populares, políticas y sociales.

De no cambiar esa actitud, ellos serán responsables de los males de la nación. Es necesario que todos los políticos de este país hagan una profunda reflexión para enmendar sus pasos; de lo contrario, nos veremos abocados a situaciones difíciles y nefastas por culpa de nosotros mismos.

Guillermo Roca Rivas

Comerciante


Responden a comentarios de los lectores

Cuando este medio gentilmente publicó mi artículo “Los mitos sobre la bondad del pueblo panameño”, el 25 de enero de 2012, recibí numerosos comentarios en la página web y por correo electrónico. A pesar de las obvias respuestas maliciosas, quienes proponemos estos artículos al público tenemos la responsabilidad de responder estas inquietudes sin perder la paciencia.

Y si bien no faltaron lectores que me imputaron, erróneamente, una especie de depresión (generalmente, el ser humano tiene la mala costumbre de jugar al doctor sin acudir a los rigores de la escuela de medicina), lo cierto es que algunos comentarios son merecedores de una respuesta.

Y, en efecto, la realidad sí es un tanto deprimente. En particular, me referiré a dos grandes inquietudes –las fallas del liderazgo político y el de la democracia (y el votante) panameño. Tal como expliqué en un artículo para mis amigos de COHA, tras la invasión el presidente Endara rediseñó por completo el sistema político a fin de desmontar el aparato militar, implementar el Plan Ford, preparar el camino para la transferencia canalera y establecer un sistema electoral multipartidista, y con ello, dispensar y diluir el poder entre las élites tradicionales, sin excluir al PRD.

No obstante, el sistema se decantó en las dos fuerzas más grandes (el arnulfismo-panameñismo y el PRD), una especie de “puntofijismo blando” –como en la Venezuela prechavista–.

Sin embargo, poco antes de la transferencia del Canal, el sistema empezó a mostrar fallas, ya que la incorporación del excedente canalero propició lo que los economistas llaman una falla de coordinación: sencillamente, el botín era demasiado dinero para un Estado tan débil. Y con la aparición de una tercera fuerza (el hoy gobernante CD), con deseos de reformar el sistema a su medida, el sistema Endara lanzó sus estertores finales.

Lo que ocurre con el actual liderazgo político no es cuestión singular. No obstante, la creciente facilidad de recurrir a la fuerza (como ocurrió con el reciente y segundo levantamiento indígena) son decisiones que extrañamente recaen en personas que participaron en la Cruzada –el Dr. Asvat en una reciente columna levantó la dificultad de entender estos motivos–.

Mi opinión es que el sistema personalista que se está consolidando progresivamente necesita de este tipo de acciones. Algo similar ocurrió en Panamá durante los regímenes de Remón, Arnulfo Arias y el mismo Torrijos: los líderes no estaban siempre al tanto de las decisiones de sus subalternos, pero para ganar la complacencia y confianza del líder, se realizaban acciones a fin de probar los límites de la legalidad y probidad política.

A veces, el líder veía que la extralimitación era grosera y tenía que revertir las actuaciones, otras veces asentía tácitamente; pero en ambos casos la acción servía para reforzar la autoridad del gobernante.

Eso me lleva al último punto, las fallas de la democracia que recaen en el votante panameño. En efecto, la estructura rentista del Canal propicia una cultura de grupos de adentro y de afuera, algo que ocurre desde la Colonia.

El Canal, a pesar de toda su tecnología, viene a insertarse en el mismo tejido social que nos dio el Camino Real y el Camino de Cruces, y las actividades que dependían de licencias informales para participar del negocio del transporte. Estos recursos compran al electorado, y en la medida que sean suficientes o no se capturen por completo, no se necesitará de mayores reformas electorales (algo que nuestros diputados entienden perfectamente).

Lo anterior conlleva dos conclusiones: este no es un problema exclusivo de la actual administración –el próximo Presidente se comportará de la misma manera, salvo un milagro, ya que los de afuera (los pueblos originarios y la masa de desempleados que espontáneamente amanecerá tras la conclusión de los trabajos del Canal) expresarán su frustración de maneras más violentas.

Y el segundo punto es, incluso, más peligroso: los llamados a convocar una Constituyente, en un ambiente tan caldeado y estructuralmente deforme, tendrán un desenlace similar al ecuatoriano. Si no existe un intento sincero de las fuerzas políticas mayoritarias (el PRD, el arnulfismo y el mismo CD) en reconectar con sus bases y avanzar una agenda de unidad nacional, a pesar de las obvias fricciones y diferencias.

En su defecto, una Constituyente solo será caldo de cultivo de nuevos actores sociales, que insertados en esta cultura democrática cada más compleja se servirán del poder con esa misma excusa, la de supuestamente “servir al pueblo panameño”.

Eloy Fisher

Profesor


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Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.


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