Página del lector_20120410

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DESBORDE

Frente a la Pizzería Italia, en la vía Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), esta alcantarilla se desborda de aguas negras desde hace más de una semana en pleno centro de la ciudad de Panamá. Peatones y automóviles que transitan por este lugar se ven afectados por el daño.

Sobre el acceso a las armas

Quiero hacer referencia al artículo de Opinión publicado el 27 de marzo titulado: “La policía y el ejército son diferentes”, del señor Ignacio De García Perigault [en La Prensa].

La policía y el ejército obvio son diferentes, y sus propósitos también. Aun así, las dos entidades deben ser entrenadas y disciplinadas, ya que ambas manejan armas de fuego. Un ejército tiene que ser disciplinado para ser eficaz y lo mismo pasa con la policía.

No se le debería entregar a un agente de la policía un arma de fuego si no está entrenado, y si no es obediente a las normas establecidas para asegurar que no ocurran abusos de poder, corrupción y accidentes. Que el ejército tenga acceso a armas nucleares o de destrucción masiva es totalmente incorrecto. Ningún ejército de ninguna potencia ni país que posee algún arsenal de armas no convencionales tiene acceso a ellas.

El acceso a estas armas o su uso es discutido entre jefes de Estados y Ministerios de Defensa, y es en sí un proceso complicado. Aun así, tenemos a China e Irán en donde las decisiones son exclusivas de sus presidentes.

Estamos en total acuerdo con que en Panamá, especialmente luego de su historia de dos dictaduras militares, seamos sensibles al asunto de ver resurgir el militarismo o ver al policía tan parecido a un militar. Los uniformes, medallas, ceremonias etc. parecieran de tipo militar, pero no lo son. Son más bien prácticas que se han convertido en cierto grado necesarias, tal como en otras instituciones: bomberos, la marina, colegios, scouts, para darles a los integrantes la sensación de pertenencia, compañerismo y solidaridad, creando así un ambiente protector.

No existe alguna organización o institución que no esté dividida en unidades, tropas, clases, rangos, grupos, y cada cual tiene su función y los dirige alguna autoridad: jefe, director, presidente, maestro, etc.

En Panamá tenemos una Constitución, la cual nos asegura que no podemos tener un ejército. Pero si nuestras fronteras son violadas por entes paramilitares extranjeros, debemos ser responsables y mantener esa frontera vigilada. Para esto, un policía no entrenado terminaría en un fracaso. Cada cuerpo policial en el mundo occidental (incluyendo Panamá) tiene unidades especiales para diferentes casos. Tenemos antimotines, antisecuestros, unidades especiales en casos de rehenes, custodios y agentes especiales para explosivos y hasta antiterroristas.

No debemos olvidar nuestra historia y las dictaduras militares, y tengamos la certeza de que nuestras fuerzas policiales, aunque parecieran soldados, no lo son.

AVIVA LEVYciudadana


En lo básico estamos mal

Excelente el artículo “¿Qué clase de país?”, escrito por Roberto Eisenmann Jr. [en la página de Opinión de La Prensa, de la edición del 30/3/2012]. Lástima que cuando menciona el asunto de la basura solo se refiere a la ciudad de Panamá. El problema de la basura es en todo el país.

Por otro lado, qué bien que alguien le recuerda a este presidente (que se llena la boca de tantas babosadas) que de nada vale tener grandes estructuras si en lo básico estamos mal, como la seguridad, educación (con tanto dinero, todavía tenemos escuelas en paupérrimas situaciones), hospitales (medicinas) y ni hablar del transporte público (y la mentira del señor Papadimitriu en lo que respecta al Metro Bus).

En este tema basta apuntar que nos dijeron que las personas no tendrían que levantarse temprano (ni nada que se le parezca); sin embargo, el sistema es un desastre. Y se lo digo yo, que lo uso todos los días y vivo en Los Libertadores (vía Ricardo J. Alfaro) y trabajo en Grupo De Haseth (que está a 15 minutos en bus en una situación normal; es decir, antes del Metro Bus).

Sencillamente, el país sigue siendo la misma bazofia de siempre a pesar de todos los millones que danzan en él todos los días. Cabe preguntarse, por último, cuándo será que el populacho despierte y tengamos una toma de la bastilla o, peor aún, una revolución rusa. O mejor, para no irnos tan atrás en la historia, repetir lo ocurrido hace poco en Egipto o Libia.

¿Será que eso es lo que queremos como sociedad o los políticos apuestan a alguna revolución que los favorezca más? El tiempo lo dirá.

Pablo I. Vásquez SucreAnalista de Finanzas


Los problemas más grandes del país

Según la encuesta IPSOS (Panamá Opina), en su medición del mes de marzo de 2012, los seis problemas más grandes del país son, en su orden: la canasta básica, con un 88%; la seguridad/ inseguridad/ violencia, 55%; la corrupción, 44%; el costo de la vida/ inflación, 31%; la educación, 24%; y la salud, 22%. Desde luego, los resultados de dicha encuesta son preocupantes; convidan a pensar y a la meditación más profunda sobre la realidad nacional, a casi tres años del “régimen de mando personal” (2009-2014).

No obstante, la descarnada realidad nacional denunciada en dicha encuesta (y otras como Dichter & Neira y Unimer), el “régimen de mando personal”, los politiqueros, los diputados, los magistrados, alcaldes y representantes de corregimiento, descuida el hacer frente a esta realidad con verdadera responsabilidad patriótica. Todo lo contrario, se dedican a la politiquería, al sucio, antiético e inmoral negocio del “transfuguismo”, a la división partidaria, al fomento del nefasto “nepotismo, paternalismo y servilismo”, llegando su irresponsabilidad hasta intentar vender el patrimonio nacional (los terrenos de la Zona Libre de Colón, las acciones de Cable & Wireless, el cambio del Fondo Fiduciario Nacional por “Fondo Soberano”, etcétera), en un desmedido propósito de hipotecar los recursos del Estado, afectando desde luego el futuro de la Nación panameña y de la felicidad de su población.

En tanto, el “régimen de mando personal” se complace, se vanagloria de sus improvisados megaproyectos (la construcción del Metro, el Metro Bus, la cadena de frío, más puentes sobre el Canal, la ciudad gubernamental, la construcción de un complejo de hospitales, la extensión de la cinta costera, la construcción de otro centro de convenciones, etcétera), todos de un costo multimillonario; lo que significa, además, un mayor y exagerado endeudamiento nacional que, desde julio de 2009 hasta este momento, el actual régimen ha aumentado en una suma de más de 2 mil 300 millones de dólares.

La seguridad/ inseguridad/ violencia va incrementándose cada vez más (no hay día en que no se denuncie sobre crímenes horrendos, asaltos, secuestros, robos, etcétera). En lo que dice corrupción, tanto en la ciudad como en el campo, en la playa de moda o en la gran urbe epiléptica, en los fatigados pasillos ministeriales o en la Universidad inquieta, en las residencias altivas o en las viviendas de renta limitada, en los mentideros de cafeterías y discotecas o en los tribunales de justicia (juzgados, Ministerio Público, Corte Suprema de Justicia), hay una palabra que sirve de denominador común para los comentarios todos: ¡corrupción!

Nada de esto, sin embargo, parece importar a los que con ello se benefician. El alto costo de la vida (inflación) ya es insoportable, los limitados recursos de la población no dan para más.

Sobre la calidad de la educación en nuestro país... Las encuestas nos informan que apenas un 47% de la población la califica de regular; y sobre la llamada “transformación curricular” (el proyecto de reforma educativa novedoso del actual régimen), el 61% de los panameños no sabe siquiera lo que es “transformación curricular”, puesto que no fue un plan debidamente planificado y consultado con los educadores ni mucho menos con la ciudadanía, a través de los medios de comunicación. De nada valdría, como en efecto ha valido hasta el momento, el haber aplicado con aparente mentalidad firme y flexible, renovadora y progresista, el susodicho proyecto de “transformación curricular”, sin el apoyo mayoritario de los maestros y profesores panameños que, bien, regular o mal, son los verdaderos responsables de la educación panameña, para producir una verdadera transformación que nos conduzca hacia una vida digna, creadora, humana y generosa.

PAULINO ROMERO C.Profesor


Delito contra la salud

Nada ha de extrañarnos una manifestación más de que entidades estatales o el Estado actúan como “no me importa”, aun frente a situaciones delicadas, como las de velar y proteger la salud y la seguridad de los ciudadanos.

Por lo menos durante cuatro meses -porque la noticia no señala el tiempo exacto (La Prensa, lunes 26 de marzo de 2012, Panorama)- a los niños panameños recién nacidos, que por ley (Ley No. 4 de 8 de enero de 2007, que crea el Programa Nacional de Tamizaje Neonatal) tienen derecho al tamizaje neonatal obligatorio, se les impidió el acceso a pruebas para detectar males congénitos que producen retardo mental (hipotiroidismo) o hasta la muerte (síndrome adreno genital), si no se manejan con tiempos precisos y medicamentos específicos.

Merece preguntarse si los individuos tenemos el derecho de buscar intervención judicial contra el Estado por violar esa ley, cuando esta violación expone en peligros de daño y muerte.

La conducta del Minsa y del Estado es, además de ilegal, inmoral. Pareciera ser que quienes rigen estas instituciones, desde los que crean las leyes y las aprueban hasta los estamentos que deben velar por la seguridad de su cumplimiento, o no entienden a lo que se comprometen o les importa un bledo, con tal de dibujar caricaturas de solidaridad y de democracia.

Es imperativo que todos esos niños, aunque ya puede ser muy tarde para muchos de ellos, sean buscados para hacerles las pruebas de tamizaje que, por descuido o maldad, se les prohibieron en su momento, “conculcándoles” el más sagrado derecho humano a una vida plena.

Pedro VargasMédico


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