Página del lector_20120727

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DESORDEN VEHICULAR FRENTE A MIGRACIÓN DE TUMBA MUERTO

Grandes dosis de paciencia y mucha pericia frente al volante necesitan demostrar los usuarios del Servicio Nacional de Migración, cada vez que acuden a la sede de la avenida Ricardo J. Alfaro a realizar sus trámites. Igual o mayor capacidad deben tener los miles de conductores que circulan por la vía en horario de oficina. La razón es evidente: una grave falta de estacionamientos que obliga a las personas a tomarse las isletas, con el consabido deterioro de las áreas verdes y la permanente generación de tranques de grandes proporciones. Urge una efectiva solución de las autoridades para terminar con este caos diario.

Sexo, género y fe cristiana...

Este artículo es en respuesta al del doctor Xavier Sáez-Llorens, titulado “Sexo, género y lágrimas...”, publicado en Opinión de La Prensa del 8 de julio de 2012.

Si bien reconozco que el tema de la homosexualidad es de por sí complejo y hasta polémico, como creyente debo resaltar, al menos, algunas inconsistencias que se han repetido en los medios sobre la perspectiva cristiana de esta temática.

En primer lugar, es falso que quienes, desde la fe cristiana, profesamos una visión bíblica sobre la práctica de la homosexualidad como pecado, discriminemos o rechacemos a la persona homosexual, pues estamos convencidos de que ninguno de nosotros está exento de pecado ni puede salvarse o ser justo por sus propios méritos, y es que absolutamente todos necesitamos de la gracia y el perdón de Dios. En otras palabras, si Jesús vino a buscar y salvar lo que se había perdido (Lucas 19,10), y me incluyo, mal podríamos nosotros discriminar a alguien, cuando Él no lo hizo. En segundo lugar, afirmar, como lo hace Sáez-Llorens, que “para poder escribir y opinar sobre la sexualidad de manera coherente se requiere adentrarse en tecnicismos biológicos, psicológicos y sociológicos” y que “todo lo demás es ignorancia, charlatanería, superstición o fobia [sic]”, sí que es una muestra de ceguera y discriminación, pues el hombre, además de constituir un ser biológico, psicológico y sexual, es un ser moral, y ello lo diferencia precisamente del resto del mundo animal. Así las cosas, nuestras prácticas sexuales, querámoslo o no, se ubican también en el mundo de lo moral.

En tercer lugar, y en esta misma línea, la ciencia nunca podrá ir más allá de sus propios límites y entrar a decidir si determinada práctica es moralmente buena o aceptable, pues ello entra, en todo caso, dentro del ámbito de la Filosofía (ética y moral) y, para muchos de nosotros, de la fe y la teología.

La Biblia dice “[...] no erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6, 9-10) y, de hecho, probablemente muchos hemos caído en alguna de estas categorías en algún momento e, inclusive, algunos dentro de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, seguimos luchando contra tal o cual debilidad o propensión, pero si llegamos a pecar, estamos convencidos de que solo en Jesús podemos hallar el perdón y la fortaleza para levantarnos y vencer.

Rubén Darío Córdoba. Abogado


Esos médicos de la patria...

En referencia al artículo “Esos padres de la patria...” [sección de Opinión de La Prensa, 15-7-12], debo decir que yo he visto médicos que, además de comportarse igual o peor que los políticos a los que el doctor Daniel Pichel se refiere, tratan a sus pacientes como objetos o estorbos y les recetan sin siquiera mirarlos a la cara o tocarlos.

También he visto y conocido médicos súper negligentes que hasta muertes producen y se pavonean por los corrillos con aires de dioses superiores al resto de los mortales y, además, negociando con la salud humana o practicando abortos ilegales.

Lo que no veo son a médicos escribiendo o relatando artículos sobre los espantosos episodios que sufren los panameños en la red hospitalaria, horrores estos que se dan a diario produciendo verdaderas náuseas, rabia y repudio, porque nadie los acusa y mucho menos los condena, ya que se protegen entre ellos como una verdadera mafia.

Estos y sus múltiples encubridores son aún peores que los políticos porque atentan directamente contra la vida y la salud humana, aunque nadie pierda su tiempo escribiendo sobre estas aterradoras historias.

Afortunadamente, la mayoría del personal médico practica la medicina con humanidad, devoción y sacrificio. Con orgullo y satisfacción, puedo decir que cuento con la amistad de algunos de los mejores.

Víctor a. young. Lector


La ciencia, referente moral

He leído con sumo interés el artículo “¿Debemos respetar las creencias religiosas?”, de Ruling Barragán Yáñez, aparecido en La Prensa el 7 de julio de 2012 en la sección de Opinión, y aun cuando comparto en esencia lo planteado en el mismo, difiero con el autor cuando afirma que “...distingue a la religión de la ciencia, pues esta última no tiene que ver con la orientación moral que cada ser humano adopte para su vida”.

Contrario a este punto de vista, pienso que en la ciencia podemos encontrar el referente adecuado a fin de orientar moralmente nuestras vidas. La adopción de una actitud científica como estilo de vida, nos puede ayudar a liberarnos de dogmas y creencias tóxicas mediante la búsqueda permanente de la verdad producto de una curiosidad insaciable; nos puede ayudar a ser más críticos con nuestro entorno social, a la vez que autocríticos, con lo cual desarrollaríamos nuestra capacidad de comprensión y tolerancia hacia los demás, superando así prejuicios con respecto a nuestros semejantes.

Yo creo que los referentes morales basados en la religión expresan profundas contradicciones por lo que resultan, en la mayoría de las circunstancias, inadecuados para la toma de decisiones. Creo que en la ciencia encontramos elementos de juicio para fundamentar nuestras decisiones morales y desarrollar nuestra orientación moral.

José Antonio Mathurín. Profesor de filosofía


Réplica a noticias sobre queja por desacato de magistrados

Gran sorpresa y no poca preocupación me causó leer dos noticias publicadas bajo la autoría del periodista Irene Hernández, en La Prensa del 29 de junio de 2012, ambas referentes al mismo tema. La primera está en portada, identificada con el epígrafe “Espada pende sobre el TE”. En ella se afirma, cito: “El arresto de los tres magistrados del Tribunal Electoral (TE) pidió el abogado Abraham Rosas, mediante una queja por presunto desacato que fue presentada ante la Corte Suprema de Justicia el 3 de mayo pasado”.

La segunda noticia aparece en la página 4A con el título “Piden prisión para magistrados”, en cuyo párrafo primero el periodista afirma, cito: “El arresto de los tres magistrados del Tribunal Electoral (TE), Gerardo Solís, Eduardo Valdés Escoffery y Erasmo Pinilla, pidió el abogado Abraham Rosas mediante una queja por presunto desacato que fue presentada ante la Corte Suprema de Justicia el 31 de mayo pasado contra los miembros de esa corporación electoral”.

Digo que la lectura de estas noticias me ha causado gran asombro, porque en ninguna frase ni palabra del libelo de la queja por desacato en la que se basan esas publicaciones hago referencia, menciono y mucho menos pido el arresto de ninguna persona y, para ser específico, no pido el arresto de los magistrados del Tribunal Electoral. Creo que esto debiera aclararse con tanta puntualidad y con la misma prominencia con que se han publicado esas noticias.

Es cierto que en la queja se pide a la Corte Suprema de Justicia que aplique el artículo 1933 del Código Judicial, que Hernández cita en la segunda noticia -aunque no transcribe el texto de dicha norma en forma completa, que era lo que correspondía, sino que la cita parcial y antojadizamente- pero ello obedece a que es la única disposición legal en la que se consagran las sanciones que corresponden al desacato. Además, esas sanciones solo son aplicables en el evento de que la Corte Suprema de Justicia determine que, efectivamente, el desacato se ha configurado.

Si el periodista hubiese leído con atención y objetividad el libelo de la queja, hubiese advertido que lo allí consagrado hace referencia a hechos efectivamente ocurridos y a consideraciones de naturaleza y efectos estrictamente jurídicos. No hay nada en ese memorial que se aparte del texto ni del espíritu de nuestras disposiciones legales ni del respeto y consideración que siempre he dispensado a nuestras autoridades, entre ellas, a los magistrados del Tribunal Electoral.

Por ello, reitero, estimo que debiera hacerse la aclaración correspondiente en el mismo medio en el que se apoyó para dar a conocer las comentadas noticias, y al hacerlo debiera el periodista, igualmente, destacar la aclaración con el mismo realce y prominencia con que publicó esas noticias. No espero otra cosa de un periodista serio, objetivo y responsable.

También digo que la lectura de las referidas noticias me ha causado no poca preocupación. Ello obedece a que una afirmación como la que se hace -al difundir falsamente que estoy pidiendo el arresto de los magistrados del Tribunal Electoral- especialmente en momentos como los que vivimos, plagados de vaivenes politiqueros que la ciudadanía repudia, en nada contribuye a fomentar en la Nación los sentimientos de concordia, tranquilidad y seguridad que tanto requerimos para seguir creciendo como sociedad civilizada y consolidar la democracia.

Debo decir que gestos como el que comento me causan decepción como panameño, puesto que no es lo que espero del periodismo patrio que, a mi juicio, siempre ha estado presto a jugar el importante papel que le corresponde como pilar de la vida en sociedad. Afortunadamente, también me digo, se trata de una excepción y no de la regla general.

Para finalizar, y reconociendo que no soy periodista, me permito sugerir que traten de seguir la sana y sabia recomendación que he escuchado de boca de muchos egregios comunicadores: Antes de publicar, es necesario investigar, y al investigar es imprescindible hacerlo con objetividad.

ABRAHAM ROSAS

ABOGADO

NOTA DE LA DEFENSORA: En la queja formulada a finales del mes de mayo pasado por el abogado Abraham Rosas ante el Pleno de la Corte Suprema de Justicia, él solicita la aplicación de la norma de desacato (artículo 1932 del Código Judicial) que, entre otras cosas, en caso de que se pruebe el mismo, incluye un posible arresto si el funcionario no cumple o sea renuente a obedecer la orden judicial respectiva o que motiva la rebeldía, pero que también establece otras posibles sanciones pecuniarias (artículo 1933 del Código Judicial).


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