Peleas de ´robots´

´Gigantes de acero´, otro cine de fórmula que tiene como meta promover la violencia entre sus entusiastas espectadores.

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Estimado lector, haga el siguiente ejercicio gastronómico imaginativo.

En un envase de celuloide ponga los argumentos de películas de ciencia ficción como Las Guerra de las Galaxias y Transformer y únalos con tramas de cintas deportivas de superación personal como Rocky, El Campeón y Seabiscuit.

A este contenido le agrega cinco onzas del ritmo de los actuales videojuegos de competencia. Mezcle bien y deje reposar la masa por unos minutos.

¿El resultado de esta receta? Obtendrá la trama de otra película comercial de fórmula facilista: Gigantes de acero (Real Steel).

Boxeador fracasado y padre deficiente (interpretado por un deslucido Hugh Jackman), tiene un hijo que lo admira y lo anima a dejar las estafas (un excelente Dakota Goyo, quien apenas tiene dos experiencias en la pantalla grande), más un robot, candidato a ser chatarra, que aspira a ser un campeón.

Gigantes de acero es eso, la historia trillada de tres fracasados que logran triunfar a pesar de que tienen todas para perder. Es otra de las miles de cintas sobre recibir una segunda oportunidad en la vida y de redención de los caídos en la podrida.

Lo que sí me gustó de esta producción es que presenta un mundo, no tan lejano, donde el boxeo ya no lo practican los seres humanos sino que esa ruda faena de golpes se la dejan a las máquinas.

Sé que el boxeo es un deporte que es un trampolín para salir de la pobreza y el anonimato, estoy de acuerdo que da disciplina y fortaleza interna y externa a quien lo practica, pero cabe admitir que es ausente de humanidad ver un espectáculo que consiste en ver a dos atletas golpearse hasta que uno derrote al otro.

Más allá de quién da o recibe los puñetazos en Gigantes de acero, la violencia está allí, como si estuviéramos todavía en los coliseos romanos aplaudiendo a rabiar cuando el león se almorzaba al desdichado cristiano.

Sigue existiendo el placer de ver sufrir a otro, no importa si lleva sangre o aceite por sus venas o circuitos.

Reel Steel no quiere denunciar a una sociedad sin misericordia porque no es Blade Runner, ni aspira a serlo, pues lo que desea es que uno se emocione al ver cómo el hombre del mañana usa la tecnología para hacer daño y no para salvar vidas.

Los efectos especiales, que permiten el realismo en los combates entre los robots, es un punto a favor del filme, pero igual colaboran a que la alegría sea ver destrucción de principio a fin.

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