Primer congreso feminista nacional

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Hace 90 años, del 20 al 25 de septiembre de 1923, tuvo lugar en los locales de los talleres-escuela de la ciudad de Panamá el Primer Congreso Feminista Nacional. Su celebración fue el objetivo principal del Centro Feminista Renovación desde diciembre de 1922. Participaron agrupaciones de casi todas las provincias y se fundó el Partido Nacional Feminista (PNF).

La prensa de la época reseñó el acontecimiento, sorprendente para muchos, esperanzador para muchas, que dividía a las fuerzas políticas entre detractores (temerosos de lo que podía suceder) y simpatizantes (fuerzas obreras, estudiantiles y sectores modernizantes del liberalismo).

Fue presidido por la dirigente colonense Linda Smart. En la sesión inaugural participaron 44 mujeres y algunos hombres que fueron declarados miembros honorarios por el apoyo que le prestaron a la causa feminista (Eusebio A. Morales, José D. Moscote, Jeptha B. Duncan, José D. Crespo y José Ma. Blázquez de Pedro). Las comisiones de trabajo elaboraron los estatutos y el programa del PNF en varias sesiones, y se tomó la decisión de postular a Clara González como candidata a diputada en las siguientes elecciones.

El PNF se creó “con el fin de luchar de manera eficaz por la defensa de los intereses femeninos, y de intervenir en todos los actos de la democracia nacional, de conformidad con la Constitución y el programa de dicho partido”. Su programa contenía sus exigencias para alcanzar esos objetivos: la reforma de la educación femenina con la inclusión de la puericultura, economía doméstica y educación cívica (muy en boga en la época y coherente con el papel “civilizador” adjudicado a las mujeres). Pero otras propuestas se referían a la educación de mujeres obreras: la creación de escuelas profesionales y talleres-escuela, escuelas nocturnas para adultos y la fundación de bibliotecas populares circulantes.

El PNF exigía abolir la reglamentación de la prostitución y sencillamente prohibirla, creando establecimientos para reinsertar a las mujeres. El tratamiento de este tema, tabú en la época, muestra la valentía del PNF y sus militantes. De hecho, este fue el único punto no aceptado por la Comisión de la Asamblea Nacional que rindió informe sobre el Memorial presentado por el PNF en 1924 (por considerar que era un “problema esencialmente fisiológico”).

Por supuesto, el PNF se refería a la necesaria reforma de disposiciones jurídicas: establecimiento de cárceles para mujeres, cortes y cárceles juveniles; nombramiento de abogados de pobres en todos los municipios; leyes protectoras de la mujer y su prole (reconocimiento de hijos ilegítimos e investigación de la paternidad); intervención por igual con el hombre en el jurado; remoción de incapacidades legales de las mujeres en los Códigos Civil, Comercial y Judicial, etc.

Llaman también la atención las propuestas de carácter económico orientadas al establecimiento de industrias nacionales que, además de impulsar el crecimiento del país, proporcionaran trabajo a las mujeres, así como otras sobre la vigilancia de las condiciones del trabajo femenino (salario, jornada, higiene, descanso dominical), la expedición de leyes protectoras de las obreras y de las madres (casas cuna, gotas de leche), la organización de cajas de ahorros, fondos de auxilio y sociedades cooperativas para la mujer y el niño.

El programa culminaba con la exigencia del sufragio y todos los derechos políticos (representación legislativa y municipal, ejercicio de la judicatura, representación en el poder ejecutivo). Pero contenía también otros temas que muestran el alto grado de civismo del PNF, en los que se propugnaba la organización de agrupaciones femeninas para la construcción de parques y jardines escolares y la creación de hospitales de emergencia allí donde no existieran, así como la intensificación de las campañas sanitarias contra la anemia tropical, la sífilis, la tuberculosis y el paludismo.

El Congreso constituyó un hito en el proceso de construcción de la ciudadanía femenina panameña. Su principal logro, la fundación del PNF, fue el reflejo de las palabras de Esperanza Guardia de Miró: “La mujer no es débil por ser mujer, sino por encontrarse aislada. Unámonos en un sentimiento de fraternidad, seamos una sola cabeza y un solo brazo y removeremos las más antiguas instituciones venciendo todos los prejuicios. No es fuerza; no es actividad ni inteligencia la que nos falta: es cohesión. Solas y aisladas nuestra voz se apaga, unida se elevará potente y será oída en todas partes”.

FUENTES

Editor: Ricardo López Arias

Textos: Yolanda Marco Serra.

Fotografías: Colección RLA/AVSU

Comentarios: vivir+@prensa.com

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