RAÍCES: Latifundios y y tenencia (II)

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En Chiriquí, las dos estaciones, lluviosa y seca, impulsaron la trashumancia ganadera durante el verano hacia tierras altas del Valle de Cochea, Chorcha, Nance Bonito, Guacá, Potrerillos y otras. Esta circunstancia incentivó la colonización de potreros. Así, los hacendados mantenían a uno o dos peones con su familia en determinado lugar para asegurar la posesión y trashumar el ganado todos los años. La consecuencia fue el poblamiento informal en sectores de difícil acceso.

Bajo esta perspectiva de producción, herederos de amplios latifundios recibieron problemas derivados de la ocupación de tierras, como el del hato de San Juan, un pleito que escenificaron Mr. Chase en contra de los Sagel, De Santiago, Franceschi y pequeños ganaderos como los Polanco, Montenegro y otros. La historia revela que motivaron una intromisión militar norteamericana entre 1918-1920. Se destaca en este pleito, el asesinato del gobernador de la provincia de Chiriquí, Santiago Perigault.

Otra referencia necesaria es la disputa de Juan Manuel Lambert Gallegos, dueño de amplias extensiones de tierras de producción ganadera en Boquete, el potrero de Lino y en el hato de Volcán, para enfrentar litigios con los labradores de Dolega. La Corte Suprema de Bogotá, dirimió el pleito en favor de los campesinos dolegueños.

Por otra parte, el Gobierno colombiano durante la presidencia del general Mosquera, en 1861, emitió la “Ley de desamortización de bienes de manos muertas” (liberación de bienes pecuarios en manos de la Iglesia), oportunidad que aprovecharon los hacendados para obtener ganado y tierras a bajos precios. Asimismo, los pueblos indígenas como Dolega, Bugaba, Boquerón, San Pablo, San Lorenzo, San Félix y Tolé, dueños de pequeños rodeos, al cambiar su estatus poblacional de reducciones indígenas a poblados civiles, se vieron precisados a traspasar sus tierras al ordinario u obispo, quien a su vez los enajenaba.

Desde mediados del siglo XIX otra operación de acumulación de tierras fue la intervención de los hacendados en “los comunes indígenas” y tierras incultas. Antonio Martínez Candanedo y José Lorenzo Gallegos Estribí, por ejemplo, se disputaron las tierras del hato del Volcán. Luego de la creación del ferrocarril, de la Chiriquí Land Co. y la Panamá Sugar Co., pequeños latifundios y minifundios se convirtieron en prósperas fincas. Por medio del Ferrocarril Nacional de Chiriquí, hubo acceso y transporte de la producción a los mercados de David y Puerto Armuelles, lo que permitió el surgimiento de una economía expansiva, incluso a los mercados de Panamá.

El problema de acaparamiento de tierras se acentuó luego de la creación de la República, donde políticos, dueños del poder local, como los De la Lastra, Molina, Contreras, Candanedo, Silvera, Alvarado, Jaén, Benítez, Anguizola, Jurado, De Obaldía, los Clement, los Quintero y otros, optaron por titular, a través del indulto de tierras, amplias extensiones de tierras, puesto que solo se les exigía un plano, cercar el territorio, el pago de una insignificante suma de dinero y publicar en los periódicos de la localidad por tres días consecutivos, los edictos de solicitud de la titulación. Se despertó, así, una fiebre por acaparar tierras en que la influencia y filiación política con el gobierno de turno, la familiaridad o amistad con directores de la administración de tierras baldías e indultadas, eran factores ventajosos para obtener un título sobre cualquier cantidad de hectáreas de terreno.

En 1910, desempeñó el cargo de administrador Federico Sagel Agnew; en 1913 y 1914 lo ejercieron Manuel de Jesús Jaén y Teófilo Alvarado Palacios, respectivamente; en 1916, Samuel Álvarez.

Se concluye entonces, que grandes haciendas, como la de los Motta en Remedios, los Castrellón en Tolé, los Sagel y los De Santiago en San Félix, los Álvarez en San Lorenzo, de los Sittón, Anguizola, de los Quintero en Alanje, Miró en David, Espinosa en Bugaba, son el resultado de algunas tierras indultadas, otras, producto del trabajo arduo de varias generaciones, cuya expansión por herencias familiares, compra a otros hacendados, o de remates en el Banco Nacional de Panamá y otras inversiones personales, ha conducido a que hoy pocas familias sean dueñas de la mayoría de las tierras de producción ganadera.

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